Catecismo Romano: Séptimo Articulo del Credo – Concilio de Trento


Séptimo artículo del Credo

DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS

INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO

[1] Cristo quiso honrar y engrandecer a su Iglesia con tres oficios: el de Redentor, que se expuso al explicar cómo redimió al género humano por su pasión y muerte; el de Protector, que se expuso al explicar cómo por la Ascensión tomó a su cargo nuestra causa y defensa; y el de Juez, que se debe explicar en este artículo, cuyo significado es que Cristo ha de juzgar a todos los hombres al fin de los tiempos.

Cuántas son las venidas de Cristo

[2] Dos son las venidas de Cristo, atestiguadas por la Escritura: 1º Cuando por nuestra salvación tomó carne mortal en el vientre de la Virgen María y se hizo hombre. 2º Cuando al fin del mundo venga a juzgar a todos los hombres (Rom. 14 10; II Cor. 5 10.). Esta segunda venida es llamada comúnmente en las Escrituras «día del Señor» (I Tes. 5 2.), y su hora nadie la conoce (Mt. 24 36; Mc. 13 32.). Los fieles deben desear con afecto vehementísimo este día del Señor, de modo parecido a como los justos del Antiguo Testamento deseaban el día en que el Señor revestiría carne humana.

Cuántos son los juicios que el hombre debe sufrir

[3] También son dos las veces que el hombre debe comparecer ante el Señor para ser juzgado por El: 1º En el juicio particular: cuando cada uno de nosotros sale de este mundo, inmediatamente comparece ante Dios y es juzgado por todas las acciones de su vida. 2º En el juicio general: cuando todos los hombres, en un solo día y lugar, al fin de los tiempos, comparecerán ante Jesucristo, en cuerpo y alma, para ser juzgados públicamente, esto es, para que se haga pública la sentencia de su eterna salvación o condenación.

Razones del juicio general

[4] Era conveniente que, después del juicio particular, tuviera lugar otro juicio universal, por los siguientes motivos: 1º Para que se conozca la influencia del buen o mal ejemplo de cada hombre sobre sus descendientes, y haya un examen perfecto de este proceso de hechos y dichos, buenos y malos, con los cuales aumenta el premio o la pena de los ascendientes muertos. 2º Para que sean ensalzados los justos, muchas veces privados en esta vida de la honra, y humillados los impíos, muchas veces ensalzados injustamente. 3º Para que sean juzgados y premiados o condenados, no sólo nuestras almas, sino también nuestros cuerpos, que fueron los instrumentos de sus acciones. 4º Para que se manifieste la acción infinitamente justa y sabia de la Providencia de Dios en las cosas prósperas y adversas que indistintamente suceden a buenos y a malos, e incluso cuando permite el mal o la humillación del justo y la prosperidad del malvado; no sea que se crea que Dios no se ocupó de las cosas humanas, ni tenga motivo alguno la queja que esta manera de obrar arrancó a veces a los mismos hombres justos (Sal. 72 2-3 y 12-14; Job 21 7; Jer. 12 1-2.). 5º Para infundir en esta vida ánimo a los justos de seguir haciendo el bien, y temor a los pecadores de hacer el mal, ante el pensamiento de este juicio riguroso en que el justo será recompensado y el impío castigado.

Quién será el Juez

El Juez de este juicio universal no será otro que nuestro Señor Jesucristo, a quien se atribuye muy particularmente: [5] 1º En cuanto Dios, porque aunque la potestad de juzgar es común a las tres divinas personas, se atribuye más especialmente a la Sabiduría, por ser el juicio un acto de sabiduría. [6] 2º En cuanto hombre, por afirmarlo así las Escrituras (Jn. 5 26-27.), y por ser conveniente en razón de dos motivos: • el primero, porque, al ser un juicio sobre hombres, conviene que lo haga un Juez visible, cuya sentencia pueda ser escuchada por los sentidos del cuerpo y por el alma; y para ello, nadie más propio que quien es el Hijo del hombre [esto es, la nueva Cabeza del género humano]; • el segundo, para exaltar a Jesucristo, constituyendo Juez universal de todos los hombres (Act. 10 42.) a quien por amor nuestro quiso someterse a un tribunal humano y ser condenado por tan inicuas sentencias de hombres.

Señales de la proximidad del Juicio final

[7] Tres son las principales, según las Sagradas Letras: • la predicación del Evangelio a todo el mundo (Mt. 24 14.); • la apostasía de las naciones (II Tes. 2 3.); • la aparición del Anticristo (II Tes. 2 3.).

Modo de la celebración del Juicio

[8] Por las profecías de Daniel (Dan. 7.), de los sagrados Evangelistas (Mt. 24-25.) y del Apóstol (II Tes. 2.), podemos deducir que el juicio se realizará en los siguientes pasos: 1º Después de la aparición del Anticristo, vendrá la conmoción general de los astros y la conflagración de la tierra. 2º Luego, la resurrección general de todos los hombres. 3º Finalmente, el Juicio mismo: • separación de buenos y malos; • revelación de las conciencias; • recompensa de los justos (Mt. 25 34.); • y castigo de los impíos (Mt. 25 41.): [9] pena de daño, o privación eterna de Dios («apartaos de Mí»); ausencia total de todo bien, y presencia de todo mal («malditos»); [10] y pena de sentido, o aflicción por parte de las criaturas, especialmente por el tormento del fuego, duración eterna de esa pena («al fuego eterno») y compañía de los demonios («que fue destinado para el Diablo y sus ángeles»). [11] La materia del Juicio debe inculcarse con frecuencia en el espíritu del pueblo fiel, por dos motivos: • porque es muy útil para alejar al pecador del pecado, refrenar sus pasiones (Eclo. 7 40.), y llamarlo a la práctica de la piedad, al considerar que tendrá que dar un día a Dios una cuenta rigurosa de todos sus pensamientos, palabras, obras y deseos; • y para estimular a los justos a perseverar en la práctica del bien, aunque para ello pasen la vida en la miseria, deshonrados y perseguidos, con la esperanza del día en que serán declarados vencedores en presencia de todos los hombres, y ensalzados eternamente con los honores divinos de la gloria celestial.

CAPÍTULO VIII

DEL 7° ARTÍCULO

De allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos

I. Tres oficios de Cristo para con su Iglesia, y sentido de este Artículo.

115. Tres insignes oficios son propios de Jesucristo a fin de hermosear y ennoblecer a su Iglesia, es a saber: de Redentor, Abogado y Juez. Constando, pues, ya por los artículos antecedentes que Cristo Señor redimió al linaje humano por medio de su pasión y muerte, y que asimismo subiendo al cielo se encargó de nuestra defensa y patrocinio para siempre, ahora se sigue declarar en este artículo la potestad que tiene de juzgar. El sentido de este artículo es: que en el último día, Cristo Señor juzgará a todos los hombres.

II. Dos son las venidas de Cristo al mundo.116

116. Las santas Escrituras aseguran que son dos las venidas del Hijo de Dios al mundo:

la una cuando tomo carne por nuestra salud y se hizo hombre en el seno de la Virgen; la otra cuando al fin del mundo vendra a juzgar a todos los hombres. Esta segunda venida se llama en las santas Escrituras, dia del Senor, del cual el Apostol habla asi: gEl dia del Senor vendra como el ladron por la nocheh277. Y el mismo Salvador: \En orden al dia y a la hora nadie lo sabe.278.
Finalmente para confirmacion de la verdad de este ultimo juicio baste aquella autoridad del Apostol que dice: gEs preciso que todos nos presentemos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno de cuenta y reciba la recompensa de lo que hizo viviendo en cuerpo, asi bueno como maloh279. Toda la sagrada Escritura esta llena de testimonios280 que a cada paso se ofreceran a los Parrocos, no solamente para confirmar esta venida sino aun tambien para ponerla bien patente a la consideracion de los fieles; para que asi como aquel dia del Senor en que tomo carne humana, fue muy deseado de todos los justos de la ley antigua desde e principio del mundo, porque en aquel misterio tenian puesta toda la esperanza de su libertad, asi tambien despues de la muerte del Hijo de Dios y su Ascension al cielo, deseemos nosotros con vehementisimo anhelo el otro dia del Senor gesperando el premio eterno, y la gloriosa venida del gran Dios.

III. Cuántas veces deberá ser juzgado el hombre.

117. Mas para explicar este artículo se deben tener presentes dos tiempos en los cuales deberá cada uno presentarse delante del Señor, y darle cuenta de todos los pensamientos, acciones y palabras, y sujetarse por último a la sentencia del Juez. El primero es, cuándo cada uno de nosotros sale de esta vida; porque en el instante es presentado en el tribunal de Dios, y allí se hace severísimo examen de todas las cosas que en su vida, hizo, dijo y pensó; y esto se llama juicio particular. El segundo es, cuándo en un mismo día y lugar todos los hombres serán presentados ante el tribunal del supremo Juez, para que viendo y oyendo todos los hombres de todos los siglos, reciba cada uno el decreto y sentencia que se le diere. La pronunciación de esta sentencia será desde luego para los impíos y malos una gran parte de su pena y castigo; mas los justos y buenos conseguirán con ella gran premio y fruto, porque entonces se publicará cual haya sido cada uno en esta vida. Este se llama juicio universal.

IV. Causas por que ha de haber juicio universal.

118. Pero aqui es necesario declarar cuales son las causas por que ademas del juicio particular de cada uno, ha de haber otro juicio Universal de todos los hombres. Es, pues, la primera porque siendo cierto que a los hombres despues de su muerte quedan algunas veces en esta vida hijos imitadores de sus padres, como tambien libros y discipulos amantes y defensores de sus acciones y ejemplos, con lo cual es necesaria que se aumenten los premios o penas de los muertos. Y como esta utilidad o calamidad que pertenece a muchos, no ha de tener fin hasta que llegue el ultimo dia del mundo, era muy justo que se hiciese perfecta averiguacion de toda esta serie de hechos o dichos buenos o malos, lo cual no puede hacerse sin el juicio universal de todos los hombres. Juntase a esto que como muchas veces se deshonra la fama de los buenos y son aplaudidos los malos con loor de Inocentes, pide la equidad de la justicia divina, que los justos recobren en un congreso y juicio universal de todas las gentes la estimacion de que con injusticia se les privo entre los hombres. Ademas de esto, como todo lo que obraron en vida asi los buenos como los malos, no lo hicieron sin sus cuerpos, legitimamente se sigue que tambien pertenecen a los cuerpos las obras buenas o malas, pues fueron Instrumentos de las mismas. Y asi era muy conveniente se diese a los cuerpos junto con las almas, o los debidos premios de la gloria eterna, o los castigos. Y esto no se podia hacer sin la resurreccion de todos los hombres, y sin el juicio universal. Finalmente, para probar que asi en las prosperidades como en las adversidades que algunas veces experimentan sin diferencia alguna los buenos y malos, nada acontece sino con infinita sabiduria y justicia de Dios, fue muy debido no solo establecer premios para los buenos y castigos para los malos en el siglo venidero, sino manifestarlo tambien en un juicio publico y universal, para que se hiciese a todos mas notorio e ilustre, y se tributase por todos a Dios la alabanza de su justicia y providencia, y asimismo se satisficiese a aquella queja injusta, con la cual aun los varones santos solian como hombres lamentarse algunas veces viendo a los malos poderosos con sus riquezas y engreidos con sus honras, pues David decia: \A mi me vacilaron los pies; a pique estuve de resbalar. Porque me llené de celos al contemplar los impíos, al ver la paz de los pecadores‖281. Y poco después: “Mirad como esos, siendo pecadores, abundantes de bienes en él siglo y amontonan riquezas. Yo también exclamé: Luego en vano he purificado mi corazón y lavado mis manos en compañía de los inocentes. Pues yo soy azotado todo él día, y comienza ya mi castigo desde él amanecer”282. Y esta queja ha sido frecuente a muchos283. Luego es necesario que se haga un juicio general a fin de que los hombres no digan que Dios se pasea junio a, los polos del cielo, sin cuidar de las cosas de la tierra. Y así justamente se colocó la fórmula de esta verdad por uno de los artículos de la fe cristiana, para que si algunos titubeasen acerca de la verdad de la providencia y justicia de Dios, se confirmasen con esta doctrina. Además, convenía también recrear a los buenos y aterrar a los malos, poniendo presente el juicio final, para que aquellos no desfalleciesen considerando la justicia de Dios, y éstos con el temor y certeza del castigo eterno se apartasen de los pecados.
Por todo lo cual nuestro Señor y Salvador hablando del último día, declaró que había de haber alguna vez un juicio universal, y describió las señales que le habían de preceder, para que al verlas entendiésemos que está cerca el fin del mundo. Y por último cuándo subió al cielo envió ángeles a los Apóstoles que quedaban tristes por su ausencia, para consolarlos con estas palabras: “Este Jesús que de vuestra compañía ha subido al cielo, vendrá así como le habéis visto ir al cielo”284.

V. La potestad de juzgar conviene a Cristo aun mi cuánto hombre.

119. Este juicio, según lo declaran las sagradas letras285 fue dado a Cristo Señor Nuestro, no sólo como Dios sino también como hombre. Pues aunque la potestad de juzgar sea común a todas las Personas de la Santísima Trinidad, con todo se atribuye señaladamente al Hijo, porque decimos que también a él conviene la sabiduría. Y que en cuanto hombre ha de juzgar al mundo, se confirma por el testimonio del Señor que dijo: “Así como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio al Hijo tener vida en sí mismo, y le dio poder de juzgar por ser hijo del hombre”286.

VI. Por que razones conviene a Cristo hacer este juicio.

120. Es muy conveniente que este juicio se haga por Cristo Senor a fin de que quienes han de ser juzgados, puedan ver al juez con los ojos del cuerpo, oir con los oidos la sentencia que se pronuncia, y percibir con sus sentidos todo aquel aparato de juicio. Asimismo es muy justo que aquel hombre que fue condenado por injustisimas sentencias de los hombres, sea visto de todos ellos estar sentado en su trono por juez de todo el mundo. Por lo cual habiendo el Principe de los Apostoles explicado en casa de Cornelio los principales puntos de la religion cristiana, y ensenado que Cristo fue crucificado y muerto por los judios en un leno, pero que resucito al tercer dia, anadio: \Y nos, mando que predicasemos al pueblo y le aseguraremos, que el es a quien Dios puso por Juez de vivos y muertos 287.

VII. Tres señales que precederán al juicio universal.

121. Mas las santas Escrituras declaran que han de preceder tres señales principalmente al juicio universal, es a saber la predicación del Evangelio por todo el mundo, la apostasía y el Anticristo. Y así dice el Señor: “Se predicará este Evangelio del reino de Dios en todo el mundo, en testimonio para todas las naciones, y entonces vendrá el fin”288. Y por otra parte el Apóstol nos avisa, que no nos dejemos engañar de nadie “como si ya instara, el día del Señor, porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición”289.

VIII. De la forma del juicio y sentencia de los escogidos.

122. Cual haya de ser la forma y modo de aquel juicio, fácilmente podrán conocerlo los Párrocos, así de los oráculos de Daniel290 como de la doctrina de los santas Evangelios291 y del Apóstol292. Pero además de esto habrán de explicar con cuidado en este lugar, la sentencia que pronunciará el Juez. Porque Cristo nuestro Salvador mirando con ojos festivos a los buenos puestos a su derecha, pronunciará sobre ellos la sentencia con suma benignidad de este modo: “Venid benditos de mi Padre, poseed el reino que os está preparado desde el principio del mundo”293. Las cuales palabras son tan dulces, que no se pueden oír otras de mayor gozo, como se verá comparándolas con la condenación de los malos, y considerando que por ellas son llamados los piadosos y justos de las fatigas al descanso, del valle de lágrimas al sumo gozo, y de las miserias a la perpetua bienaventuranza que merecieron con los ejercicios de la caridad.

IX. De la sentencia de los malos, y de la pena de daño.

123. Volviéndose después a los réprobos que estarán a su izquierda, mostrará contra ellos su justicia, diciendo: “Apartaos de mí malditos al fuego eterno, que está preparado para el diablo y sus ángeles”294. En aquellas primeras palabras, apartaos de mí, se declara la gravísima pena con que serán castigados los malos cuando serán arrojados de la vista de Dios, y no les quedará para su consuelo esperanza alguna de poder jamás gozar de un bien tan grande. Y ésta es la que los teólogos llaman pena de daño, que consiste en que los malos han de carecer perpetuamente en los infiernos de la vista y presencia de Dios. Mas la palabra malditos, que se añade, aumenta en gran manera su miseria y calamidad. Porque si al ser arrojados de la presencia de Dios, se les hiciese siquiera la merced de alguna bendición, esto ciertamente les podría servir de grande consuelo, mas como no merecen cosa semejante que alivie su miseria, justísimamente fulminara contra ellos todo género de maldiciones la divina justicia al arrojarlos de su presencia.

X. De la pena de sentido y compañía de los demonios.

124. Luego se sigue, al fuego eterno; y éste es el otro género de pena que los teólogos llamaron pena de sentido, por cuanto se percibe con sentido corporal como la de las varas, azotes y otros géneros de castigos más graves, entre los cuales sin ninguna duda el tormento del fuego es el que causa mayor dolor; y como a este mal se junta el que haya de durar eternamente, de aquí se sigue que la pena de los condenados ha de llegar al sumo grado de todos los castigos, lo cual declaran más aquellas palabras que serán pronunciadas en la última parte de la sentencia: ―que está preparado para el diablo y sus ángeles‖, porque siendo tal nuestra condición, que se nos hacen más suaves y tolerables todas nuestras molestias cuando tenemos algún compañero y participe de nuestra miseria, con cuya prudencia y humanidad nos podamos aliviar algún tanto, ¿cuál será la infelicidad de los condenados, que en medio de tantos males y penas jamás podrán apartarse de la compañía de los perversísimos demonios? Y esta sentencia justísimamente pronunciará nuestro Señor y Salvador contra los malos, porque ellos descuidaron todos las prácticas de la verdadera piedad, no dieron de comer al hambriento, ni de beber al sediento, no hospedaron al necesitado, no vistieron al desnudo, ni visitaron al encarcelado ni al enfermo.

XI. Mucho deben inculcar los Párrocos la memoria del juicio.

125. Estas son las cosas que con la mayor frecuencia deben los Pastores inculcar a los oídos del pueblo fiel. Porque la verdad de este artículo creída con fe sobrenatural, es muy poderosa para contener los rebeldes apetitos del ánimo y apartar los hombres del pecado. Por lo cual dijo el Eclesiastés. “En todas tus obras acuérdate de tus postrimerías, y jamás pecarás”295. Y a la verdad, apenas habrá quien se deje arrastrar de sus vicios con tanta fuerza, que no le mueva al deseo de bien vivir aquella verdad, de que día ha de venir en que ha de dar cuenta al justísimo Juez no solamente de todos sus hechos y dichos, sino también de los más ocultos pensamientos, y que ha de pagar la pena que por ellos le correspondiere. Mas por el contrario, es necesario que el justo se anime más y más a ejercitar la virtud, y tenga grande alegría, aunque viva en pobreza, infamias y tormentos cuando se acuerde de aquel día en que después de las luchas de esta trabajosa vida, se verá declarado por vencedor en presencia de todos los hombres, y condecorado con honras eternas, será recibido en la patria celestial. Y por tanto lo que conviene es exhortar a los fieles, a que procuren vivir santa y justamente y que se ejerciten en todos los oficios de virtud, para que con toda seguridad de su alma puedan esperar aquel gran día del Señor que se va acercando, y aun desearle con vivas ansias como corresponde a hijos suyos.

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277 \Dies Dommi, sicut fur in nocte, ita venie I. Thess, V, 2.
278 \De die autem illa et hora nemo scit. Matth XXIV, 36.
279 \Omnes nos manifestari oportet ante tribunal Christi, ut referat unusquisque propia corporis, prout gessit, sive bonum, sive malum.. II, Corint,, V, 10.
280 Apuntamos tan solo algunos de los muchos lugares en que se nos habla en la Sagrada Escritura de esta segunda venida del Senor: gEl Senor juzgara los terminos de la tierra, y dara el imperio a su rey, y ensalzara el poder de su Cristo.h I, Reg., II, 10. gHasta los arboles de las selvas manifiesten su alegria, en presencia del Senor, porque viene, viene para juzgar la tierra.h Psalm. XCV, 13. gBatan palmas los rios y alegrense los montes a la vista del Senor, porque viene a juzgar la tierra,h Psalm. XCVII, 8. \Porque he aqui que el Senor vendra en fuego, y sus carros asi como torbellino, para retornar con sana su furor, y su represion con llama de fuego. Porque el Senor juzgara discerniendo a toda carne, con fuego y con cuchillo, y seran muchos los que el Senor matara.h Isai., LXVI, 15, 16. gSonad la trompeta en Sion, dad alaridos en mi santo monte, estremezcanse todos los moradoies de la tierra, porque viene el dia del Senor, pues esta cerca.h Joel., II, 1. gHe aqui que vendra un dia encendido como horno, y todos los soberbios, y todos los que obran impiamente seran como estopa, y los abrasara el dia que debe venir, dice el Sefior de ios ejercitos, sin dejar de ellos ni rafe ni renuevo.h Halac, IV,1. gPorque como el telampago brilla y se deja ver de un cabo del cielo al otro, iluminando la atmosfera, asi se dejare ver el Hijo del hombre en el dia suyo.h Luc., XVII, 24. gVarones de Galilea .por que estais ahi parados mirando al cielo? este Jesus que, separandose de vosotros, se ha subido al cielo, vendra de la misma suerte que le acabais de ver subir alla.h Act. I, 11. gEn aquel dia en que Dios juzgara los secretos de los hombres, por medio de Jesucristo, segun la doctrina de mi Evangelio.h Rom., II, 16. gPorque delante de Dios es Justo que el aflija a su vez aquellos que ahora os afligen, y vosotros, que estais al presente atribulados, os haga guiar juntamente con nosotros del descanso eterno, cuando el Senor Jesus descendera del cielo y aparecera con los angeles, que son los ministros de su poder, guando vendra con llamas de fuego a tomar venganza de los que no conocieron a Dios y de los que no obedecen al Evangelio de nuestro Senor Jesucristo.h II, Tesalon., I, \6, 7, 8. gVi a losh muertos grandes y pequenos, estar delante del trono, y abrieronse los libros de las condenas, y abriose tambien otro Libro, que es el de la vida, y fueron juzgados los muertos, por las cosas escritas en los libros, segun sus obras. El mar, pues, entrega los muertos que habia en el, y la muerte y e1 infierno entregaron los muertos que tenian dentro, y se dio a cada uno la sentencia segun sus obras.h Apoc CI XX, 3.2 y 13. gDespues de la muerte del hombre se abre su testamento; lo mismo acontece con la conciencia, la cual se descubrira tambien en la muerte. Cuando el sol penetra en un aposento, se ven en el aire millares de polvillos; asi veremos las menores faltas cuando, despues de la muerte, el Sol de justicia entrara en nuestra alma. Como los presos son llevados con 0us cadenas a la presencia del Juez, asi las almas, atadaâ con sus pecados, seran presentadas ante el tribunal divinoh (S. Crisostomo.) gCuando sale el sol se derrite la nieve, y todas las cosas que estan debajo salen a la vista. Asi sucedera en el juicio final: El sol de la justicia lo descubrira todo. Todos los pecados quedaran manifiestos, y produciran en los condenados una verguenza mas terrible que el mismo infierno, Mas a los justos sus pecados perdonados no les serviran de infamia, antes les sera gloriosa la penitencia que por ellos hicieron. Los pecados no se veran en la blanca vestidura de la gracia santificante, pues en lugar de las manchas, borradas ya por la penitencia, habra bordados preciosos.h (Sta. Gertrudis.)
281 ―Mei pene moti sunt pedes, pene effusi sunt gressus mei, quia zelavi super iniquos, pacen peccatorum videns.‖ Psalm., LXXII, 2.
282 “Ecce ipsi peccatores, et abundantes in saeculo obtinuerunt divitias, et dixi: Ergo sine causa justificavi cor meum: et lavi inter innocentes manus meas: et fui flagellatus tota die, et castigatio mea in matutinis.” Psalm., LXXII, 12, 13.
283 “Quare ergo impii vivunt, sublevati sunt, confortatique divitiis?” Job., XXI, 7. “Quare via impiorum prosperatur: bene est omnibus qui praevaricantur et inique agunt? Plantasti eos, et radicem miserunt: proficiunt, et faciunt fructum: prope eg tu ori eorum, et longe a renibus eorum.” Jem., XII, 1, 2. “Quare respicis super iniqua agentes, et taces devorante implo justiorem se” Habac, I, 13.
284 “Hic Jesus, qui assumptus est a vobis in coelum, sic veniet, quemadmodum vidistis eum euntem in coelum.” Act. I, 11.
285 “Tunc exultabunt omnia liana silvarum a facie Domini, quia venit: quoniam venit iudicare terram.” Psalm. XCV, 13. Filius enim hominis venturus est in gloria Patris sui cum angelis suis: et tune reddet unicuique secundum opera eius.” Matth., XVI, 27. “Vigilate itaque, omni tempore orantes, ut digni habeamini fugere ista omnia, quae futura sunt, et stare ante Pilium hominis”. Luc, XXI, 38. “Neque enim Pater judicat quemquam, sed omne judicium dedit Filio.” Joan., V, 22,
286 “Sicut Pater habet vitam in semetipso, sic dedit et filio habere vitam in semetipso; et potestatem dedit el judicium facere, quia filius hominis est.” Joan., V, 26, 27.
287 “Et praecepit nobis praedicare populo, et testifi cari quia ipse est, qui constitutus est a Deo Index vivorum et mortuorum.” Act, X, 42.
288 “Praedicabitur hoc Evangelium regni in universo orbe, in testimonium omnibus gentibus, et tunc veniet consummatio.” Matth, XXIV‖, 14.
289 “Quasi instet dies Domini; quoniam nisi venerit discessio primum, et revelatus fuerit homo peccati, judicium non fiet.” II, Thes., III, 3.
290 ―Estaba mirando hasta tanto que fueron puestas sillas, y sentóse el anciano de días: su vestidura blanca como la nieve, y los cabellos de su cabeza como lana limpia. Su trono de llama de fuego, sus ruedas, fuego encendido. Un río de fuego, e impetuoso, salía ante su faz. Millares de millares le servían, y diez mil veces cien mil estaban delante de él. Se sentó el juicio, y fueron abiertos los libros.‖ Dan., VII, 9, 10.
291 ―Porque como el relámpago sale del Oriente y se deja ver en un instante hasta el Occidente, asi será el advenimiento del Hijo del hombre.‖ Matth., XXIV, 27. ―Entonces se verá al Hijo del hombre sobre las nubes, con gran poder y gloria. El cual enviará luego sus ángeles y congregará sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde el último cabo de la tierra hasta la extremidad del cielo.‖ Marc, XIII, 26, 27. ―Entonces será cuando verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con grande poder y majestad.‖ Luc.y XXI, 27.
292 ―En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la última trompeta porque sonará la trompeta y los muertos resucitarán en un estado incorruptible, y entonces nosotros seremos inmutados.‖ I, Corint., XV, 52. ―Por cuanto el mismo Señor a la intimación, y a la voz del Arcángel y al sonido de la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los que murieron en Cristo, resucitarán los primeros.‖ I, Then., IV, 15.
293 “Venite, benedicti Patris mei, possidete regnum, quod paratum est vobis a constitutione mundi.” Matth., XXV, 34.
294 “Discedite a me, malediciti, in ignem aeternum, qui paratus est Diabolo et Angelis eius.” Matth., XXV, 41.
295 “In omnibus operibus tuis memorare novissima tua, et in aeternum non peccabis.” Eccl., VII, 40.
 

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3 respuestas a Catecismo Romano: Séptimo Articulo del Credo – Concilio de Trento

  1. nidia0918 dijo:

    bonito me servio de mucha ayuda…… gracias

  2. Alvaro OroZco carballo4 dijo:

    este articulo proclama la realeza universal de N.S.Jesucristo.

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