P. CASTELLANI: EL CARÁCTER DEL ANTICRISTO


DEL PADRE LEONARDO CASTELLANI

El Apokalypsis de San Juan

Excursus K: El carácter del Anticristo

El Anticristo se parecerá al Cristo. Por tanto aparecerá como “bueno”, y no nefario y criminal, como aparecería su predecesor Nerón a la plebe de Roma.

Hay que notar mucho esto, porque la imagen del Anticristo que la tradición —sobre todo la de los siglos medios— nos ha trasmitido es falsa.

Empezaron a imaginar una especie de Nerón redivivo y cuadruplicado, y lo adornaron de toda suerte de vicios: Francisco Suárez dice —y no sé deónde lo saca— que no hará en su vida un solo acto bueno.

No sería reconocido como Salvador de los hombres ni adorado, si fuera una monstruosidad acumulativa de todos los degenerados emperadores romanos de la casa de los Flavios. Pero los antiguos Padres y los teólogos medievales eran demasiado sanos para imaginarse todavía más maldad que aquélla.

Un buen resumen desa etopeya medieval tenemos en la “comedia bíblica” de Juan Ruiz de Alarcón El Anticristo. La comedia es mala, creo es la peor de las que escribió el insigne autor de La verdad Sospechosa; pero es un excelente documento de época. Tiene brillante versificación —Alarcón es el rimador más correcto del Siglo de Oro— tiene la regia lengua del siglo XVI, y dos o tres buenas escenas cómicas; pues su gracioso, un judío llamado Balán, que se convierte y desconvierte continuamente al Cristianismo y al judaísmo hasta que ¡muere mártir!, es el único personaje vivo de la pieza; pues el Anticristo es un monigote; y el Profeta Elías, que sostiene con él una enfadosa controversia en 700 versos, es un estrambote. También esto es buen documento empero, pues pone en boca del Anticristo —y con gran elegancia— las objeciones que usaban contra las profecías de Cristo los judíos de aquel tiempo; que son las mismísimas que elevan con gran aparato los racionalistas deste tiempo. Nihil novum sub sole.

Pues bien, el jorobadillo mejicano, que tanto injustamente vejaron Quevedo y Góngora…:

“Tanto de córcova tienes

Por delante y por detrás

Alarcón, que no sé más

De dónde te corcovienes

O adónde te corcovás”.

pone en la Fiera, no sólo el matricidio de Nerón sino una hazaña peor, que Nerón no hizo; la cual pondré con sus palabras, más castas que las mías:

“Resuelto el matricidio detestable

por ser a Jesucristo todo opuesto

te quise hacer del todo abominable

cometiendo contigo torpe incesto

que fue su madre virgen inviolable

después y antes del parto; y yo con esto

incestuosa madre quiero hacerte

en la cuna, en el parto y en la muerte”,

delito que viene después de ser conocido. Hácelo Alarcón además públicamente lascivo —tiene un harem— y enamorado hasta el frenesí de una cristiana llamada Sofía, la cual junto con el profeta Elías y unos pocos cristianos acomete y derrota a su ejército gogmagoguiano, no se sabe cómo; después de lo cual muere martirizada junto con el gracioso Balán.

La atribución de excesos sexuales al Anticristo viene de un error de traducción; pues la Vulgata tradujo:

“et erit in concupiscentiis feminarum” (“y andará en lascivias de mujeres”) donde el texto hebreo y el griego de los LXX dice “kaí en epithimíá guynaikós ou mee proneé thee”; o sea: “Hablará cosas asombrosas contra el dios de sus padres… ni va a respetar al dios de sus padres, ni al dios que es el favorito de las mujeres ni otro dios alguno; porque sobre todos se magnificará él mismo” (Daniel 11,37).

El dios que es “delicia” o “deseo” de las mujeres, no se sabe cuál sería para Daniel: Isis, Osiris, Venus, Apolo, Dionysos… o más probablemente Tammuz, o sea, Adonis, poco importa: no respetará ni al Dios de los hebreos ni a los dioses de los paganos, dice Daniel simplemente.

No hay en la Escritura mención de otro delito del Anticristo que este de la blasfemia y el sacrilegio máximo (“la abominación de la desolación”) y la iniquidad y tiranía contra los cristianos, que es su consecuencia; va a exigir honores y cultos divinos, para lo cual aparecerá como bueno e incluso santo. Será un hipócrita; no con la gruesa hipocresía del palíolo, como el Tartufo de Molière, cuya falsía es transparente y él sabe que es un falso, sino con la hipocresía sustancial de los fariseos del siglo I, que o sólo eran tenidos, mas aún ellos mismos se tenían, por santos.

Tendrá las virtudes naturales y espectaculares de los Estoicos, junto con su tremendo orgullo: los Estoicos romanos crearon un sistema moral completo y muy rígido, pero cuya clave de arco era criminal: el suicidio, unido todo a la dureza para con el prójimo, como vemos en el santón Marco Aurelio; y en Séneca, que predicó el sistema y también lo practicó. Pues bien, una especie de superestoico podemos creer será el Anticristo.

Hay una leyenda curiosa de la Edad Media donde se pinta al Anticristo austero, estudioso, abstemio, vegetariano, y viajando por todo el mundo acompañado siempre ¡de un horno crematorio!

El dará al mundo la paz: una falsa paz. Dará el orden: un orden inicuo. Dará la solución del actual problema económico y la “cuestión social”; o sea, dará la abundancia: una abundancia de hormiguero.

Obtendrá el poder absoluto y universal por la fuerza de las armas ciertamente; pero una vez obtenido, mostrará fácil que ese poder era indispensable para resolver los tremendos problemas actuales.

Solovief, en su notable leyenda, lo hace autor, antes de llegar al poder, de un libro titulado: El medio de llegar a la paz universal y a la prosperidad económica. Estaría mejor quizás después de su entronización. Solovief no nos descubre el contenido del libro. Pero es fácil imaginarlo, Por ejemplo:

“El estado actual del mundo es una paradoja: la carestía en medio de la abundancia, y la miseria en medio de las riquezas, ¿Qué es esto? Hay hambre, y hay superproducción de alimentos.

Las máquinas producen o pueden producir hoy cien o mil veces más de lo que antaño el trabajo humano; y antaño no había la miseria de ahora. ¿De dónde proviene esa anomalía?

Un hombre con una máquina de hacer botellas hace un trabajo de 54 hombres.

Una mujer con unas máquinas de ordeñar reemplaza a 25 mujeres.

Dos hombres con un camión reemplazan a 50 hombres.

Un hombre con una máquina de hacer vidriochapa reemplaza a 20.

Un hombre con una máquina de hacer cigarrillos reemplaza a 100.

Dos hombres con una máquina de hacer chasis de auto reemplazan a 1000 hombres.

¿Quién nos impide hoy que todos los hombres gocen de las ventajas de la industria humana?

Los eslabones de la industria son la Producción y el Consumo; y en medio de los dos, como necesario puente, la Distribución.

¿Dónde está la falla?

No cierto en el consumo, pues todos desean consumir incluso más de lo que necesitan: los antiguos ascetas se han acabado.

Tampoco en la Producción, que es incluso excesiva; o lo sería si no fuera innaturalmente reprimida.

Falla la Distribución de los bienes de consumo.

No hay plata para comprar lo que se querría (iliquidez); no hay trabajo para ganar plata (desempleo); no hay capitales para proporcionar más trabajo (crisis). El poco consumo engendra menor producción, la menor producción mayor desempleo, el desempleo conmociones sociales que hay que aliviar mezquinamente con subsidios (“dole”) a los desocupados, los cuales empobrecen a las naciones; y ese es un círculo infernal que no tiene ruptura, causado por los maravillosos instrumentos de producir más y mejores bienes de consumo, de que la natura y el genio del hombre nos ha dotado para nuestro bienestar!!!!

¿Quién puede romper este círculo infernal y demente? Solamente un Poder universal que suprima las funestas rivalidades económicas entre naciones —por ende las guerras que son su consecuencia— y por ende la lucha de clases; y todos los demás absurdos actuales que están encadenados entre sí: como las estafas de la Gran Finanza, el usurero aparato bancario, los abusos de los grandes monopolios, el despilfarro inútil de la propaganda comercial; y el desorden de la actual “industrialización” mal planeada y disparatada; pues varias naciones producen los mismos productos y guerrean entre sí para imponerlos, para “ganar mercados”, hasta llegar a las grandes guerras sanguinarias y devastadoras.

Yo voy a remediar todo eso. Yo voy a hacer producir bienes de sobra para todos y que lleguen a todos. Yo voy a regular el dinero simplemente; y con ello la Distribución, la Producción y el Consumo; nacionalizando todos los Bancos e imponiendo la moneda internacional del Hallesismo, fija en valor y con respaldo seguro. Yo voy a repartir dividendos a los pobres y a los ricos; y no solamente a los que trabajan sino también a los que no trabajan, y para que no trabajen. La inmensa herencia que nos ha dejado el genio y el esfuerzo de todos los siglos es de todos nosotros y a todos ha de llegar…”

Así dirá el Anticristo. Y lo hará. Tomará lo que tiene de bueno el Capitalismo, o sea, la inmensa productividad, y la encauzará con medidas férreas, comunizándola. Habrá abundancia para todos —menos para los cristianos, por supuesto— y sólo se perderá una pequeña cosita: la libertad; la poca libertad que hoy nos queda, y la gran libertad verdadera que prometió —y dio— Cristo.

Todos seremos gordos: seremos los gordos presidiarios de un inmenso Praesidium. Infrahombres.

El Capitalismo y el Comunismo, tan diversos como parecen, coinciden en su fondo; digamos, en su núcleo místico: ambos buscan el Paraíso Terrenal por medio de la Técnica; y su mística es un mesianismo tecnólatra y antropólatra, cuya difusión vemos, hoy día por todos lados, y cuya dirección, es la deificación del hombre; la cual un día se encarnará en Un Hombre.

“Queridísimos, es la última hora; os han dicho que el Anticristo debe venir; y ahora, muchos se han hecho anticristos… Este es el anticristo, el que niegue al Padre y al Hijo…. Hoy día, como en tiempos de San Juan, vemos muchos que no sólo blasfeman del Hijo, pero niegan al Creador, al Padre: niegan la bondad de la Creación, como Sartre, por ejemplo; aborrecen no sólo la Fe, pero la misma Razón —después de haber abusado della— y tratan de arruinarla y destruirla (el “irracionalismo”, la “intuición” bergsoniana, el “Inconsciente” freudiano, etcétera). El blasfemo francés susodicho trata de matar no sólo l’Esperance sino también l’espoir, la sana esperanza humana que es el sostén natural de la virtud teologal; trata de desesperar de todos modos: de desesperar y desesperanzar.

El Anticristo, el Cuarto Caballo, suprimirá los tres primeros del Apokalypsis: el Caballo Blanco desde luego, la Monarquía Cristiana, el Orden Romano, el Katéjon, que deberá desaparecer para que él pueda manifestarse; el Rojo y el Negro, Guerra y Carestía, serán suprimidos por su Imperio Universal, efímero. Aparecerá como Salvador del mundo, más grande que Cristo, pues Cristo no resolvió la cuestión social dirá él; aparentemente con razón.

Aparecerá como santo. Verdad es que perseguirá a muerte a los cristianos, pero los cristianos serán una minoría, y aparecerán como delincuentes a los ojos de todos, a los ojos de las masas embaucadas y cretinizadas. La llamada “opinión pública” estará en pro desa persecución pía y patriótica. Ella incluso aumentará el prestigio del Divino Emperador Plebeyo.

Eso ha sucedido ya: en la Primera Persecución, los cristianos, infamemente calumniados de incendiarios de Roma, eran escupidos y tenidos por “enemigos de la Humanidad” no sólo por la plebe, sino incluso por un hombre tan culto e informado como el historiador Tácito. Suelen ser los historiadores los que no saben lo que está pasando delante de sus narices.

En la persecución de Isabel I de Inglaterra en los siglos XVI XVII, una de las más crueles que ha existido, la propaganda de William Cécil —que era el vero Rey de Inglaterra detrás de la otra muñeca pintada— persuadió a la plebe inglesa que los papistas eran traidores, y querían la invasión y conquista de Inglaterra por los españoles; además de idólatras, pues adoraban un trozo de pan en la Santa Misa. Para eso, el deforme William como después su hijo Robert no vacilaron en inventar “complotes” criminales para achacarlos a los papistas, ni en falsificar cartas, como las famosas Caskett Letters, con las cuales hicieron decapitar a la Reina legítima María Estuardo. Con esos medios arrancaron casi de raíz el catolicismo en Inglaterra; dejando un modelo casi insuperable a los Perseguidores futuros. Como dice del futuro Anticristo Victorino, también en Inglaterra “Ecclesia de medio facta est”.

En suma, el Anticristo consentirá a las tres tentaciones que puso el diablo a Cristo en el Monte. “Di que estas piedras se conviertan en pan” y las cosas se convertirán en pan en sus manos; “tírate del Templo abajo para adquirir renombre y publicidad”, y la Fiera adquirirá universal renombre; “todos estos reinos de la tierra son míos, y te los daré si me adorares”, y se los dará, cumplida la condición nefanda. Las Tentaciones del diablo rechazadas por Cristo han quedado suspendidas en el aire todo el tiempo. Otros ya en el curso de la historia las han aceptado en parte: porque los tiempos no les permitían abrazarlas del todo, existiendo todavía el Katéjon.

El cardenal Newman escribió una frase enigmática: “el Anticristo se parecerá a Cristo; por lo tanto, Cristo se parece al Anticristo”, No sé exacto lo que quiso decir; pero es matemático: si una cosa se parece a otra, la otra se parece a la una. Lo que sé es que protestantes e impíos ven actualmente en la Iglesia una especie de Anticristo: la ven como una sociedad “totalitaria”, astuta., maula, camandulera, inhumana y cruel con sus súbditos, y temible a sus enemigos, aunada de una maquinaria burocrática rígida como fierro, que aspira al dominio mundial, hace política artera y tiene mucho dinero. Eso es un hecho: lo he leído innúmeras veces en libros yanquis, alemanes, ingleses y también, más virulentos si cabe, franceses e italianos. Puede que eso haya querido decir Newman. Cristo se parece al Anticristo; y en los últimos tiempos la hipócrita Fiera hará que Cristo y los cristianos parezcan fieras.

Esto es lo que la Escritura y la Tradición nos revela acerca dese misterioso personaje, que es realmente la clave metafísica de la historia humana, pues es el Hombre ensoberbecido y levantado contra su Creador; y será la encarnación de las fuerzas del Mal; y el Mal en su lucha con el Bien es la metafísica de la historia del hombre.

No digo como los Maniqueos que el Mal sea un Dios, ni que sea una cosa existente en sí. Son las Voluntades desviadas de su Fin —y al final coaligadas— en su lucha contra la acción de la Gracia en el mundo. El Mal no puede existir sino como parásito en un ser; pero en sí mismo no es ser; es un menos-ser…

No le tengan miedo. El mal es una privación, y el bien es el Ser. No prevalecerá el pecado contra la justicia, ni la privación contra el ser, ni el hombre contra Dios.

TOMADO DE: RADIO CRISTIANDAD

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