¿EXISTEN PELIGROS EN EL CARISMATISMO?


Autor: Lic. Oscar Méndez Casanueva

 

1ª Parte

Me han preguntado mi opinión sobre el Movimiento Carismático en la Iglesia Católica. Concretamente, me han efectuado la pregunta que aparece como título de este escrito. No la eludo, pero quiero dejar muy claro que esta respuesta va llena de amor. Amor por mis hermanos católicos que han volcado sus ansias espirituales en este movimiento, buscando a Dios en él. Sé que no todas mis consideraciones serán totalmente de su agrado, pero quiero subrayar que no van con ningún ánimo destructivo, ni que me refiero a ninguna persona en particular de una manera negativa. Va llena de amor, porque busca fundarse en los eternos principios católicos, y hablar de ellos es hablar de la Verdad, y la Verdad es Cristo. Cristo es amor y Él siempre habló sin buscar halagar los oídos de quien lo escuchaba. Es nuestro deber, tanto el amor a la Verdad como el amor a nuestros prójimos, más aún si con la mejor buena fe están ellos buscando de algún modo a Dios Nuestro Señor. Yo aplaudo la buena intención de muchos de ellos de profundizar en el conocimiento de ese “desconocido” para muchos: el Espíritu Santo, así como su búsqueda de un reencuentro con lo espiritual y sobrenatural, que es una respuesta -como veremos equivocada- al nefasto movimiento desacralizador y laicista entre muchos católicos. Sin embargo, a veces sin proponérselo, el camino buscado se inicia mal y con el paso del tiempo acaba desvirtuándose más, pasándose de un extremo al otro. A mis queridos hermanos que militan en el carismatismo les pido lean el presente artículo con un ánimo objetivo e imparcial, sin sentirse aludidos de una manera personal, pues lo que menos pretendo es ofender o molestar a ninguno de ellos. Si estas líneas mueven a la reflexión, en un ámbito de genuina caridad, sentiré que cumplieron con su objetivo. De la misma manera que ofrezco el mayor respeto a quienes participan en ese movimiento, les suplico ese mismo respeto para quien comulgando en la caridad con ellos y en el amor al Espíritu Santo, no mantiene su mismo criterio.

Este escrito se dividirá en dos partes. Primero efectuaremos algunas consideraciones preeliminares -principalmente doctrinarias- para pasar luego a señalar lo que es el movimiento carismático.


CONSIDERACIONES INICIALES
(Favor de reflexionarlas detenidamente, tanto una por una, como en su conjunto)
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.1) El hombre será juzgado por Dios sobre la fe, la caridad y las buenas obras.

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.2) Dios otorga, al hombre, carismas de manera gratuita. (Ver los tipos de carismas en Rom. 12, 6-8, 1ª Cor 12, 7-11, 1ª Cor 12, 28-30).
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.3) No a todos los hombres les concede Dios la gracia de un carisma extraordinario.
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4) Se puede vivir perfectamente una vida cristiana y santa sin tener nunca uno de esos carismas.
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5) Muchos santos, verdaderos modelos de virtud, jamás gozaron de estos carismas (por ejemplo: Santa Teresita del Niño Jesús, que inclusive -por humildad- pidió a Dios no tenerlos).
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6) Lo carismas los otorga el Espíritu Santo PARA LA UTILIDAD DEL PRÓJIMO, no para vanagloria personal. El carismas es un regalo de Dios, no un merecimiento del hombre. Dice Santo Tomás que la gracia es doble: la santificante que une el hombre a Dios y otra (la carismática) que él denomina como gracia gratuitamente dada “por la cual un hombre coopera para que otro se encamine a Dios… se concede al hombre por encima de las facultades naturales y del mérito personal…De ella dice el apóstol: “A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para la utilidad”, es decir, de los otros” (Ia IIae, 111, 1c).
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.7) No seremos salvados por haber o no recibido algún carisma, pero sí seremos responsables del buen o mal uso que hayamos hecho de ellos, en caso de REALMENTE haberlos recibido.
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.8) La vida cristiana debe fincarse en la caridad, ya que seremos juzgados en el amor. La aspiración del católico debe ser vivir en gracia santificante, único camino hacia Dios. La salvación se logra a través de la fe y las buenas obras. Recordemos el principio y fundamento de San Ignacio: “amar y servir a Dios en esta vida, para después verlo y gozarlo en la otra”. Fincar la vida espiritual en otro fundamento es erróneo. Si se finca en los carismas, estamos confundiendo un medio -uno entre tantos- como si fuera el fin. Dice San Pablo: “Si teniendo el don de profecía y conociendo todos los misterios y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, SI NO TENGO CARIDAD, NO SOY NADA” (1ª Cor. 13, 2).
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.9) El carisma es un medio (que como ya se dijo, es PARA UTILIDAD Y AYUDA DEL PRÓJIMO). Siendo un medio, aunque extraordinario, no deja de ser como tal, UNO ENTRE MUCHOS OTROS. El centrar la vida de una comunidad o de un ser humano en ese medio, es desfigurar la vida cristiana. Los medios, deben tener una jerarquía como tales, y no deben sobrevalorarse, ni considerarse como fines. Las cosas son buenas si guardan la justa proporción y el lugar que Dios ha dispuesto para ellas. Como decía Chesterton, una virtud que pierde su jerarquía, que se extrema y se desfigura, se convierte en una virtud loca. Lo mismo debemos decir de los medios, también hay “medios” que se vuelven -más bien, que volvemos- locos. Por lo tanto, es un grave error (independientemente de la buena fe que exista en quienes así actúan) enfocar la vida cristiana hacia los carismas extraordinarios en lugar de orientarla hacia las virtudes cristianas.
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.10) Los carismas dados por Dios son buenos (subrayo: dados por Dios). Pero, cuando SE BUSCAN…¿en realidad será para luego aplicarlos en beneficio del prójimo o será por un insano deseo de lo extraordinario o para satisfacer una enfermiza curiosidad o para sentirnos seres privilegiados y superiores a nuestros hermanos? ¿O un poco de todo? Debemos contestarnos esto con toda sinceridad. ¿Por qué buscar los carismas y centrar nuestra religiosidad en ellos? ¿No es esto -en sí mismo- una prueba de cierto desequilibrio? ¿No debemos dejar que el Espíritu Santo sople donde quiera y no donde nosotros queremos? La humildad de Santa Teresita contrasta con esta actitud. Sé que muchos hermanos nuestros lo hacen con la mejor de las intenciones, se han dejado deslumbrar por lo SENSIBLE, por lo “EXTRAORDINARIO”, por lo EMOTIVO; se han dejado contagiar por esa psicosis colectiva que se retroalimenta entre unos y otros, llegando a creer que el único camino, la única vía, incluso, la salvación para la Iglesia es el movimiento carismático, buscando por ello que todos los católicos entren en él. La Iglesia tiene muchos medios -para eclesiásticos y seglares- para llevar al hombre hacia Dios. Las diferentes órdenes, congregaciones y organizaciones prueban, a lo largo de la historia, que existen infinidad de medios para lograr que hombre cumpla con Dios y con el prójimo, en el amor. He escuchado a hermanos que consideran al movimiento carismático casi como si fuera el único medio de salvación, de ahí su espíritu radicalmente proselitista, principalmente dentro de los mismos católicos. Incluso, se sienten incomprendidos por quienes no simpatizan o no desean participar con ellos: creen tener el mejor medio -si no es que el único- de salvación y con la mejor buena voluntad lo quieren compartir con todos, pero se sienten decepcionados de sus demás hermanos que no asienten a sus requerimientos. Muchos se sienten una minoría incomprendida, lo que los impele a un gran activismo, a la postre frustrante, puesto que se fundamenta más en la emotividad y en la sensibilidad que en una auténtica y genuina espiritualidad. No se dan cuenta que con su actitud, niegan el valor de los distintos medios de salvación dentro de la Iglesia Católica.
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.11) Tan grave es negar toda intervención sobrenatural de Dios como caer en la superstición de encontrar en todo acciones e intervenciones extraordinarias del Espíritu Santo. Una religión que desconoce lo sobrenatural es como el agua deshidratada: no existe, ya que niega su propia esencia. Pero las intervenciones extraordinarias son precisamente lo que su nombre indica: extraordinarias. Los dos extremos son malos. Ni escepticismo ni credulismo. Conforme a la fe y las virtudes, debe juzgarse el origen de los carismas, para discernir si realmente son tales. Incluso existen seudo milagros y seudo dones, en donde sólo están presentes aspectos sicológicos del individuo o histeria colectiva o, incluso, hasta posibles intervenciones del Maligno. Por ejemplo: hablar lenguas es un carisma señalado por San Pablo, pero también -según el ritual católico- es un posible signo de posesión diabólica. De ahí, la grave necesidad del discernimiento. El buen discernimiento debe estar divorciado de cualquier influencia emocional o emotiva, algo bastante difícil para quien fundamenta su religiosidad en ello.

2ª Parte:
EL CARISMATISMO

El movimiento carismático o pentecostal tuvo su origen en Carolina del Norte (Estados Unidos). Fue fundado, en 1892, por el Rev. R. G. Spurling y el Rev. W. F. Bryant, pastores bautista y metodista, respectivamente. Este movimiento que tuvo una excelente acogida de sus seguidores. Ellos aseguraban poseer la misma plenitud del Espíritu Santo que los apóstoles recibieron el día de Pentecostés, al igual que sus carismas, en particular los dones de profecía, curaciones y lenguas. La piedad era vivida entusiásticamente, incluso con emotividad y exaltación extremas. Rechazaban los dogmas, pues sostenían que el Espíritu Santo inspira a cada fiel lo que debe creer para salvarse, así como en la interpretación personal, que cada quien hace, de la Sagradas Escrituras. Este movimiento tuvo su antecedente en el montanismo, fundado por Montano en el siglo II, que se decía inspirado por el Espíritu Santo y sostenía que poseía los dones de profecía, curación y lenguas. El brillante Tertuliano, luego de ser un gran defensor de la Iglesia, cayó víctima del montanismo, se separó del Romano Pontífice para acabar fundando una nueva secta.

Como podemos ver, este movimiento NACIÓ DEL PROTESTANTISMO y tiene su antecedente en sectas heréticas de siglo II. Su origen protestante es completamente congruente con las tesis de Lutero que creía poseer, para sí mismo, la plenitud del Espíritu Santo, misma que negaba al Papa, a los Concilios ecuménicos y a los Obispos, y que, además sostenía el libre examen e interpretación de la Biblia.

Dentro del protestantismo, en el siglo veinte, este movimiento se desarrolló con fuerza, pero dentro de un gran caos de disidencias y controversias. Los obispos católicos en Estados Unidos orientaron a sus fieles para que no le prestaran ningún tipo de adhesión. La Iglesia Católica se liberó de esta influencia hasta 1966, fecha en la que dos laicos, profesores de teología en la Universidad de Duquesne en Pittsburg, Pennsylvania, en Estados Unidos, Ralph Keifer y Patrick Bourgeois, leyeron y discutieron las obras del movimiento pentecostal protestante, entre ellas las del pastor Wikerson. Con la intención de acabar con la apatía de sus estudiantes, creyeron que este movimiento era providencial y lo transportaron a la Iglesia Católica. Finalmente, acudieron a un grupo de oración protestante para dizque recibir “el Bautismo del Espíritu” y el supuesto “don de lenguas” (13-01-1967). De ahí en adelante, empezaron a imponer las manos sobre sus alumnos para que recibieran “el Bautismo de Espíritu” y varios carismas.

Desde entonces, este movimiento ha tenido un desarrollo muy errático en la Iglesia Católica, pues ha sido visto por muchos dignatarios eclesiásticos como algo que por haber nacido del error no puede traer o proporcionar un bien para la Iglesia. Si Cristo fundó una sola y verdadera Iglesia y le proporcionó los únicos siete verdaderos sacramentos, si en ellos se recibe verdaderamente al Espíritu Santo -muy particularmente en el Bautismo y la Confirmación-, ¿porqué acudir a algo nacido del error -las sectas protestantes- donde se inventó por sus miembros, esta especie de supersacramento que se atribuye a la imposición de manos: “el Bautismo del Espíritu”. ¿Acaso la Iglesia Católica no estaba capacitada para darles a sus fieles al Espíritu Santo, a través de los sacramentos, sacramentales, el sacrificio de la Misa, la comunión del Cuerpo de Cristo, las bendiciones y demás medios? ¿No era esto una falta de fe en la Iglesia verdadera? ¿No era negar la unicidad de la Esposa de Cristo: la Iglesia Católica?

A pesar de ello, otros eclesiásticos, los menos, han apoyado este movimiento de una manera decisiva. La jerarquía no queriendo perder la fuerza de algunas de estas comunidades, o temiendo deserciones del catolicismo, o viendo la buena fe de muchísimos de ellos, los ha tolerado o ha procurado reencauzarlos, pese a los peligros que representa dicho movimiento. Esta actitud pastoral de reencauzamiento (que incluye desde exhortaciones a la fidelidad a la jerarquía y, eventualmente, hasta elogios al carismatismo), nunca ha sido pronunciada bajo una definición doctrinal, por lo que no implica que goce del don de la infalibilidad. Así como un Papa suprimió a los jesuitas y otro los restauró, así puede variar en Roma el juicio sobre la conveniencia, o no, de tratar de reencauzar estas comunidades. Sin embargo, hasta para quienes las han aprobado o tolerado, existen muchas reservas y condicionamientos, ya que muchas veces exponen los peligros graves que ya se han presentado -de una manera mayor o menor- en algunas comunidades o individuos. Se ha sabido hasta de personas que cambian de religión: pasan del carismatismo que llaman católico al pentecostalismo protestante. Esta grave apostasía tiene su cierta lógica, pues acuden a las fuentes mismas de donde se originó esta corriente, aunque olvidan que el protestantismo es una escisión de la verdadera religión: el catolicismo (los antepasados de cualquier religión separada o secta cristiana fueron originalmente católicos). Todo esto se da por haber importado una corriente que se originó en el protestantismo y LLEVA, EN SÍ MISMA, EL GERMEN DEL ERROR EN QUE SE ORIGINÓ, con todas sus consecuencias teológicas a pesar del reencauzamiento. Cierto que en algunas partes, estas consecuencias, han sido más radicales que en otras, al grado que algunos carismáticos se han escandalizado de lo que sucede en otras comunidades del mismo movimiento y las han acusado de prácticas supersticiosas. Así, por ejemplo, también un carismático señala estos peligros que observa en la práctica: “DEMASIADOS VAN MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DE LA MORALIDAD, ya que se crean relaciones personales entre sacerdotes, religiosas y laicos que tristemente degeneran del plano espiritual a un nivel puramente natural y sensual. El ágape degenera en el eros” (Ralph Martín. “A menos que el Señor construya su casa”). Por otra parte, algunos prominentes carismáticos contradicen las enseñanzas morales del Papa, así, por ejemplo, es conocida la oposición de Kevin Ranaghan a la doctrina de la Humanae Vitae. ¿El Espíritu Santo lo inspiró contra la doctrina también inspirada al Papa por el mismo Espíritu Santo? ¿El Espíritu Santo está contra el Espíritu Santo? ¡ESTOS SON LOS FRUTOS DEL ARBOL DEL CARISMATISMO! Por ésta y muchas razones más, si bien algunos lo toleran (pocos lo promueven abierta y decididamente), la mayoría de la jerarquía ve con profunda desconfianza todo este movimiento y muchos lo condenan plenamente por considerarlo gravemente dañino para la fe y religiosidad de los católicos fieles.

El tema da para muchas reflexiones y análisis. Para no extendernos mucho, solo veremos brevemente, unos cuántos aspectos más.

EL DON DE LENGUAS.- El verdadero don del que habla la Sagrada Escritura, se refiere a “lenguas extrañas”, es decir, verdaderas lenguas, que si bien eran desconocidas para los presentes, eran necesarias para predicar el Evangelio a diversos pueblos en su propio idioma. Era un carisma otorgado para la predicación. Así, los apóstoles hablaban en una lengua (arameo con acento galileo) y los que los escuchaban los oían en su propio lenguaje (griego, latín, elamita, parto, etc.). Nada que ver con los balbuceos de los carismáticos que denominan “mussitationes” o “lenguaje pre-conceptual” u “oración no objetiva”. Estos murmullos incoherentes, dizque inspirados por el Espíritu, dejan muy mal parado a quien erróneamente se lo atribuyen. Son una verdadera tomadura de pelo. ¿El Espíritu Santo es incapaz de expresar la realidad divina en un lenguaje racional? ¿Por qué desfiguran este verdadero don de cómo realmente lo ha inspirado el Espíritu Santo? ¿Qué espíritu inspirará realmente esta caricatura del verdadero don de lenguas? ¿Quién ha intentado siempre, imitar a Dios, remedando -con falsos prodigios- sus milagros, para engañar a los hombres? ¿O será sólo un fenómeno psicológico?

EL DON DE SANACIÓN.- La Iglesia señala tres condiciones para aceptar como auténticas las curaciones milagrosas: 1) Excluir cualquier causa natural que pueda obrar una curación súbita 2) Que la curación sea sometida al estudio de científicos, doctores en medicina y teólogos 3) Que la autoridad competente haga un dictamen final. Este proceso se da, por ejemplo, en Lourdes.

Los carismáticos proclaman, cada quien, sus curaciones sin cumplir estas condiciones. Entre ellos mismos se creen mutuamente, sin ninguna autoridad de por medio. Estas curaciones, en muchos casos, son psicológicas, triviales o no permanentes. Cada caso debería de analizarse profunda e individualmente. Cristo nos previno de los falsos profetas que obrarían “milagros” (supuestos, pero convincentes, dizque prodigios) para engañar, si fuese posible, hasta los elegidos. Además, en una atmósfera cargada de intensa emotividad afloran procesos de retroalimentación colectiva, donde fácilmente la mente se sugestiona, cree y acepta todo lo que se le dice.

ECUMENISMO.- Algunos, buscan la unidad con los protestantes no a un nivel de fe (doctrinal) sino meramente emotivo (ellos le llaman a lo emotivo “un nivel profundo”). Pasan por alto los errores y herejías del protestantismo, por eso el carismático Kevin Ranaghan (arriba mencionado) señala a George Fox (fundador de los cuáqueros), a John Wesley (fundador de los metodistas) y a Joaquín de Fiore (cuyos errores fueron condenados en 1215) junto a San Francisco de Loyola, San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola como los promotores de una “auténtica vida de fe”.

BAUTISMO DE ESPIRITU.- El multicitado Ranaghan declara del “Bautismo de Espíritu”: “es una parte fundamental de nuestra iniciación cristiana”. Luego, todos los católicos que no lo han recibido en dos mil años (incluyendo todos los santos y papas) adolecieron de algo “fundamental”. ¿El Espíritu Santo estuvo ausente en la Iglesia, hasta que aparecieron los carismáticos? Los protestantes, mediante la imposición de manos, bautizaron en el Espíritu a unos seglares católicos y éstos -que dizque recibieron este poder- a otros, para acabar siendo también dizque “bautizados” sacerdotes y obispos por laicos. ¡El mundo al revés! Todos se reparten a su gusto al Espíritu Santo y en todos obra milagros y carismas. El modo extraordinario de obrar de parte de Dios se vuelve ordinario y común. Y todo a partir de 1967, gracias a que supuestamente los protestantes nos comunicaron un supersacramento (eso viene siendo, aunque no le den ese nombre). ¡Todo esto es totalmente absurdo! Algo muy distinto al verdadero sacramento del Bautismo (que nos incorpora a la Iglesia y nos otorga la gracia santificante, mediante la verdadera acción del Espíritu Santo) y al sacramento de la Confirmación -verdadero Pentecostés de todo cristiano- donde “EL ESPIRITU SANTO SE DA PARA FORTIFICAR AL FIEL LO MISMO QUE FUE DADO A LOS APÓSTOLES EL DIA DE PENTECOSTÉS” como enseña infaliblemente el Concilio de Florencia en 1439.

ESPIRITUALIDAD.- Los grandes místicos desdeñaban los fenómenos extraordinarios, pues temían ser engañados por el Maligno, por lo que, insistentemente, le pedían a Dios que los mantuviera por la vía ordinaria. Los grandes maestros de la vida espiritual aconsejan la humildad, la humillación, el aniquilamiento de uno mismo, evitando todo lo que provoque nuestro orgullo. El centrar la vida sobre los carismas y no sobre las virtudes, el ansiar tanto los carismas, corresponde a una total inversión de los valores. El carisma VERDADERO es un instrumento que el Espíritu otorga a alguien para que ayude al prójimo en su camino a Dios. De su uso, pedirá Dios cuentas. No es un modo de vida, ni un instrumento para centrar en él la espiritualidad de un individuo o una comunidad, ni un mérito que sirva para ganar el Cielo. Es un regalo que el Espíritu Santo otorga gratuitamente, por que Él sopla donde quiere. No es patrimonio de un sector que cree poder administrar a su arbitrio al propio Espíritu Santo a partir de 1967, y que, cuando menos ingenuamente, imagina ser el único camino de salvación para la propia Iglesia.

CONCLUSIÓN.-
El carismatismo nació del error y conduce al error, que trae como germen desde su origen, no obstante todos los intentos de reencauzarlo y hacerlo católico. La suma del error con la verdad, sólo produce un nuevo error. Las desviaciones varían en grado e intensidad de una comunidad a otra, como de un individuo a otro. En este movimiento militan muchas personas de muy buena fe que no han advertido sus peligros. Los efectos positivos que se puedan advertir en el carismatismo católico son sólo por lo que conserve o mantenga de católico; lo negativo, viene por aquello que tenga de carismático en su verdadero y original sentido pentecostal protestante. En realidad, el término “carismatismo católico”, es profundamente ambiguo y contradictorio. Ojalá que el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Verdad, derrame sus dones (Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios) sobre sus miembros para que alejados de cualquier aspecto emotivo, tengan la suficiente fuerza para que, con toda sencillez y amor a la Verdad, puedan advertir los peligros de este movimiento y, asimismo, que miren en estas líneas no un ataque a sus personas sino un genuino compromiso con la Verdad y con la caridad que impele a advertir los riesgos que sufren nuestros hermanos. Estas línea van con la mayor simpatía y amor para las personas que militan en este movimiento. Tengamos presente que seremos juzgados no por nuestros supuestos o reales carismas, sino por el amor y la caridad, y que existen muchas y genuinas vías de salvación dentro de la Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo dijo que no sólo el que diga ¡Señor, Señor! entrará al Reino, sino quien hace la Voluntad de su Padre. La alabanza a Dios sin una verdadera espiritualidad (genuinamente católica) y una auténtica vida cristiana es vana.

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Una respuesta a ¿EXISTEN PELIGROS EN EL CARISMATISMO?

  1. Verónica dijo:

    A pertenecido al movimiento?

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