Catecismo Romano: Primer Articulo del Credo – Concilio de Trento


Primer artículo del Credo

CREO EN DIOS PADRE OMNIPOTENTE,
CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA

INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO

[1] Con estas palabras se expresa: • la fe en Dios Padre, primera Persona de la Trinidad; • su poder omnipotente, con que creó el cielo y la tierra, y todo cuanto contienen; • su providencia, que conserva y gobierna lo creado; • el sumo afecto y piedad por el que debemos tender hacia El como al bien sumo y perfectísimo.

«Creo»

[2] Creer no significa «pensar», ni «juzgar», ni «opinar», sino dar un asentimiento certísimo por el que el entendimiento adhiere firme y constantemente a Dios y a las verdades y misterios que El le manifiesta. Por lo tanto, la fe es un conocimiento certísimo, pues aunque los objetos que la fe nos propone para creer no se vean, no por eso nos deja dudar sobre ellos. [3] De lo cual se deduce que el que cree no debe escudriñar con curiosidad, duda o soberbia, lo que Dios le manda creer, sino que, libre de la curiosidad de investigar, debe aceptarlo con sencillez y descansar en el conocimiento de la verdad eterna. Dios exige al alma el asentimiento de la fe sin darle pruebas o demostraciones de lo que le manda creer; El es veraz (Sal. 115 11.), y eso debe bastarnos para darle crédito. [4] Pero no basta, para salvarse, asentir íntimamente a la verdad revelada; sino que, además, el que dice «creo» debe profesar públicamente su fe, sin avergonzarse de ella (Rom. 10 16.).

«En Dios»

[5] 1º La excelencia de la fe se manifiesta en que nos concede el conocimiento de la cosa más sublime y más digna de ser deseada, a saber, Dios. [6] Sin embargo, el conocimiento que la fe nos da sobre Dios difiere mucho del que nos da la razón. a) Por la razón, y a partir de las criaturas, los hombres pueden llegar al conocimiento de la existencia de Dios y de algunas de sus perfecciones, como su espiritualidad, infinidad, simplicidad, omnipotencia, sabiduría, veracidad y justicia. Pero este conocimiento: • es sólo un conocimiento natural, que tiene por única guía a la luz natural de la inteligencia, y que sólo conoce a Dios por sus efectos, pero no como es en Sí mismo; • se adquiere sólo después de largo tiempo, y con mucho trabajo; • con gran mezcla de errores; • y sólo lo poseen algunos pocos hombres. b) Por la fe conocemos estas mismas verdades, y penetramos incluso en los secretos de la vida íntima de Dios, conociéndolo tal como es en Sí mismo, y ello: • con autoridad divina, que nos da una certeza mucho mayor que la que procede de la razón; • con gran facilidad y sin trabajo; • sin mezcla alguna de error; • y pudiendo llegar a él todos los hombres, incluso los rudos. [7] 2º Es preciso confesar, ante todo, que Dios es uno solo, y que no hay muchos dioses. Así lo afirman claramente las Sagradas Escrituras (Deut. 6 4; Ex. 20 3; Is. 44 6; 48 12; Ef. 4 5; Apoc. 1 8; 22 13.). Pues Dios es sumo y perfectísimo, y lo que es sumo y perfectísimo no puede hallarse en muchos a la vez. En efecto, si hubiese varios dioses, a cada uno de ellos le faltaría algo para ser sumo, y por lo tanto, sería imperfecto, y no le convendría la naturaleza divina. [8] Y si alguna vez se da en las Escrituras el nombre de dios a alguna criatura (como a los profetas y jueces), es impropiamente, según el modo ordinario de hablar, en razón de alguna cualidad o misión excelente recibida de Dios.

«Padre»

La fe cristiana confiesa a Dios: uno en naturaleza, sustancia y esencia; pero a la vez trino, como se deduce de la presente palabra, «Padre». [9-10] Dios es llamado «Padre» por varias razones: 1º Por modo general, es llamado Padre de todos los hombres, por ser su Creador y por la admirable Providencia que tiene de todos ellos, de modo parecido a como los gentiles llamaban «padre» a la persona de quien descendía una familia y la regía con su autoridad. 2º Por modo especial, es llamado Padre de los cristianos con más propiedad, a causa de la espiritual adopción por la que Dios los llama hijos suyos y los convierte realmente en tales (I Jn. 3 1.), siendo también, a este título, hermanos de Cristo y herederos de Dios (Rom. 8 17 y 29.). 3º Por modo propio, es llamado Padre de su Hijo, que es Dios como El, a quien engendra desde toda la eternidad, comunicándole su misma esencia divina. Por ahí se nos enseña la unidad de esencia (I Jn. 5 7.) y la trinidad de personas en Dios (Mt. 28 19.), de manera que hay que confesar: • en la esencia, la unidad: una misma es la esencia y sustancia de las tres divinas personas; • en las personas, la propiedad: Dios Padre, primera persona de la Trinidad, principio sin principio, contemplándose a Sí mismo engendra al Hijo, segunda persona de la Trinidad, e igual a El; y del mutuo amor de caridad de los dos procede el Espíritu Santo, tercera persona de la Trinidad, que es el vínculo eterno e indisoluble que une al Padre con el Hijo; de modo que sólo al Padre le conviene no ser engendrado y engendrar al Hijo eternamente, sólo al Hijo le conviene ser engendrado eternamente por el Padre; y sólo al Espíritu Santo le conviene proceder eternamente del Padre y del Hijo; • en la Trinidad, la igualdad: pues la religión católica predica la misma eternidad, la misma majestad de gloria y las mismas perfecciones infinitas en las tres personas, de modo que ninguna de ellas es anterior o posterior a las otras, ni mayor o menor.

«Omnipotente»

[11] 1º Entre los muchos atributos propios de Dios, la Sagrada Escritura le atribuye con mucha frecuencia la virtud omnipotente, enseñándonos que este atributo conviene muy especialmente a la esencia divina. Entendemos por esta omnipotencia que nada hay de perfecto, ni nada se puede pensar ni imaginar, que no pueda Dios hacer. [12] Sin embargo, Dios no puede mentir, o engañar, o pecar, o morir, o ignorar algo, porque estas acciones son propias de la naturaleza imperfecta y débil, mientras que Dios es infinitamente perfecto y tiene el sumo poder. [13] 2º Este artículo sólo nos propone para creer el atributo divino de la omnipotencia, por varias razones: • porque este atributo engloba en cierto modo todos los demás, los cuales, si le faltaran, difícilmente podríamos comprender cómo es todopoderoso; y así, al decir que Dios todo lo puede, reconocemos también que tiene conocimiento de todas las cosas, y que todo está sujeto a su poder y dominio; • para confirmar nuestra fe: sabiendo que Dios todo lo puede, creeremos todos los misterios que nos revele, por muy elevados y prodigiosos que sean; • para confirmar nuestra esperanza: todo podemos esperarlo de Dios, ya que El todo lo puede; y se ha de tener muy presente esta verdad de fe cuando le pedimos por la oración algún beneficio (Mt. 17 19; Sant. 1 6 y 7.); • para procurarnos otros bienes y utilidades: la modestia y la humildad (I Ped. 5 6.), el temor de Dios (Lc. 12 5.) y la gratitud (Lc. 1 49.). [23] 3º Adviértase, sin embargo, que la creación es obra común de las tres divinas personas, pues la Sagrada Escritura afirma que la creación es también obra del Hijo (Jn. 1 3.) y del Espíritu Santo (Gen. 1 2; cf. Sal 32 6.). [14] Sin embargo, se atribuye especialmente al Padre por ser la fuente de todo principio, como atribuimos la sabiduría al Hijo y la bondad al Espíritu Santo, a pesar de que la sabiduría y la bondad sean también comunes a las tres divinas personas.

«Creador del cielo y de la tierra»

[15] 1º Creador. Dios creó el mundo: • no de materia alguna, sino de la nada; • no obligado por necesidad alguna, pues siendo feliz por Sí mismo, de nada necesita; sino por voluntad suya libre, con el fin de comunicar su bondad a las cosas que hiciese; • por un solo acto de su querer; • tomándose a Sí mismo como prototipo o modelo de todas las cosas. [20] 2º Por cielo y tierra debe entenderse todo lo que en ellos se encierra (Sal. 88 12.), o más aún, toda criatura, lo visible y lo invisible, esto es, el mundo material y el mundo espiritual o angélico.

[16] a) Cielo corporal. Creó Dios el sol, la luna y los demás astros, organizándolos con un movimiento constante, uniforme y permanente, para que señalen las estaciones, los días y los años. [17] b) Cielo espiritual. Juntamente con el cielo corporal, creó Dios innumerables ángeles, que son naturalezas espirituales, para que le sirviesen y asistiesen; a los cuales, desde el primer instante de su ser, adornó con su gracia santificante, y los dotó de elevada ciencia (II Rey. 14 20.) y de gran poder (Sal. 102 20.). Pero muchísimos de ellos se rebelaron por soberbia contra Dios, su Padre y Creador, por lo que al punto fueron arrojados al infierno, donde son castigados eternamente (II Ped. 2 4.). [18] c) Tierra. Al crear la tierra, la colocó Dios en el centro del universo, separó las aguas de lo seco, y en lo seco levantó los montes, hizo los valles, adornó la tierra con gran variedad de árboles y plantas, y pobló las aguas de peces, los aires de aves y la tierra de animales. [19] Finalmente, a partir del lodo de la tierra, creó al hombre a su imagen y semejanza, con un cuerpo impasible e inmortal, con un alma libre y dotada de integridad, otorgándole el don de la justicia original, esto es, la vida divina, y dándole imperio y dominio sobre todos los demás animales. [21] 3º Las cosas creadas por Dios no pueden subsistir, después de creadas, sin su virtud infinita. Por eso mismo, Dios está presente a todas las cosas creadas por su Providencia, conservándolas en el ser con el mismo poder con que las creó al principio, sin lo cual volverían a la nada (Sab. 11 26.). [22] En esta providencia, Dios no impide la acción de las causas segundas, sino que, previniendo su acción, se sirve de ellas, ordenándolo todo con fuerza y con suavidad (Sab. 8 1.).

CAPÍTULO II

DEL 1° ARTÍCULO DEL SÓMBOLO

Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra.

I. Significado de estas palabras. 24. Este es el significado de estas palabras: Creo ciertamente y sin ninguna duda confieso a Dios Padre, es a saber, a la primera persona de la Trinidad, que con su infinito poder hizo de la nada el cielo, la tierra y todo cuánto contienen, y que después de creado lo conserva y gobierna. Y no solamente creo en él de corazón y le confieso de boca, mas también le deseo y anhelo con suma ansia y piedad, como a sumo y perfectísimo bien.
Esta es una breve declaración de este primer Artículo. Mas, porque casi todas las palabras contienen grandes misterios, debe luego el Párroco explicarlas con mucha diligencia y cuidado, para que, según el Señor concediere, llegue el pueblo fiel con temor y temblor a contemplar la gloria de su Majestad.96

II. Qué significa la palabra Creo.

25. Esta palabra creer no significa aquí lo mismo que pensar, sentir u opinar, sino, como enseñan las santas Escrituras, tiene fuerza de un certísimo asentimiento, con que la mente cree firme y constantemente a Dios que revela sus misterios. Por lo cual aquel cree (en el sentido que aquí se explica) que sin duda alguna se halla persuadido de algo como totalmente cierto.

III. Certeza de la fe.

26. Nadie debe pensar que es menos cierto el conocimiento que adquirimos por la fe, aunque no veamos las cosas que nos propone para creer, pues la divina luz con que las percibimos, si bien no las aclara en sí, no nos deja lugar para dudar de ellas97 ; porque el Señor que hizo salir la luz de las tinieblas, él mismo iluminó nuestros corazones, para que su Evangelio no esté encubierto a nosotros, como lo está para los que se pierden98.

IV. La fe excluye la curiosidad.

27. De lo dicho se sigue que quien está adornado con este conocimiento celestial de la fe, queda libre de la curiosidad de inquirir. Porque cuándo Dios nos manda creer, no nos propone sus divinos juicios para escudriñarlos, o que averigüemos la razón o causa de ellos, sino que exige una fe inmutable, la cual hace que se aquiete el alma en la noticia de la verdad eterna. A la verdad, afirmando el Apóstol “Que Dios es veraz, y todo hombre falaz”, y si tendríamos por arrogante e inconsiderado al hombre qué no diera crédito a lo afirmado por un varón grave y docto, sino que le obligara a demostrar su aserto con argumentos y el testimonio de otros, ¿no es verdad que‖ sería muy temerario y atrevido quien oyendo la palabra Dios quisiera indagar las razones de su celestial y saludable doctrina? Por tanto, se ha de conservar la fe, apartando no solamente toda duda, sino aún todo deseo de demostrar sus misterios.

V. Es necesario confesar públicamente la fe.

28. Además de esto, debe enseñar el Párroco que quien dice creo, a más de manifestar con esto el interior asentimiento de su mente, que es acto interno de fe, debe declarar públicamente lo mismo que tiene en el interior de su alma, y con gran decisión confesarlo y predicarlo99.
Porque deben tener los fieles aquel espíritu que hacía decir confiadamente al Profeta: ―Creí, y por esto he hablado‖100, deben imitar a los Apóstoles, los cuales ―respondieron a los príncipes del pueblo: ―No podemos dejar de predicar lo que vimos y oímos‖101. Deben esforzarse con aquella esclarecida voz del Apóstol: ―No me avergüenzo del Evangelio, porque es virtud de Dios para salud de todos los creyentes‖102, y con aquella otra sentencia que confirma en gran manera esta verdad: ―Es necesario creer de corazón para justificarse; y confesar la fe con las palabras para salvarse‖103.

VI. De la excelencia de la fe cristiana.

29. Con lo expuesto, vamos ya descubriendo la dignidad y excelencia de la doctrina cristiana, y lo mucho que por ella debemos a Dios, quien nos ha concedido subir prontamente por estas como gradas de la fe, al conocimiento de lo más sublime y digno de ser deseado con todo el alma.
En esto se diferencian muchísimo la filosofía cristiana y la sabiduría de este siglo, porque esta, procediendo poco a poco, guiada por la sola luz natural, por los efectos y por lo que perciben los sentidos, apenas llega, por último y no sin grandes esfuerzos a contemplar las cosas invisibles de Dios y al conocimiento de la primera causa y autor de todo; mas la filosofía cristiana, de tal manera perfecciona la potencia del humano entendimiento, que sin trabajo puede penetrar los cielos, e iluminado con la divina luz, mirar y contemplar primeramente la misma fuente de toda luz y después lo que está debajo de ella, de suerte que, como dice el Príncipe de los Apóstoles, experimentemos con sumo gozo del alma que somos llamados de las tinieblas a una admirable luz104, y creyendo, nos regocijemos con una alegría inexplicable105. Con mucha razón, pues, confiesan ante todo los fieles que creen en Dios, cuya majestad, según dice Jeremías, es incomprensible106. Y el Apóstol afirma que: “habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio, ni pudo ver”107, pues como El dijo, hablando con Moisés: “No me verá el hombre y vivirá”108. Y la razón de esto, es porque nuestra alma para llegar a Dios, que es lo más sublime, es necesario que enteramente esté libre de los sentidos, lo cual no podemos naturalmente hacer en esta vida109.

VII. Como se manifiesta Dios.

30. Pero aunque esto es así, no dejó el Señor, como dice el Apóstol, de dar testimonio de sí mismo, haciendo beneficios desde el cielo, dando lluvias y tiempos abundantes, y llenando de sustento y alegría los corazones de los hombres. Esta fue la razón que movió a los filósofos a no pensar cosa baja de Dios, apartando muy lejos de El todo lo que es corpóreo, compuesto y mezclado110 ; como también a atribuirle perfecta virtud y abundancia de todos los bienes, de suerte que dimanen de Él, como de una perpetua e inagotable fuente de bondad y benignidad, todos los bienes perfectos sobre todas las cosas oreadas.
Llamáronle también sabio, autor y amador de la verdad, justo, bondadosísimo, y otros semejantes nombres, por los cuales se da a conocer su suma y absoluta perfección; cuya inmensa e infinita virtud, afirmaron, que llenaba todo lugar, y que se extendía por todas las cosas. Pero mucho más alta y esclarecidamente enseñan esto las divinas letras; como en aquel lugar: ―Dios es espíritu‖111. Y en otro: “Sed vosotros perfectos, como lo es vuestro Padre celestial”112. Ítem: ―Todas las cosas están desnudas y descubiertas ante sus ojos‖113. Mas: “Oh alteza de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios!”114. En otro lugar: ―Dios es veraz”115. En otro: “Yo soy camino, verdad y vida” Mas: ―Tu diestra, está llena de justicia‖ Mas: ―Abres tu mano, y llenas de bendición a todo animal”116. Finalmente: “¿A dónde iré yo que me aleje de tu espíritu? ¿Y a dónde huiré que me aparte de tu presencia? Si subo al cielo, allí estás Tú, si bajo al abismo, allí te encuentro. Si al rayar el alba me pusiere alas y fuere a posar en el último extremo del mar, etc.”117. Y “¿por ventura no lleno yo los cielos y la tierra, dice el Señor?”118. Grandes, pues, y excelentes son las cosas que los filósofos alcanzaron de la naturaleza de Dios conformes a la naturaleza de los sagrados libros y consiguientes a la averiguación de sus obras.

VIII. La fe es más fácil y más digna que la ciencia. 

31. Más aun en esto mismo conoceremos la necesidad de la doctrina revelada, si advertimos que la fe no sólo sirve, como ya dijimos, para que los hombres rudos y sin letras conozcan fácil y prontamente lo que sólo los sabios llegaron a descubrir después de un largo y porfiado estudio, sino que aprovecha también para que la noticia de las cosas que se alcanza por la fe se comunique a nuestras almas mucho más cierta y más exenta de todo error, que si las alcanzáramos instruidos por la ciencia humana. Pero ¿cuánto más alto y sublime se ha de reputar aquel conocimiento de Dios que ninguno pudo jamás alcanzar por la sola contemplación de las criaturas, sino que solamente le adquieren los fieles por la luz de la fe? Pues éste se contiene en los artículos del Símbolo, los cuales nos enseñan la unidad de la divina esencia, la distinción de las tres personas, y que el mismo Dios es el último fin del hombre, de quien ha de esperar la posesión de la celestial y eterna bienaventuranza, según aprendimos del Apóstol, quien afirma “que Dios es remunerador de los que le buscan”119.
Cuán grandes sean estas cosas, y si son o no de esta calidad los bienes a que pudo aspirar el humano conocimiento, lo mostró, mucho antes que el mismo Apóstol, el profesa Isaías con estas palabras: ―Desde que el mundo existe, jamás nadie ha entendido, ni ninguna oreja ha oído, ni ha visto ojo alguno, sino sólo tú, oh Dios, las cosas que tienes preparadas para aquellos que te están aguardando‖120.

IX. Ha de confesarse que no hay más que un solo Dios.

32. De lo dicho se infiere que debemos confesar la existencia de un solo Dios, no de muchos, porque como atribuimos a Dios una bondad y perfección suma, es imposible que lo que es sumo y perfectísimo se halle en más de uno, y todo aquel a quien falta algo para ser sumo, desde luego es ya imperfecto, y, por consiguiente, no le conviene la naturaleza y ser de Dios. Esto se prueba también por muchos lugares de la sagrada Escritura. Porque escrito está: “Escucha, oh Israel: El Señor Dios nuestro, es el solo y único Dios y Señor”121. También es mandamiento del Señor: “No tendrás otros dioses delante de mí”122. Además de esto, nos avisa por el Profeta muchas veces: “Yo soy el primero, y yo el último, y fuera de mí no hay otro Dios”123. Asimismo, el Apóstol afirma claramente: “Uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo”124. Ni nos debe extrañar que algunas veces las Santas Escrituras llamen con el nombre de Dios a las criaturas; pues el haber llamado dioses a los profetas y jueces, no fue según el uso de los gentiles, que necia e impíamente fingieron muchos dioses, sino para dar a entender, con un modo acostumbrado de hablar, alguna virtud o ministerio excelente que Dios les concedió graciosamente.
33. Y así cree y confiesa la fe cristiana que Dios es uno en naturaleza, sustancia y esencia, como lo afirmó la Iglesia en el Símbolo del Concilio de Nicea125 para confirmar la verdad. Pero elevándonos a un orden superior, de tal modo entiende ser Dios uno, que venera la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad126, del cual misterio hemos de empezar a tratar, pues se dice en el Símbolo: Padre omnipotente.

X. Cómo conviene a Dios el nombre de Padre.

34. Mas porque este nombre de Padre no se le atribuye a Dios en un solo sentido, se ha de declarar primeramente cuál es el significado más propio que en este lugar tiene. Aun algunos que no fueron instruidos por la fe, entendieron que Dios era una sustancia eterna de la cual tuvieron origen las cosas, y con cuya providencia se gobernaban127, conservando cada una su orden y estado. Y por esto a semejanza de las cosas humanas, así como llamaban padre a aquel de quien desciende la familia, y con cuya dirección y mando se gobierna, así también por este motivo quisieron llamar Padre a Dios, a quien reconocían por autor y gobernador de todas las cosas. Del mismo nombre usaron también las santas Escrituras, cuándo hablando de Dios Indicaron que a Él se le debía atribuir la creación, potestad y admirable providencia de todo lo que existe; pues leemos: ―¿Por ventura es él tu Padre, que te poseyó, amo y creó?‖128. Y en otra parte: ―¿Por ventura no es uno el Padre de todos nosotros? ¿No nos crió un solo Dios?‖129.

XI. Dios es Padre principalmente de los cristianos.

35. Pero mucho más frecuentemente, y por un título especial, se llama Dios, mayormente en los libros del Nuevo Testamento, Padre de los cristianos, los cuales no han recibido el espíritu de la antigua servidumbre en temor, sino el espíritu de hijos adoptivos de Dios, con que claman: Padre, Padre130, porque hizo con nosotros el Padre la caridad de que nos llamemos y seamos hijos de Dios, y si somos hijos, somos también herederos, es a saber: herederos de Dios, y coherederos de Cristo131, que es el Primogénito entre muchos hermanos132, ni se avergüenza de llamarnos hermanos133. Por tanto, ya se atienda al motivo general de la creación y providencia, ya al particular de la espiritual adopción de hijos de Dios, en verdad, confiesan los fieles, que creen en Dios Padre134. Pero, a las otras criaturas les ha dado ciertos regalos, pero a nosotros nos ha confiado su heredad, y esto como a hijos, y si somos hijos también nos pertenece la herencia. ―No habéis recibido ahora el espíritu de además de estas significaciones que hemos explicado, enseñará el Párroco que al oír el nombre de padre se ha de elevar la mente a misterios más altos. Porque en este vocablo Padre, empiezan los oráculos divinos a descubrirnos lo más recóndito y elevado que hay en aquella inaccesible luz en que cielos habita, lo cual la humana inteligencia no sólo no podía conocerlo mas ni aun imaginarlo. ―Se llama a Dios, Padre, dice Sto. Tomás, por razón del modo especial con que nos ha criado, es decir, a su imagen y semejanza, la cual no imprimió a otras inferiores criaturas. “El es tu Padre que te crió y te hizo.” También se llama Padre, por razón del modo con que nos gobierna. Aunque gobierna todas las cosas, a nosotros nos gobierna como a señores, a las otras criaturas como a esclavos. “Tu Providencia, oh Padre, gobierna todas las cosas.” “Y nos gobiernas con suma moderación.” Asimismo se llama Padre, porque nos ha adoptado.

XII. El nombre de Padre indica pluralidad de personas.

36. Este mismo nombre nos indica que en una sola esencia de la divinidad se debe creer, no una sola persona sino distintas. Tres son las personas en la divinidad: la del Padre, que de ninguno procede, la del Hijo, que ante todos los siglos es engendrado por el Padre, y la del Espíritu Santo, que igualmente procede desde la eternidad del padre y del Hijo. Es el Padre, en una misma esencia de la divinidad la primera persona, quien con su Hijo unigénito y el Espíritu Santo es un Dios y un Señor, no en la singularidad de una persona sino en la Trinidad de una sustancia135. Pero estas tres divinas Personas, siendo ilícito pensar alguna desemejanza o desigualdad entre ellas, sólo ge entienden distintas por sus propiedades; porque el Padre es no engendrado, el Hijo engendrado por el Padre y el Espíritu Santo procede de ambos. Y así, de tal manera confesamos una misma esencia y una misma sustancia en todas tres personas, que en la confesión de la verdadera y eterna Deidad, creemos deber ser adorada piadosa y santamente la propiedad en las Personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la Trinidad.

XIII. De qué modo el Padre es la primera Persona.

37. Guando decimos que el Padre es la primera persona, no ha de entenderse esto de tal suerte que creamos exista en la Trinidad alguna cosa primera o postrera, mayor o menor. No permita Dios tal impiedad en las almas de los fieles, cuándo enseña la religión cristiana una misma eternidad, y una misma majestad de gloria en todas tres personas. Mas, por eso afirmamos verdaderamente y sin ninguna duda, que el Padre es la primera persona, porque él es principio sin principio, la cual persona, así como se distingue de las demás en la propiedad de Padre, así a sola ella conviene particularmente el haber engendrado al Hijo desde la eternidad; por eso al pronunciar en esta confesión juntos los nombres de Dios y de Padre, se nos significa que la primera Persona, siempre fue juntamente Dios y Padre.

XIV. No hemos de escudriñar sutilmente el misterio de la Santísima Trinidad.

38. Mas, porque ninguna otra cosa podemos, ni tratar más peligrosamente, ni en otra alguna errar más gravemente que en el conocimiento y explicación de este misterio, que es el más alto y más difícil, enseñe el párroco que se han de conservar y retener con religioso cuidado los vocablos propios de esencia y de Persona, con los cuales se expresa este misterio. Y sepan los fieles que la esencia es una, más distintas las personas. Pero de ningún modo conviene investigar con sutileza estos misterios, acordándonos de aquella voz: “El escudriñador de la Majestad será oprimido de la gloria”136. Pues, debemos juzgar bastante para nuestra seguridad saber cierta e indubitablemente por la fe, que así nos lo enseñó Dios, a cuyos oráculos no creer, es la última necedad y miseria. ―Enseñad, dice, a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo‖137. Y en otra parte: ―Tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son una misma cosa‖138. Con todo, aquel que por beneficio de Dios cree estos misterios, pida sin cesar y suplique a Dios y al Padre que creó de la nada todas las cosas, y las gobierna con suavidad, quien también nos dio el derecho de hijos adoptivos suyos, y reveló el misterio de la Trinidad al entendimiento humano, ore vuelvo a decir y pida incesantemente, que sea digno, de que admitido alguna vez en las moradas eternas, vea cuán grande es la fecundidad de Dios Padre, que mirando y entendiéndose a sí misino engendra al Hijo, igual y semejante a él mismo; y de qué modo un mismo e igual amor de los dos, que es el Espíritu Santo, quien procede del Padre y del Hijo, une y junta entre sí con un eterno e indisoluble lazo al que engendra y al que es engendrado, y que así sea una la esencia de la Trinidad, y perfecta la distinción de las tres Personas.

XV. Por qué se dan a Dios nombres insignes. Omnipotente.

39. Las santas Escrituras suelen explicar con muchos nombres el sumo poder y la inmensa majestad de Dios, para manifestar con cuánta sumisión y piedad debamos venerar su santísimo nombre; pero en primer lugar enseñe el Párroco, que el poder infinito de todas las cosas es el que se le atribuye muy frecuentemente. Pues El mismo dice de sí: “Yo soy Dios omnipotente”139 Y en otro lugar al enviar Jacob sus hijos a José; oró por ellos de este modo: “Ojala el Dios mío todopoderoso os lo depare propicio”140. Y en el Apocalipsis está escrito: “El Señor Dios todopoderoso, que es, y que era y que ha de venir”141, y en otra parte el día final se nombra: ―Día grande del Dios todopoderoso‖142. Suele también significarse lo mismo con muchas palabras, como cuándo se dice: “No habrá cosa imposible para Dios”143. Y en otra parte: “¿Pues qué, acaso flaquea la mano del Señor?”144. Y en otra: ―Tienes siempre en tu mano el usar del poder cuándo quisieres‖145; y otros testimonios semejantes. En estos diferentes modos de hablar se manifiesta todo cuánto signifique la palabra Omnipotente.

XVI. Qué significa Omnipotente.

40. Entendemos por este nombre, que ni hay ni se puede pensar cosa alguna que Dios no pueda hacer. Porque no sólo tiene poder para aquellas cosas que si bien muy grandes podemos nosotros pensarlas, como aniquilarlo todo, y crear de repente muchos mundos, sino que también están en su poder otras mucho mayores, que ni imaginarlas puede el entendimiento humano. Pero aunque Dios puede todas las cosas, no se sigue de ahí que pueda mentir, engañar o ser engañado, pecar, perecer o ignorar; pues estas cosas son propias de aquella naturaleza cuyas acciones son imperfectas. Pero Dios, cuya acción es siempre perfectísima, en tanto se dice que no pueden estas cosas, en cuánto tal poder nace de imperfección, no de suma virtud, cual es la que tiene Dios. Y así de tal manera creemos que Dios es Omnipotente, que al mismo tiempo entendemos estar muy lejos de su Majestad todo lo que no es muy conforme y conveniente a su naturaleza.

XVII. Por qué el Símbolo nos propone a Dios como Omnipotente.

41. Enseñe también el Párroco que recta y sabiamente se dispuso que, omitidos otros nombres atribuidos a Dios, se nos propusiera en el Símbolo para creer este solo nombre de Omnipotente. Pues conociendo que Dios es omnipotente, es también necesario que confesemos su infinita sabiduría, y que todo está sujeto a su imperio. Y convencidos de que lo puede todo, legítimamente se deduce que tengamos por muy ciertas todas las demás perfecciones, las cuales si no las tuviese, de ninguna manera podríamos entender cómo sería Omnipotente. Además de esto, ninguna cosa es tan propia para confirmar nuestra fe y esperanza, como tener bien asentado en nuestra mente, que nada hay imposible a Dios. Y a la verdad, después que el entendimiento humano reconoce la omnipotencia; de Dios, fácilmente cree sin género de duda lo demás que se ha de creer, por más grande y admirable que sea, aunque exceda al orden y modo de las cosas; antes bien cuánto mayores son las cosas que enseñan las divinas Escrituras, tanto de más buena gana juzga que han de ser creídas. Del mismo modo, si es necesario esperar algún bien, nunca se desalienta el alma por la grandeza de lo que: pide, antes se esfuerza y conforta pensando muchas veces que nada hay imposible para un Dios Omnipotente.

XVIII. Utilidad de la fe en la Omnipotencia divina.

42. Por esto conviene mucho estar fortalecidos con esta fe, especialmente cuándo nos vemos en la precisión de hacer alguna obra extraordinaria para bien y utilidad de los prójimos, o cuándo deseamos alcanzar algo de Dios con nuestras oraciones. Lo primero lo enseñó el mismo Cristo, cuándo reprendiendo la incredulidad de sus Apóstoles, les dijo: “Ciertamente os aseguro que si tuviereis fe tan grande como un granito de mostaza podréis decir a ese monte: Trasládate de aquí allá, y se trasladará, y nada os será imposible”146. Y lo otro testificó Santiago diciendo: “Pida con fe sin sombra de duda o desconfianza; pues quien anda dudando, es semejante a la ola del mar alborotada y agitada del viento, acá y allá. Así que, un hombre semejante no tiene que pensar que ha de recibir poco ni mucho del Señor”147. Otras muchas utilidades y provechos nos proporciona esta fe. Primeramente nos dispone para toda modestia y humildad de ánimo, pues dice así el príncipe de los Apóstoles: “Humillaos debajo de la mano poderosa de Dios”148. Enséñanos también que no debe temerse donde no hay por qué, y que solamente se ha de temer a Dios en cuya potestad estamos, con las cosas nuestras; pues dice nuestro Salvador: Yo os mostraré a quien habéis de temer. Temed a aquel que después de muerto el cuerpo, tiene poder para echar el alma en el infierno”149. Asimismo nos valemos de esta fe para reconocer y celebrar los inmensos beneficios de Dios hacia nosotros, porque quien contempla a Dios Omnipotente, no puede ser de corazón tan ingrato que deje de exclamar muchas veces: “Cosas grandes hizo en mí, el que es poderoso”150.

XIX. En la Trinidad, no hay tres omnipotentes.

43. Mas porque en este artículo llamamos al Padre omnipotente, nadie debe creer falsamente que de tal manera se le atribuye, que no sea también propia del Hijo y del Espíritu Santo, pues así como decimos Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu | Santo, y, con todo, no decimos haber tres dioses, sino un Dios; así también confesamos igualmente Omnipotente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, más no decimos que haya tres Omnipotentes, sino sólo uno. Llamamos Todopoderoso al Padre por la razón particular de que es la fuente de todo origen, así como al Hijo que es la palabra eterna del Padre atribuimos la sabiduría, y la bondad al Espíritu Santo que es el amor del Padre y del Hijo, aunque estos y otros semejantes nombres se digan comúnmente de todas tres Personas según la regla de la fe católica.

XX. De qué hizo Dios al mundo, de qué modo y para qué fin.

44. Creador del cielo y de la tierra. Cuán necesario haya sido instruir a los fieles, en primer lugar, sobre el conocimiento de Dios Omnipotente, se puede ver por las cosas que ahora se han de explicar acerca de la creación del universo. Porque tanto más fácilmente se cree el milagro de una obra tan grande, cuánto no hay duda alguna acerca del inmenso poder del Creador. No fabricó Dios el mundo de materia alguna, sino que le creó de la nada151, ni hizo esto forzado de alguna violencia o necesidad, sino de su libre y mera voluntad152. Ni hubo otra causa que le indujese a esta obra, sino la de comunicar su bondad a las cosas que creó. Porque la naturaleza de Dios siendo por sí misma infinitamente bienaventurada, de nada necesita, como dice David: ―Dije al Señor, tú eres mi Dios, porque no necesitas de mis bienes‖153. Así como movido de su bondad hizo cuánto quiso, así también, al crear todas las cosas, no se guió por algún ejemplar o modelo que estuviese fuera de sí mismo, sino que por contenerse en su inteligencia divina el ejemplar de todas ellas, viéndole en sí mismo el supremo artífice, y como imitándole, creó en el principio el universo con aquella sabiduría e infinita virtud que le es propia. “Porque él dijo, y las cosas fueron hechas; él mandó y luego fueron creadas”154.

XXI. Qué se ha de entender por cielo y tierra en este lugar.

45. Más, en nombre de cielo y tierra, se ha de entender todo lo que ellos contienen. Porque, además de los cielos, que el Profeta llamó obra de sus dedos155, añadió también el resplandor del sol, y la hermosura de la luna y demás planetas; y para que los días y los años156 sirviesen de señales y distinguiesen los tiempos, ordenó los astros del cielo con un curso tan cierto y permanente, que ni puede verse cosa más movible que su perpetua revolución, ni otra más cierta que su movimiento.

XXII. De la creación de los ángeles.

46. Además, creó Dios de la nada, la naturaleza espiritual e innumerables ángeles para que le sirviesen y asistiesen, a los cuales luego enriqueció y adornó con el don maravilloso de la gracia y poder. Porque diciendo la sagrada Escritura que “El diablo no permaneció en la verdad”, se nos declara que él y todos los demás ángeles desertores fueron adornados con la gracia desde el principio de su creación. Acerca de lo cual habla así San Agustín: “Dios creó los ángeles con buena voluntad, esto es, con el amor casto con que se unen con él, formando en ellos la naturaleza y al mismo tiempo dándoles la gracia”.
Y así se ha de creer que los ángeles buenos nunca estuvieron sin buena voluntad o sin amor de Dios. Por lo que se refiere a su ciencia, hay aquel testimonio de las letras sagradas: “Tú, Señor mi Rey, eres sabio así como tiene sabiduría un ángel de Dios, de modo que entiendes todas las cosas sobre la tierra”157. En cuanto a su poder, se le atribuye el profeta David por aquellas palabras: “Poderosos en virtud y que cumplen vuestros mandamientos”158. Por esta razón se llaman muchas veces en las sagradas letras virtudes y ejércitos del Señor. Pero aunque todo ellos fueron enriquecidos con celestiales dones, no obstante muchísimos por haberse apartado de Dios su Padre y Criador, fueron derribados de aquellas sublimes tronos y encerrados en una oscurísima cárcel de la tierra, donde pagan las penas eternas de su soberbia. De ellos escribe así el Príncipe de los Apóstoles: “No perdonó Dios a los ángeles que pecaron, antes amarrados con las cadenas del infierno, los entregó a sus tormentos, reservándolos para el juicio”.

XXIII. De la creación de la tierra.

47. A la tierra también fundada sobre su firmeza, mandó Dios por su palabra, que se mantuviera estable en medio del mundo, e hizo que “se alzasen los montes y abajasen los valles en el lugar que les estableció”, y para que no la anegasen la fuerza de las aguas, les puso un límite que no traspasarán, ni se elevarán para cubrir la tierra. Después no solamente la vistió y hermoseó con toda variedad de árboles, hierbas y flores, sino que la pobló también de innumerables especies de animales, al modo que antes había ya poblado las aguas y el aire.

XXIV. De la creación del hombre.

48. Últimamente formó Dios al hombre del lodo de la tierra, dispuesto y ordenado en cuánto al cuerpo, de tal modo que fuese inmortal e impasible, no por virtud de su naturaleza, sino por beneficio de Dios. Por lo que refiere al alma, le formó a su imagen y semejanza, le dio libre albedrío, y con tal armonía ordenó sus movimientos y apetitos, que nunca dejasen de obedecer al imperio de la razón. Además de esto, le concedió el don maravilloso de la justicia original, y quiso también que presidiese a los demás animales. Todo lo cual fácilmente podrán saber lo Párrocos para instrucción de los fieles por la historia del Génesis.

XXV. Por los nombres de cielo y tierra se entienden todas las cosas visibles e invisibles.

49. Estas son las cosas que sobre la creación del Universo se han de entender por las palabras Cielo y Tierra, lodo lo cual comprendió brevemente el Profeta con estos términos: “Tuyos son los cielos y tuya es la tierra, la redondez de ella con todas las cosas de que está poblada, tú la fundaste”159. Pero, aún más brevemente los expresaron los Padres del Concilio de Nicea con aquellas palabras: visibles e invisibles que añadieron al Símbolo. Porque todas las cosas contenidas en el universo y que confesamos haber creado Dios, o se pueden percibir por algún sentido, y por lo mismo se llaman visibles, o se pueden percibir con el entendimiento, y ésas se denotan con el nombre de invisibles.

XXVI. Lo que Dios creó no puede subsistir sin su providencia.

50. Mas no hemos de creer que Dios es creador y hacedor de todas las cosas de tal suerte que después de haber acabado y perfeccionado su obra, puedan subsistir sin su infinito poder las cosas creadas. Porque así como el sumo poder, sabiduría y bondad de Dios, dio a todas ellas su ser, así también si su perpetua providencia no las mantuviera después de creadas, y no las conservase con el mismo poder con que al principio las hizo, al instante se aniquilarían. Esto declara la Escritura cuándo dice: “¿Cómo pudiera durar alguna cosa, si tú no quisieses ¿Ni cómo conservarse nada sin orden tuya?” Sab. XI. 26.

XXVII. Dios con su providencia no impide la actitud de las causas segundas.

51. No solamente conserva y dirige el Señor con su providencia todas las criaturas que existen, sino también a las que tienen vida y obran las excita con íntima virtud al movimiento y acción, de tal modo, que si bien no impide, previene la eficacia de las causas segundas, porque su ocultísima virtud se extiende a cada una de las cosas en particular; y como afirma el Sabio: “Se extiende fuertemente de un extremo a otro, y lo ordena todo con suavidad”160. Sab., VIII, 1.
Por lo cual al anunciar el Apóstol a los de Atenas el Dios que ignorantes adoraban, dijo: “No está lejos de cada uno de nosotros, porque por El vivimos, nos movemos y somos”161. Act., XVII, 27, 28.

XXVIII. La obra de la creación no se ha de atribuir solamente al Padre.

52. Esto baste en orden la explicación del primer Artículo, advirtiendo solamente que la obra de la creación es común a todas las personas de la santa e individua Trinidad, porque en este lugar confesamos, con la doctrina de los Apóstoles, que el Padre es creador del cielo y de la tierra, y en las santas Escrituras leemos esto mismo del Hijo: “Todas las cosas fueron hechas por él”162. Joan., I, 3, y también del Espíritu Santo: “El Espíritu del Señor era llevado sobre las aguas”163. Gen., I, 2. Y en otra parte: ―Con la palabra del Señor se hicieron firmes e incorruptibles los Cielos, y con el Espíritu de su boca se hizo toda su virtud y adorno”164. Psalm., XXXII, 6.

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Como particularidades dignas de atención, podemos notar en todas estas profesiones de fe el indicarse a Pondo Pilato como autor de la condenación de Jesús; además, todas ellas dicen que Jesucristo resucitó al tercer día. 97 “Deus qui dixit de tenebris lucem splendescere, ipse illuxit in cordibus nostris.” II. Corin., IV, 6.
98 “Quod si etiam opertum est evangelium nostrum, in iis, qui pereunt est opertum.” II. Corin., IV, 3.
99 “Est autem Deus verax: omnis autem homo me dax.” Rom., III, 4.
100 “Credidi propter quod locutus sum.” Psal. CXV, I
101 “Non loqui.” Act., IV, 20.
102 “Non erebusco Evangelium, virtus enim Dei in salutem omnl credenti.” Rom., I, 16. 103 “Corde creditur ad justitiam, ore autem confeb sio fit ad salutem.” Rom., X, 10.
104 “Qui de tenebris vos vocavit in admirabile lumen suum.” I. Petr., II, 9.VI, 16.
105 “Credentes exultabitis lsetitia inenarrabill.” I. Petr., I, 8.
106 “Incomprehensibilis cogitatu.” Hier., XXXII, 19.
107 ―Lucem Inhabitat inaceessibilem, quem nullus hominum vidit, sed nec videre potest.” I. Tim., VI, 16.
108 “Non enim videbit me homo, et vivet.” Exod., XXXIII, 20.
109 No queremos dejar de transcribir aquí la definición que de Dios nos da el Concilio Vaticano. Dice así: “La Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, Creador y Señor del Cielo y de la tierra, todopoderoso, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual siendo una sustancia espiritual, singular, simple de todo punto e inmutable, debe ser predicado como real y esencialmente distinto del mundo, dichosísimo en sí y por sí, e inefablemente excelso sobre todo cuanto fuera de Él existe y puede ser concebido.” Cap. I, de la ses. III, del Conc. Vat.
110 ―Dios no puede concebirse de otra manera sino confesando que es cierto espíritu libre, independiente de la materia, el cual todo lo siente y mueve.‖ Cic, I, Tus., 66.‖ ―Los bienes de que usamos, la luz que nos ilumina, y el espíritu que nos mueve, todo lo recibimos de Dios.‖ Coc. pro Bosc. ―Los dioses constantemente nos benefician con sus dones. Sus dones algunas veces los derraman espontáneamente, otras los conceden a quienes los piden. ¿Quién no ha experimentado la munificencia de los dioses? Nadie hay que no haya experimentado los beneficios celestes, nadie existe que no haya participado algo de aquella fuente benignísima.‖ Séneca, 4, Benef., c. 44.
111 “Spiritus est Deus.” Joan., IV, 24.
112 “Estote vos perfecti, sicut et Pater vester coelestis perfectus est.” Matth., V, 48.
113 “Omnia nuda et aperta sunt oculis eíus.” Hebr., IV, 14.
114 “O altitudo divitiarum sapientiae et scientiae Dei.” Rom., XI, 33.
115 “Deux verax eat” Rom., III, 4.
116 “Aperis tu manum tuam, et imples omne animal benedictione.” Psal., CXLIV, 16.
117 “Quo ibo a spiritu tuo? et quo a facie fugiam? Si ascendero in coelum, tu illic es: si descendero in infenium, ades. Si sumpiero pennas meas ducculo, et ha bitavero in extremis maris.” Pral., CXXXVIII, 8, 9, 10.
118 “Numquid non coolum et terram ego impleo, dicit Dominus?” Hier., XXIII, 24.
119 “Inquirentibus, se remunerator sit.” Hebr., XI, 6.
120 “A saculo non audierunt, neque auribus percepe iunt: oculus non vidit, Deus, absque te, quae praeparasti expectantitbus te.” Isai., LXIV, 4.
121 “Audi, Israel: Dominus Deus noster Deus unus est.” Deut., VI, 4.
122 “Non habebis déos alíenos corana me.” Exod., XX, 3.
123 “Ego pumus et novissimus, et absque me non est Deus.” Isai., XLIV, 4.
124 “Unus Dominus, una fules, umim baptima.” Ephe., IV, 5.
125 Ya se pudo notar que en la fórmula o profesión de fe de la Iglesia de Antioquía se hacía confesión de fe sobre la unidad de Dios con aquellas palabras: “Credo in unum et solum verum Deum”. En el Símbolo de Nicea leemos: “Credimus in unum Deum”.
126 “Unitas in Trinitate, et Trinitas in unitate veneranda sit.” Ex symbolo Athanasiano. 127 “Mundus administratur providentia deorum.” Cicer., I, divin.
128 “Numquid non ipse est pater tuus, qtii possedit, et fecit et ereavit te.” Deut., XXXII, 6.
129 “Numquid non pater unus omnium nostrum? numquid non Deus unus ereavit nos?” Malach., II, 10.
130 “Non enim accepistis spiritum servitutis iterum in timore, sed accepistis spiritum adoptionis filiorum, in quoclamamus: Abba (Pater).” Rom., VIII, 15.
131 “Ipse enim Spiritus testimonium reddit spiritui nostro, quod Sumus filii Dei. Si autem filii et haeredes: haeredes quidem Dei, cohaeredes autem Christi.” Rom., VIII, 16, 17 132 “Et sit ipse primogenitus in multis fratibus.” Rom., VIII, 29.
133 “Non confunditur frates eos vocare.” Hebr., II, 11.
134 ―Se llama a Dios, Padre, dice Sto. Tomás, por razón del modo especial con que nos ha criado, es decir, a su imagen y semejanza, la cual no imprimió a otras inferiores criaturas.―El es tu Padre que te crió y te hizo.‖ También se llama Padre, por razón del modo con que nos gobierna. Aunque gobierna todas las cosas, a nosotros nos gobierna como a señores, a las otras criaturas como a esclavos. ―Tu Providencia, oh Padre, gobierna todas las cosas.‖ ―Y nos gobiernas con Misma mo-deración.‖ Asimismo se llama Padre, porque nos ha adoptado; a las otras criaturas les ha dado ciertos regalos, pero a nosotros nos ha confiado su heredad, y esto como a hijos, y si somos hijos también nos pertenece la herencia. ―No habéis recibido ahora el espíritu de servidumbre para obrar todavía solamente por temor como esclavos, sino que habéis recibido el espíritu de adopción de hijos, en virtud del cual clamamos con toda confianza: Abba, esto es, ¡oh Padre mío!‖ ―Cualquiera que adora a un Dios y le ruega, debe adorarle y rogarle como a Padre, no solamente para testificar su respeto, sino también para reconocer que como Padre nos da la vida y todos los bienes.‖ Lactancio. De ver. sap., I, 4.
135 “Qui cum unigenito Filio tuo, et Spiritu sancto, unus es Deus, unus es Dominus: non in unius singularitate personae, sed in unius Trinitate substantiae.” Pref. Trinit.
136 “Qui scrutator est Maiestatis, opprimetur a gloria.” Prov., XXV, 27.
137 “Docete omnes gentes baptizantes eos in nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti.” Matth., XXVIII, 19.
138 “Tres sunt qui testimonium dant in coelo : Pater, Verbum et Spiritus Sanctus, et hi tres unum sunt.” Joan., V, 7.
139 “Ego Deus omnipotens.” Gen., XVII, 1.
140 “Deus autem meus omnipotens faciat vobis placabilem.” Gen., XMII, 14.
141 “Doininus Deus, qui est, et qui erat, et qui venturas est, omnipotens.” Apoc, I, 8.
142 “Dies magnus Dei omnipotentis.” Apoc, XIV, 14.
143 “Non erit impossibile apud Deum.” Luc, I, 37.
144 “Numquid manus Domini invalida est?” Num., XI, 23.
145 “Subest tibi, cum volueris, posse.” Sab., XII, 18.
146 “Si habueritis fidem sicut granum sinapis dicetis monti huic: Transi hine illuc, et transibit; et nihil impossibile erit vobis.” Matth., XVII, 19.
147 “Postulet in fide nihil haesitans: qui enim haesitat similis est fluctui maris, qui a vento movetur et circumfertur : non ergo aestimet homo ille quod accipiat aliquid a Domino.” Jac, I, 67.
148 “Humiliamini sub potente mana Dei.” I. Petr. V, 6.
149 “Ostendam vobis quen timeatis. Timete eum qui Postquam occiderit, habet protestatem mittere in gehennam.” Luc, XII, 5.
150 “Fecit milii magna qui potens est.” Luc, l, 40.
151 Firmemente creemos y confesamos llanamente, que hay un solo y verdadero Dios, el cual con su omnipotente virtud creó de la nada juntamente desde el principio del tiempo a entrambas criaturas, a la espiritual y corporal, a saber a la celestial y a la del mundo, y, finalmente, al hombre como compuesto de espíritu y cuerpo.‖ Ex Conc. Lateran., IV. ―Firmemente cree, profesa y predica que un verdadero Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo es el criador de todo lo visible e invisible.‖ Ex Conc. Florent. ―Si alguno negare a un solo verdadero Dios, Criador y Señor de todas las cosas visibles y de las invisibles, sea excomulgado.‖ Ex Conc. Vat., Can. 1, de Deo Creat. ―Si alguno no confesare que el mundo y todas las cosas que en él se contienen, las espirituales y las materiales, en la totalidad de su sustancia han sido producidas de nada por Dios, sea excomulgado.‖ Ex Conc. Vat., Can. 5, de Deo Creat.
152 ―Este único y verdadero Dios, por su bondad y omnipotente virtud, y no para aumentar su dicha, ni para adquirir su perfección, sino para manifestarla por los bienes que a las criaturas otorga; con libérrimo consejo desde el principio del tiempo, hizo de nada juntamente a una y otra criatura, espiritual y corporal, o sea angélica y mundana, y, por fin, la humana formada de espíritu y de cuerpo, como común a entrambas.‖ Ex Conc. Vat. Cap. I, de Deo Creat. Sesión III, 24 abril de 1870.
153 “Deus meus es tu, quoniam bonorum meorum non eges”. Psalm., XV, 1.
154 “Ipse dixit et facta sunt: ipse mandavit, et creata sunt”. Psalm., CXLVIII, 5.
155 “Quoniam videbo coelos tuos, opera digitorum tuorum: lunam et stellas, quae tu fundasti.” Psal.VIII, 4.
156 “Fiant luminaria in firmamento coeli, et dividant diem ac noctem, et sint in signa et tempora, et dies et annos.” Gen., I, 14.
157 “Tu Domine mi rex, sapiens es, sieut habet sapientiam angelas Dei, ut intelligat omnia super teiram.” II, Reg, XIV, 26.
158 “Potentes virtute, facientes verbum illius.” Psal., CII, 20.
159 “Tui sunt caeli, et tua est terra, orbem terrae, et plenitudinem eius tu fundasti.” Psalm., LXXXVIII, 12.
160 “Attingit a fine usque ad finem fortiter, et disponit omnia suaviter.” Sap., VIII, 1. 161 “Non longe est ab uno quoque nostrum: in ipso enim vivimus, et movemur, et sunius.” Act., XVII, 21, 28.
162 “Omnia per ipsum facta sunt.” Joann., I, 3.
163 “Spiritus Dei ferabatur super aquas.” Genes., I, 2.
164 “Verbo Domini coeli firmati sunt, et spiritu oris eius omnis virtus, eorum.” Psahm, XXXII, 6.
 
 
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