Sacerdote de Coria-Cáceres: piensa que se casarán los curas y aboga por que haya “mujeres obispo”


Para él ha sido una “alegria maravillosa” la renuncia del Papa
 

Reproducimos la entrevista publicada en el periódico Extremadura a un sacerdote que ejerce su “ministerio” en la diócesis de Coria- Cáceres.

Políticamente incorrecto, es elogiado por alumnos y fieles. Florentino Escribano, nacido hace 60 años en Pedrosa del Príncipe (Burgos) en el seno de una familia de campesinos que tuvo diez hijos (él es el noveno), dice sentirse ‘Catovi’ tras llevar 34 años en Cáceres. Simultanea sus clases de Pedagogía y Didáctica en Magisterio con la parroquia Virgen de Guadalupe, de la que es párroco titular. Su pasión, la docencia; su otra vocación: ser músico de rock. Tiene un programa en la tele local cacereña.

¿Por qué se hizo cura?

–Me entusiasmó un tipo de cura que en mi época era renovador y dije: este tipo de cura sí me mola; voy a intentarlo. Y así fue. En aquella época estábamos en los curas a la antigua usanza. Llega el Concilio Vaticano II y abre la Iglesia de par en par y surgen nuevos tipos de sacerdotes. Y eso es lo que me entusiasmó.

¿Se considera un rebelde con causa?

–Yo he querido ser siempre maestro y rockero. Lo primero lo conseguí después de ser cura. Lo segundo lo intenté, en una época en la que estábamos saliendo de los pasodobles y de las folklóricas y entrando en los Beatles y en Los Brincos- Y esa moda me entusiasmó. Yo jugaba con mis amigos a las baterías, a las guitarras de madera, a los micrófonos con un bote. Teníamos el pelo largo y usábamos pantalones campana.

 –Y siendo diez hermanos en su familia, ¿cómo no les dio por montar un grupo musical?

–Mis hermanos mayores tuvieron otro tipo de vida. Ellos debieron trabajar para vivir y yo pude vivir de lo que ellos trabajaban como hermano chico que era. Y con 11 años, el deseo de salir del pueblo, de conocer otras cosas, es por lo que me fui a estudiar con los frailes italianos de los Pavonianos, cuya misión es educar en hogares a jóvenes de familias desestructuradas, además de enseñar artes y oficios. Era una cosa muy llamativa porque traían unas ideas renovadoras que a mí me cautivaron. Ellos fueron los primeros en traer a España Proyecto Hombre. Y los Pavonianos están en Cáceres, por eso vine yo a esta ciudad.

 –¿El alzacuellos hace al cura?

–No sé lo que es un alzacuellos. Jamás me lo he puesto. Lo respeto como señal de identificación, al igual que un médico se pone una bata. Pero no le doy más importancia que eso. No creo que los que no lo llevamos seamos peores o mejores que los que llevan.

¿Para la Iglesia Católica cualquier tiempo pasado fue mejor?

–Para los que viven de las añoranzas y de la herrumbre del pasado, sí. Y cualquier cosas del futuro piensan que es diabólica. Para mí no. Pienso que cualquier tiempo de futuro debe ser muchísimo mejor. Hay que pensar más en el siglo XXV que en el XV.

 –¿Piensa que hay gente que se avergüenza de decir que cree en Dios?

–Actualmente sí. Es políticamente incorrecto todo lo que suena a religión en ciertos ámbitos, a los que yo considero retrógrados; poco plurales; gente que se las da de mucha apertura y sin embargo son los que más discriminan; los que más marcan y señalan. Y para no entrar en conflicto, hay mucha gente que se reprime de decir que es católico, que cree en Dios. Y no porque tengan vergüenza de decirlo, sino para no atormentarse. Creo que les da alergia ciertos nombres. La democracia ha logrado muchos avances, pero mucha gente de la que se considera muy progre lo son de pacotilla, porque ante lo religioso no han hecho todavía un cambio tan grande como nosotros a los que nos llaman de derechas, conservadores. En el mundo de la política, de la educación o de la cultura hay mucho retrógrado. Pero los jóvenes, afortunadamente, están pasando de esto.

¿Rezar sirve para algo?

–Si por rezar entiendes decir palabras como un disco puede reproducir música o poesías, pues no sirve para nada. Si rezar es decir palabras mágicas para convencer a un dios porque le tienes que hacer la pelota, pues tampoco. Ahora, cuando rezar, orar, comunicarte con Dios es entrar en sintonía con una trascendencia, con una profundidad, con alguien que forma parte de ti, del mundo, de tus decisiones, y de alguna manera hay alguna orientación, pues sí sirve. Pero solo para las cosas que son de tejas para arriba; de tejas para abajo, las que tenemos que hacer nosotros, no vale.

¿La gente se acerca a Dios cuanto más próxima presiente su muerte?

–Por desgracia, la religión todavía obedece a mucha necesidad, a mucha magia, a mucho miedo y no es todavía una respuesta libre de amor, de gratitud, de confianza, de responder a alguien que forma parte del mundo. Mucha gente tiene una religiosidad del tipo prehistórico, del hombre de Neandertal; no es aún una religiosidad cristiana.

¿Considera que hay falta de vocaciones o los jóvenes no entran en el seminario porque hoy en día es una ‘profesión’ poco gratificante?

–Esto, o lo renovamos, o situamos al cura en otro contexto. El concepto de cura no es el de mago de la tribu, no es su brujo; el que te salva o te condena. El concepto de cura tiene que entrar a formar parte de otra organización social, religiosa; otro concepto ideológico. El joven no tiene hoy el atractivo que pudo tener en otra época el hacerse cura. El cliché que aún tenemos no ha roto sus moldes de rechazo. El día en que ofrezcamos un tipo de cura, hombre al cien por cien; integrado en la sociedad; que vive libre y feliz y que es uno más con otros más, entonces es cuando sí querrán hacerse curas. Y tiene que abrirse también a la mujer.

 –¿Está a favor de que se casen los curas?

–Pienso que llegará. Un Dios cristiano no puede poner trabas a nada que sea humano. ¿Es humano que el hombre esté casado y pueda realizarse con una familia y a la vez llevar una comunidad? ¿Es Dios un ser que discrimina a la mujer sobre el hombre? No, no puede ser así. El Dios cristiano no puede discriminar a nadie para nada y como El es así, antes o después, le pongamos las trampas que queramos, se saldrá con la suya. Llegaremos más tarde, pero es ley de vida.

¿Y también aboga por que haya mujeres obispo?

–Esa es la clave. Si una persona es cura, ese es el primer paso para llegar a tener también el episcopado, que es la plenitud de un sacramento. Hasta ahora esa ha sido la ley de la Iglesia, pero estoy seguro que no es ley de Dios. Pero si se han tardado 700 años en que un Papa renuncie, ¿se imagina cuánto se tardará en estas otras cosas? La Iglesia es una gerontocracia, de ancianos. Los ancianos tendrán mucha sabiduría, pero no tienen la fluidez mental para ver el mundo o tomar decisiones.

¿No teme que le excomulguen por mantener estas posiciones?

–No, a mí nadie me ha excomulgado ni lo va a hacer. Estas cosas las decimos muchos y en la Iglesia somos libres para proponerlo. Luego ya viene ‘Paco con las rebajas’ y te dicen, ¡hombre!, ¿cómo has dicho esas cosas? La Iglesia dice…, la norma es… Pero si anteriormente a nosotros no hubiera habido gente que dijo que hacía falta un Concilio para renovar, estaríamos todavía en la Teocracia de la Edad Media. Pero por suerte hoy celebramos 50 años de que hubo un Papa que abrió las ventanas y las puertas y mira la que montó.

¿Cree que en España hemos superado ya los 40 años de nacionalcatolicismo?

–Que va. Estamos todavía. Ahora lo llaman catolicismo sociológico, porque ya no es la religión oficial del Estado. También ahí hemos avanzado mucho con la democracia. No somos un Estado laico, sino aconfesional, que es mejor. Pero eso está en el papel. No ha llegado a la mentalidad cotidiana de lo sociológicamente cristiano. Es una cosa esperpéntica lo que hay.

¿Cuál sería la fórmula para atraer a los jóvenes a la Iglesia?

–Primero hay que atraer a los jóvenes a lo que es humanidad, sociedad, participación, sentido de la vida, ideales, capacidad de ser emprendedores, de luchar porque haya un parque, un teatro, etc. Cuando el joven tiene esas inquietudes sociales y forma parte de su educación todo esto, entonces la Iglesia es como un volar más alto. Que digan: voy a vivir todo esto y lo voy a hacer desde un ámbito de trascendencia, de fe. Pero si no hay una base humanizadora, cómo vas a colgar el tejado si no tienes los cimientos. Hoy en día carecemos de eso porque la sociedad también está reajustándose. Creo que nos tocará otro medio siglo para lograr ese ajuste y debemos ir dando pasos para que llegue. Se necesita otro tipo de educación. La escuela está obsoleta. Los estilos educativos están pasados. El tipo de maestro, o cambia, o nos cargamos todo.

¿Cuál es el principal pecado de la izquierda y cuál el de la derecha?

–Las izquierdas y las derechas están obsoletas y caducas. Esos términos son decimonónicos y pertenecen a sociedades en periodo de extinción. O empezamos a llamarnos de otra manera y a montar la sociedad con otras claves, o estaremos en el ‘tú más’ que dicen los políticos. Hoy en día está todo mezclado por bloques. Sí es verdad que algunos viven en aquello de que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’ y esto es inamovible, pero esos no duran cuatro telediarios y serán un reducto sectario. Luego está la mayoría, donde está mezclado lo que antiguamente se decía izquierdas, derechas, centro, socialdemocracia- Y lo del pecado, es un término religioso, y aquí todos somos pecadores. En el fondo, unos y otros son polos opuestos, por tanto intransigentes. Todo eso hay que renovarlo.

¿No cree que la Iglesia Católica se ha extralimitado en sus opiniones en temas que no están directamente relacionados con la fe?

–La Iglesia Católica no es solo de tejas para arriba. No es solo fe; un mundo de trascendencia. La Iglesia Católica tiene una fe implicada en la realidad de la vida y por tanto no puede ser un escape de lo que es la vida real. O interpreta la vida desde un determinado ángulo, o entonces es una secta, una utopía, una quimera. Y es lógico que se equivoque al dar opiniones sobre asuntos sociales, pero como se equivoca el político, el científico, el investigador, el médico- La Iglesia tiene que ir abriendo caminos y cuando la sociedad asume ese hecho, la Iglesia lo que tiene que hacer es irse a buscar la frontera. No obstante, nos podemos haber extralimitado, pero como cualquiera pueda hacerlo. Pero nunca condenando con esa virulencia como algunas veces salen algunos sectores de la Iglesia. Tenemos que defender lo nuestro y dejar que la sociedad se organice a su manera.

 –¿Qué reflexión le merece la dimisión del Papa Benedicto XVI?

–Para mí ha sido una alegría maravillosa. Por fin. 700 años de inmovilismo, en los que parecía que era Dios el que se moría y cómo iba a renunciar. Ha sido una papolatría muy grande la que ha habido. Y este hombre dice: somos humanos; tenemos derecho a ser abuelos; a reposar. Por fin la Iglesia camina sin nosotros, es cosa de Jesús y del Espíritu. Me ha parecido genial el gesto del Papa. Ha hecho una revolución este hombre con esta decisión increíble. Ha venido a decirnos: vamos a abrir puertas y ventanas, que esto no es solo organización humana. Hay algo que nos supera. Así que ‘chapeau’ por él.

TOMADO DE: TRADICION DIGITAL

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