TERCER DOMINGO DE PASCUA


TERCER DOMINGO DE PASCUA

R. P. Juan Carlos Ceriani

Continuamos con nuestros comentarios pascuales sobre el Apocalipsis. Les recuerdo que durante esta tercera semana después de Pascua, la Santa Liturgia pone en nuestros labios en el Santo Oficio las palabras del Librito de San Juan.

Contemplaremos hoy las figuras y símbolos de las Dos Mujeres del Apocalipsis, y más particularmente la de una de ellas.

Cuando comienza el desenlace del Apocalipsis aparecen, en efecto, dos misteriosas Mujeres, una Madre y una Mala Hembra:

Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas; la cual, hallándose encinta, gritaba con dolores de parto y en las angustias del alumbramiento
(12, 1-2).

Entonces vino uno de los siete Ángeles que llevaban las siete copas y me habló: Ven acá, que te voy a mostrar el juicio de la Ramera Grande, la que está sentada sobre muchas aguas; con la que han fornicado los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución. Y me llevó a un desierto en espíritu; y vi una mujer sentada sobre una Bestia purpurea, repleta de nombres de blasfemias, que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y cubierta de oro, piedras preciosas y perlas; y llevaba en su mano un cáliz de oro lleno de abominaciones, y también las inmundicias de su fornicación. Escrito sobre su frente tenía grabado un nombre, un misterio: Babilonia la Grande, la madre de los fornicarios y de las abominaciones de la tierra. Y vi a la mujer ebria de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús. Y al verla me sorprendí con sumo estupor
(…)
Y me dijo: Las aguas que viste, sobre las cuales tiene su sede la Ramera, son pueblos y muchedumbres y naciones y lenguas. Y los diez cuernos que has visto, así como la Bestia, van a aborrecer a la Ramera; la dejarán desolada y desnuda, comerán sus carnes y la abrasarán por el fuego; porque Dios ha puesto en sus corazones hacer lo que a Él le plugo, ejecutar un solo designio: dar la autoridad de ellos a la Bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Y la mujer que has visto es aquella ciudad, la grande, la que tiene imperio sobre los reyes de la tierra
(17, 1-6 y 15-18).

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La Visión de la Gloriosa Parturienta pertenece a la Séptima Trompeta. Esta Mujer es, o bien la Virgen Santísima, o la Iglesia, o Israel.

No conviene simplemente ni con María Santísima ni con la Iglesia; aunque en cierto modo, sí; por lo cual la Liturgia lee este pasaje figurativamente en algunas fiestas de Nuestra Señora, y los pintores cristianos representan con ese símbolo la Inmaculada Concepción.

Como símbolo de Israel, alude a la conversión de los judíos en los últimos tiempos.

La Mujer de las doce estrellas aparece en el cielo como un signo grande, es decir, una realidad prodigiosa y misteriosa. Esta personificación de la comunidad teocrática era tradicional, y la imagen de Sión en trance de alumbramiento no era desconocida del judaísmo.

El vestido de sol es la fe verdadera y la luna bajo los pies es el mundo cambiante; la corona de doce estrellas es la plenitud de la doctrina y los predicadores de ella.

Por eso se dice que en los últimos tiempos el sol se oscurecerá y caerán las estrellas. Aquí mismo, en esta visión, hay una gran caída de estrellas, la tercera parte de las estrellas del cielo, arrastradas por la cola del dragón y que son arrojadas a la tierra; eso significa la gran cantidad de doctores del error que habrá en la consumación de los siglos.

El Hijo Varón levantado al Trono de Dios es sin duda Jesucristo; y por cierto, no el Cristo del Calvario, sino el de la Parusía, que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro.

Dar a luz a Cristo puede convenir solamente a María Santísima, a la Iglesia y a Israel. Excluidas las dos primeras (aunque no del todo, porque están incluidas en el Israel de Dios) por no convenir a ellas las peripecias que aquí narra el Profeta, la visión significa el Israel de Dios, como lo vieron San Hipólito, San Victorino, San Agustín, San Beda.

El Israel de Dios es simbolizado en las Sagradas Escrituras por una esposa, a la cual se promete el perdón de su infidelidad, la total purificación y el desposorio final.

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En la Escritura la Mujer significa habitualmente Israel, es decir, la Religión.

Dios apostrofa a su pueblo como a una adúltera o la requiebra como una novia. Los deuteroprofetas abandonan incluso la imagen de Reino para insistir en la figura de Esposa.

Las dos mujeres del Apocalipsis representan la religión verdadera en sus dos polos opuestos: la religión fiel y la religión corrompida.

Estos dos aspectos de la religión son perfectamente distinguibles para Dios, pero no siempre para nosotros. La cizaña se parece al trigo y no será separada hasta la siega. Una prostituta no se distingue en la naturaleza ni en la forma de una mujer honesta; sigue siendo mujer, no se vuelve bestia…; está sentada sobre la Bestia…

Por eso San Juan vio en la frente de la Ramera la palabra misterio, y dice que se asombró sobremanera, y el Ángel le dice: Ven y te explicaré el arcano de la Bestia. Es el misterio de iniquidad, la abominación de la desolación; la parte carnal de la Iglesia ocultando, adulterando e incluso persiguiendo la verdad… Sinagoga de Satanás

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Sin embargo, tenemos algunos indicios claros que nos pueden ayudar a diferenciarlas:

X

Dios mediante ya contemplaremos, en el Quinto Domingo de Pascua, a la Esposa del Cordero, tal como San Juan la vio y nos la hace conocer en el capítulo XXI. Un contraste mayor no puede haber.

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El concepto de adulterio espiritual sólo se ve en el judaísmo y el cristianismo, cuando éstos se han alejado moral y espiritualmente de Dios.

La esposa comete adulterio:

* cuando su legítimo Señor y Esposo, Cristo, no es ya su alma y su todo;

* cuando los gozos de su Casa no son ya toda su vida;

* cuando codicia lo transitorio del mundo en sus diversas manifestaciones;

* cuando mira sus grandezas, riquezas y honores con ojos golosos;

* cuando busca la alianza de un poder terreno contra la amenaza de otro poder terreno;

* cuando los teme demasiado;

* cuando reconoce al mundo como una realidad muy ponderable, y lo mira como una potencia cuya ira procura evitar a cualquier costa;

* cuando solicita su agrado y benevolencia;

* cuando está encantada con la sabiduría, educación, ciencia, cultura, política, diplomacia, etc. de ese mundo apóstata.

Todo esto es lo que llama el Profeta fornicar con los reyes de la tierra.

Fornicación llaman los profetas a la idolatría.

Fornicar con los ídolos significa poner los ídolos en lugar de Dios, el legítimo Esposo de nuestras almas.

Fornicar con los reyes de la tierra significa poner a los poderes de este mundo en el lugar de Dios.

Primero se fornica en el corazón, desfalleciendo en la fe; después en los hechos, faltando a la caridad.

El error fundamental de nuestra práctica actual (en incluso de la teoría, a veces) es que amalgamamos el Reino y el Mundo, lo cual es exactamente lo que la Biblia llama prostitución.

No hay en las Sagradas Escrituras promesa de hegemonía para las naciones… Para nadie, fuera de Israel, de la nueva Israel, perdonada y purificada.

Lo que sí está profetizado es la hegemonía inicua de la Gran Ramera, asentada sobre el poder político tiránico de la Bestia de las siete cabezas y diez cuernos.

Así que conviene probar todo espíritu y quedarse solamente con el que es bueno: porque, ¡ojo!, las Dos Mujeres son gemelas.

Las Dos Mujeres son hermanas nacidas de una misma madre: la Religión, la religiosidad, el profundo instinto religioso, erradicable en el ser humano.

De la misma manera, la Bestia de la Tierra se parece al Cordero: hace prodigios y portentos, promete la felicidad y habla palabras hermosas, llenas de halagos.

Promete el Reino en este mundo, como Cristo…

Promete el Reino es este mundo por las solas fuerzas humanas, como el Dragón…; como se lo prometió a Nuestro Señor en el Monte de la Tentación…

Este es el sentido de las Dos Mujeres; son las Dos Ciudades de San Agustín, llegadas a su máximo de tensión contraria, pero siempre mezcladas entre ellas y en sus habitantes.

El significado concreto y ya escatológico de las Dos Mujeres es éste:

* la Mujer Celestial y Afligida es el Israel de Dios, Israel hecho Iglesia; y concretamente el Israel convertido de los últimos tiempos.

* La Mujer Ramera y Blasfema es la religión adulterada, ya formulada en Pseudo-Iglesia en los últimos tiempos, prostituida a los poderes de este mundo y asentada sobre la formidable potencia política y tiránico imperio del Anticristo.

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Para la visión de la Mala Hembra es llevado San Juan en espíritu a la región donde no hay vida, donde está ausente el agua viva, a pesar de que hay muchas aguas muertas: alusión al mar, figura del mundo.

No se trata de un desierto material, como el refugio de la mujer del capítulo XII, sino a la inversa, de una opulenta metrópoli, dominadora de pueblos.

Allí ve a la Mujer-Misterio, Babilonia la Grande, la Meretriz Magna, la Prostituta Purpúrea. Es la contraposición de la otra Mujer, la que da a luz divinamente.

Este misterio de una Babilonia alegórica parece ser la culminación del misterio de la iniquidad revelado por San Pablo en II Tess. 2:7, refiriéndose tal vez a alguna potestad instalada allí como capital de la mundanidad y quizá con apariencias de piedad como el falso profeta.

La fiera cabalgadura ya la conocemos, es el Anticristo. La Fornicaria es la Cabeza y Canal de una religión adulterada, idolátrica, puesta al servicio de la política, de la potencia secular, que es el instrumento del Anticristo, convirtiéndola, por el mismo hecho, en un dios falso.

La Ramera representa tres cosas concretas que serán, y ya comienzan a ser, una misma, y se implican mutuamente: 1ª) la última herejía, 2ª) la urbe donde esa herejía tendrá su cabeza, 3ª) el imperio que esa urbe gobernará.

Tanto la púrpura del vestido de la mujer como el color escarlata de la bestia significan, al mismo tiempo que la dignidad, la sangre de los mártires.

La fornicación significa la religión idolátrica del Estado, que se convertirá después en la religión sacrílega del Anticristo. Las palabras fornicación, adúltera, prostituta, ramería y semejantes, se hallan alrededor de 100 veces en los antiguos Profetas con el significado de idolatría, y aplicadas solamente a Jerusalén, jamás a Nínive, Babel o Menfis. Israel es la Esposa o la Prometida de Dios.

Cuando la estructura temporal de la Iglesia pierda la efusión del Espíritu y la religión adulterada se convierta en la Gran Ramera, entonces aparecerá el Hombre de Pecado y el Falso Profeta, un Rey del Universo qué será a la vez como un Sumo Pontífice del Orbe, o bien tendrá a sus órdenes un falso Pontífice, llamado en las profecías el “Pseudoprofeta”.

Léase bien este parágrafo: no dice que la Iglesia perderá la fe, como tampoco la Sinagoga había perdido la fe del todo cuando la Primera Venida. La Gran Apostasía, predicha por Cristo y San Pablo, puede entenderse, sin exageración, de una manera ortodoxa.

Madre de los fornicarios significa de los que como ella fornican con la idolatría y los valores y glorias del mundo.

Madre de los fornicarios y de las abominaciones de la tierra…
Hoy en día, el Consejo Mundial de Iglesias y los encuentros inspirados por el espíritu de Asís reciben todas las denominaciones cismáticas, apóstatas, anticristianas y demás rameras…

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Es un Misterio ahora; una cosa que nunca se había visto, un arcano, las profundidades de Satán.

Esto indica un sistema que necesita explicación. Ella es el conjunto de toda la falsa religión. El misterio radica en la aparente unión y cooperación de Bestia y Fornicaria al perseguir a los verdaderos hijos de Dios, quienes no se someten a la falsa religión de la tribulación.

Entre la Bestia y la Fornicaria hay una unión estrecha, representando ambas la misma idea; pero el hecho de que la Mujer jinetee a la Fiera no significa necesariamente que le sea amiga… quiere domarla…

Durante la primera mitad de la tribulación la religión adúltera es dominante. Debido a su poderosa actividad y presión, el Anticristo tiene que tolerarla a regañadientes, hipócritamente sometiéndose, o por lo menos, cooperando con ella. Pero en la mitad de la tribulación, de repente, abate a esa religión y exige que todo el mundo le adore a él.

La mujer parece controlar a la bestia; pero ésta tendrá la última palabra, destruyendo a la fornicaria cuando no pueda tolerar más su entrometimiento en los asuntos de su reino.

La dejarán desolada, es decir, que aunque la Bestia y los reyes que la apoyan mantienen a la Iglesia Mundial Adulterada y le prestarán apoyo, en el fondo la odian y odian sus ardientes ansias de poder. Cuando hayan establecido su poder sin discusión, se volverán en su furia contra el monstruo religioso y lo destruirán. A partir de este momento la Bestia no tolerará ninguna iglesia o religión.

Embriagar de esa fornicación es propagar la religión adulterada. Si los pueblos de la tierra se embriagaron de ese vino, es porque la Mujer está primero embriagada de la sangre de los mártires.

El actual modernismo religioso se apropia de las glorias terrenas de la religión, los grandes descubrimientos de la Europa Cristiana y su pertrecho político y jurídico, los reinados prósperos y gloriosos; en una palabra, toda la añadidura del Reino de Dios, que la Cristiandad suscitó. También es de ellos la espiritualidad, la fraternidad, el humanismo… y ahora la humildad y pobreza

Ebrios de la sangre de los santos y de la sangre de los testigos de Jesús, se apropian su gloria y autoridad, al mismo tiempo que no los imitan, antes los desimitan en sus vidas frívolas y cómodas, y en su predicación aguada y mutilada del Evangelio. Explotadores de la religión que plantaron otros, hoy alaban a los difuntos y persiguen a los hombres religiosos vivientes que con su trabajo y con su sangre les conservan el comedero.

La Mujer oprime a la Fiera y no la propicia, pues los diez cuernos (o reyezuelos) la destruyen en un día y ponen toda su potestad al servicio de la fiera.

Aborrecerán ellos mismos a la ramera que había ido el objeto de su pasión y cuya caída deplorarán luego.

Vemos así cuán admirablemente se vale Dios de sus propios enemigos para realizar sus planes y sacar de tantos males un inmenso bien como será la caída de la Gran Babilonia.

Así, esta fortaleza anticristiana en el orden espiritual perecerá a manos de la otra fuerza anticristiana del orden político, la cual a su vez, con todos los reyes coligados con ella será destruida finalmente por Cristo.

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Más adelante, en al capítulo dieciocho, se lee: Luego oí otra voz que decía desde el cielo: Salid de ella, pueblo mío, para no ser solidario de sus pecados y no participar de sus plagas; pues sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus iniquidades.

La orden recuerda los pasajes que se refieren a la Babilonia histórica en Isaías, Jeremías y Zacarías. Hay un paralelismo con Jerusalén en san Marcos y San Mateo.

Estas palabras han de entenderse espiritualmente, pues físicamente no podrán los últimos cristianos abandonar las urbes capitalistas, como no lo pudieron tampoco los cristianos primeros. Lo que hicieron fue abandonar, no físicamente la urbe capitalista, sino espiritualmente su mentalidad de lucro, estafa, explotación e iniquidad.

San Agustín observa que con los pasos de la fe podemos huir de este mundo hacia Dios, nuestro refugio.

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¿Qué debemos pensar de la situación actual de la Iglesia, cuyas características se van agravando más y más desde el fatídico Concilio Vaticano II? ¿Qué relación tiene con las visiones de las Dos Mujeres del Apocalipsis?

La Santísima Virgen María anunció en La Salette que la Iglesia sería eclipsada.

La Iglesia será eclipsada. Ninguna otra expresión resume mejor la situación actual; ninguna otra expresión explica mejor la crisis.

Eclipse puede definirse como la ocultación total o parcial de un astro por interposición de otro cuerpo celeste.

Esta definición habla de dos astros, de interposición, de intercepción, de ocultación parcial o total.

El ejemplo más conocido es el eclipse de sol por la luna. El sol es eclipsado por la luna, y desaparece temporalmente, total o parcialmente. Podemos ver la luna, astro muerto… pero no podemos ver el sol…

Retomemos cada palabra y tratemos de comprender lo que la Santísima Virgen María quiso darnos a entender:

Existen dos astros diferentes. Uno es eclipsado; el otro eclipsa.

La Santísima Virgen María nos dice que el astro que es eclipsado es la Santa Iglesia.

El astro que eclipsa no es la Santa Iglesia; es otra cosa. Como es otro astro, no puede venir de la Santa Iglesia, que es una.

Por lo tanto, ese astro viene de otra parte. ¿De dónde? La respuesta es obvia para aquellos que tienen fe: no puede venir sino del Adversario.

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Entonces, ¿qué es esta Iglesia eclipsada? Ella es, obviamente, la Santa Iglesia Católica.

Y, ¿quién eclipsa a la Santa Iglesia? Ciertamente la Iglesia Conciliar.

La Iglesia Conciliar no es la Iglesia Católica.

Delante del astro de la Santa Iglesia, verdadero sol que da la verdadera luz, interpusieron otro astro fabricado por ellos, que no es la Santa Iglesia, es un astro muerto, creador de una falsa luz.

Por lo tanto, tomar como un criterio de visibilidad la jerarquía es un error.

La desaparición es parcial por ahora; llegará un momento en que será total; y estaremos en la oscuridad más profunda; sólo veremos al otro astro, que ocupará todo el lugar de la Iglesia y pretenderá hacerse pasar por la Santa Iglesia.

Cuando el eclipse sea total, no habrá nada aparente de la Santa Iglesia…

Esta desaparición será momentánea; no durará indefinidamente. La fe nos asegura que la luz de la Santa Iglesia volverá a brillar.

El objeto de ser eclipsada no cambia en nada; por eso, la Santa Iglesia no se modifica de ninguna manera a causa del eclipse.

Durante un eclipse solar, sólo los que están en el cono de la sombra son completamente conscientes de este fenómeno. Lo mismo sucede con las tinieblas y eclipses espirituales: sólo aquellos que tienen la fe verdadera y se encuentran en el cono de sombra de la persecución pueden comprender el eclipse de la Iglesia. Los otros no ven nada y no entienden nada… creen que la luna es el sol…

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Nuestro tiempo es el de la hora de las tinieblas, la hora del poder de Satanás.

La secta conciliar es la iglesia de las tinieblas, una iglesia de muerte, la Iglesia de Satán.

El eclipse comenzó con el Concilio Vaticano II. Ciertamente era esto lo que Nuestra Señora quería anunciarnos y prevenirnos en 1960…

Para eclipsar el astro gigante que es la Santa Iglesia, y para eclipsarlo sobre toda la superficie de la tierra, ha sido necesario un astro aún mayor. Es por eso que la secta conciliar ha tenido que añadirse todos los enemigos de la Iglesia… Se trata de la Mala Hembra que jinetea la Bestia del Mar…

Se trata de un astro feo, deforme, cuya monstruosidad descubriremos cuando el eclipse sea total.

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Mientras tanto, la divina Parturienta gime con los dolores del parto, en medio de los deseos de dar a luz… de hacer nacer a su divino Hijo en las almas de los últimos elegidos, para que sea colmado el número de los mismos…

TOMADO DE: RADIO CRISTIANDAD

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