Catecismo Romano: Octavo Articulo del Credo – Concilio de Trento


Octavo artículo del Credo

CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO

[1] Después de exponer lo que mira a las dos primeras personas divinas de la Santísima Trinidad, toca explicar lo que la fe enseña sobre la tercera, conocimiento que es sumamente necesario a los fieles (Act. 19 2-3.), y del que deben sacar gran humildad a la par que gran confianza en el auxilio divino.

El nombre de «Espíritu Santo»

[2] La expresión «espíritu santo», en sí misma, conviene también al Padre y al Hijo, pues ambos, siendo Dios, son Espíritu y Santo; y también a los ángeles bienaventurados y a las almas de los justos. Es, pues, una palabra ambigua, un nombre común, que puede convenir a muchos. Sin embargo, las Escrituras, tanto del Antiguo Testamento (Sal. 50 13; Sab. 9 19.) como del Nuevo (Lc. 1 35; Jn. 1 33; Mt. 28 19.), designan por «Es-píritu Santo» a la tercera persona de la Santísima Trinidad. [3] Si se designa a la tercera persona de la Trinidad con este nombre común, y no con otro que le sea propio, es porque nos vemos obligados a tomar prestados de las cosas creadas los nombres que se aplican a Dios. Ahora bien, en las cosas creadas no conocemos otro modo de comunicarse la propia naturaleza y esencia que la generación. Y así, damos este nombre de generación a la producción de la segunda persona por la primera, y llamamos Hijo a la persona que nace, y Padre a aquella de quien nace. Y por eso mismo, al no existir entre nosotros el modo por el que Dios se comunica totalmente a Sí mismo por virtud del amor, no podemos expresar con palabra propia la producción de la tercera persona y, por lo tanto, tampoco la persona producida de este modo; sino que llamamos a esta producción «espiración», y a la persona «espirada», «Espíritu Santo».

Quién es el Espíritu Santo [4]

1º Es Dios lo mismo que el Padre y el Hijo, de su misma naturaleza, e igual a ellos en omnipotencia, sabiduría, eternidad y perfección infinita. Esto se confirma con los testimonios de las Sagradas Escrituras: • San Pedro llama Dios al Espíritu Santo (Act. 5 3-4.), y también lo hace San Pablo (Act. 28 25; I Cor. 12 6 y 11.); • nuestro Señor Jesucristo manda que se cite en el bautismo el nombre del Espíritu Santo junto al del Padre y del Hijo (Mt. 28 19.), obligándonos por ahí a confesar que si el Padre es Dios, y el Hijo es Dios, también es Dios el Espíritu Santo, unido a ellos en igual grado de honor; • lo mismo nos enseñan San Juan (I Jn. 5 7.) y la doxología que concluye los Salmos y las divinas alabanzas: «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo»; • finalmente, las Escrituras atribuyen al Espíritu Santo cosas propias de Dios, como el honor de los templos (I Cor. 6 19.), la santificación (II Tes. 2 12; I Ped. 1 2.), la vivificación (Jn. 6 64; II Cor. 3 6.), la penetración de las cosas más profundas de Dios (I Cor. 2 10.), el hablar por los profetas (II Ped. 1 21.) y el estar en todas partes (Sal. 138 7; Sab. 1 17.). [5] 2º Es la tercera persona de la naturaleza divina, subsistente por sí misma, distinta del Padre y del Hijo, y producida por la voluntad, esto es, por vía de amor. Así lo confirman la forma del bautismo (Mt. 28 19.), las palabras de San Pablo (II Cor. 13 13.) y las palabras que los Padres del Concilio de Constantinopla añadieron al símbolo de Nicea, en que se confiesa al Espíritu Santo como Señor y Vivificador: siendo Señor, es superior a los ángeles, que fueron creados por Dios y son sus servidores; y siendo Vivificador, de El procede la vida divina, y la unión del alma con Dios.
[6] 3º Procede del Padre y del Hijo como de un solo principio, por procesión eterna. Así lo enseñan las Escrituras, en las que el Espíritu Santo es llamado unas veces Espíritu del Padre (Mt. 10 20; Jn. 14 26; Jn. 15 26.), y otras veces Espíritu de Cristo (Jn. 16 14; Act. 16 7; Rom. 8 9; Gal. 4 6.), y dícese enviado, ya por el Padre, ya por el Hijo, para demostrar claramente que procede igualmente de ambos. Así lo enseña también el Magisterio de la Iglesia 296.

Obras atribuidas especialmente al Espíritu Santo

[7] Aunque las obras de la Santísima Trinidad que se hacen fuera de Dios son comunes a las tres personas divinas, sin embargo se atribuyen como propias al Espíritu Santo las que nacen del amor inmenso de Dios para con nosotros, por ser El el Amor increado en la Trinidad. Y por eso mismo el Espíritu Santo es llamado «Don»; pues con la palabra «don» se designa lo que se da gratuitamente, por puro amor. [8] Entre las obras atribuidas al Espíritu Santo contamos: 1º En cuanto Señor, la creación del mundo (Job 33 4; Sal. 32 6.) y la conservación y gobierno de las cosas creadas (Sab. 1 7.). 2º En cuanto Vivificador, el acto de dar vida (Ez. 37 6.); sobre todo la vida divina, esto es, la gracia santificante, con que nos sella (Ef. 1 13.), haciéndonos hijos de Dios, justificándonos, y excitando en nuestros corazones grandes sentimientos de piedad por los que emprendemos una nueva vida. 3º En cuanto Santificador le atribuimos más propia y especialmente los dones del Espíritu Santo: espíritu de sabiduría y de entendimiento, de consejo y de fortaleza, de ciencia y de piedad, de temor de Dios (Is. 11 2-3.), que son los efectos propios y principales de su acción en las almas, de los que se sacan los preceptos de la vida cristiana, y por los cuales conocemos si el Espíritu Santo habita en nosotros.

CAPÍTULO IX

DEL 8° ARTÍCULO

Creo en el Espíritu Santo

I. Cuanta sea la necesidad y fruto de la fe en el Espíritu Santo.

126. Hasta aquí se han explicado los misterios concernientes a la primera y segunda persona de la Santísima Trinidad, en cuanto lo requiere nuestro asunto. Ahora debemos ex poner lo que en el Símbolo se nos enseña acerca de la tercera Persona, esto es del Espíritu Santo. En cuya declaración pondrán los Pastores todo cuidado y diligencia, porque no menos debe saber el cristiano esta parte o pensar menos rectamente de ella, que de los demás artículos ya explicados. Y esta fue la causa porque el Apóstol no permitió que ignorasen la Persona del Espíritu Santo unos discípulos de Éfeso a quienes habiendo preguntado si habían recibido el Espíritu Santo, y respondido ellos que jamás habían oído que existiera el Espíritu Santo, les replicó al punto: “Pues ¿qué bautismo es el que habéis recibido?”
En las cuales palabras dio a conocer que la noticia particular de este artículo es muy necesaria a los fieles, de la cual consiguen el fruto especial de que cuando piensan con atención que todo cuanto tienen es don y beneficio del Espíritu Santo297, comienzan a pensar más modesta y humildemente de sí mismos, y a poner toda su esperanza en la ayuda de Dios, lo cual debe servir al cristiano de primer escalón para llegar a la suma sabiduría y felicidad.

II. También al Padre y al Hijo conviene la, palabra Espíritu Santo.

127. Por tanto convendrá empezar la explicación de este artículo desde el sentido y significado que tiene aquí este vocablo de Espíritu Santo. Porque siendo cierto que este nombre conviene muy bien así al Padre como al Hijo (porque uno y otro es Espíritu298, y ambos son Santos299, pues confesamos que Dios es Espíritu) y que además de esto también los Ángeles300 y las almas de los justos301 se dan a conocer con esa misma voz, se debe procurar, que por lo equívoco de esta palabra, no incurra el pueblo en algún error. Por lo mismo es necesario enseñar que por el nombre de Espíritu Santo se entiende en este artículo la tercera Persona de la Trinidad, del mismo modo que se entiende algunas veces en los libros del antiguo Testamento, y muchas en los del nuevo. Pues David ruega: ―Y no apartes de mi Espíritu Santo‖302. Y en el libro de la Sabiduría leemos: ―¿Quién alcanzará tu sentir, si tú mismo no dieres sabiduría y enviares tu Espíritu Santo desde las alturas?‖303. Y en otra parte: ―El mismo creó la sabiduría por el Espíritu Santo‖304. Mas en el nuevo Testamento se nos manda que seamos bautizados305 en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Leemos también que la Santísima Virgen306 concibió por obra del Espíritu Santo. Además de esto San Juan307 nos remite a Cristo que nos bautiza por el Espíritu Santo, y finalmente en otros muchísimos lugares ocurre al lector esta voz308.

III. Por qué la tercera Persona no tiene nombre propio, como las dos primeras.

128. Ni debe alguno maravillarse de que no se haya atribuido nombre propio a la tercera Persona, así como a la primera y segunda. Porque la segunda tiene su nombre y se llama Hijo, por cuanto su eterno nacimiento del Padre se llama propiamente propio generación, como se ha explicado en los artículos anteriores. Y por este nombre de generación con que se declara su nacimiento, a la persona que dimana llamamos Hijo, y Padre a aquella de quien dimana. Mas como la producción de la tercera Persona no tiene nombre alguno propio, sino se llama espiración o procesión, por esto la Persona producida carece también de nombre propio. Y el motivo de carecer esta dimanación de nombre propio es, porque nosotros necesariamente hemos de tomar; de las criaturas los nombres que atribuimos a Dios, y como en éstas no conocemos otro modo de comunicar la naturaleza y el ser, sino por vía de generación, de ahí resulta que no podemos explicar con propio vocablo el modo con que Dios se comunica todo en fuerza del amor, y esta es la causa porque la tercera Persona fue llamada con el nombre común de Espíritu Santo. El cual en tanto entendemos que le conviene con toda propiedad, en cuanto nos infunde la vida espiritual, y sin el aliento de este divino Espíritu nada podemos hacer digno de la vida eterna.

IV. El Espíritu Santo es Dios verdadero, como el Padre y el Hijo.

129. Explicado ya el sentido del vocablo, se ha de enseñar primeramente al pueblo que el Espíritu Santo, del mismo modo que el Padre y el Hijo, es Dios e igual a El, tan poderoso en todo, tan eterno, tan infinitamente perfecto, sumo, bueno sapientísimo, y de la misma naturaleza que el Padre y el Hijo. Lo cual se indica bastante con la propiedad de aquella voz En que decimos al pronunciar, Creo en el Espíritu Santo, que se aplica a cada una de las Personas de la Santísima Trinidad para expresar la fuerza de nuestra fe. Claramente confirman también esto los testimonios de las santas Escrituras. Porque habiendo dicho San Pedro en los hechos de los Apóstoles: “Ananías, ¿por qué te dejaste caer en la tentación de Satanás, para mentir al Espíritu Santo?” Luego añadió: “No has mentido a los hombres, sino a Dios”309. Donde al mismo, a quien primero había llamado Espíritu Santo, luego llama Dios. También el Apóstol escribiendo a los de Corinto, expone que es Espíritu Santo aquel a quien primero nombra por Dios.
―Diferentes son, ve, las gracias de obrar entre los hombres, pero uno mismo es Dios, que obra todas las cosas en todos. Y después añade: Mas todas estas cosas obra un mismo Espíritu, repartiendo a cada uno según su voluntad”310, Asimismo en los hechos apostólicos, lo que los Profetas atribuyen a un solo Dios, él apropia al Espíritu Santo.
Porque Isaías había dicho de este modo: “Oí la voz del Señor que decía: ¿a quién enviaréis… Y me dijo: ve y di a ese pueblo… ciega el corazón de este pueblo, entorpece sus oídos, y cierra sus ojos, para que no vean con sus ojos, y no oigan con sus oídos”311. Y citando el Apóstol estas palabras dijo: “Bien habló el Espíritu Santo por Isaías Profeta”312. Pero sobre todo, cuando la Escritura junta la Persona del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo, como cuando manda que el Bautismo se dé en nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, no nos deja lugar alguno de dudar sobre la verdad de este misterio. Porque si el Padre es Dios, y el Hijo es Dios, necesariamente estamos obligados a confesar, que también es Dios el Espíritu Santo, que se junta en igual grado de honor con ellos. A esto se añade que quien recibe el Bautismo en nombre de cualquier criatura, no puede conseguir de él fruto alguno ―¿por ventura, dijo el Apóstol a, los de Corinto, habéis sido bautizados en nombre de Pablo. Dándoles a entender, que esto nada les hubiera aprovechado para alcanzar la salvación. Siendo, pues cierto que somos bautizados en nombre del Espíritu Santo, es necesario confesar que El es Dios.
Este mismo orden de las tres Personas, con que se confirma la divinidad del Espíritu Santo, ocurre también, así en la primera carta de San Juan que dice: “Tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo, y estos tres son una misma cosa”313, como también en aquel ilustre elogio de la Santísima Trinidad, con que se terminan las divinas alabanzas y salmos: ―Gloria ni Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo‖. Y finalmente, lo que hace muchísimo para confirmación de esta verdad, las santas Escrituras aseguran, que convienen al Espíritu Santo todas aquellas cosas que creemos ser propias de Dios. Y así le apropian el honor de los templos, como cuando dice el Apóstol: ―¿No sabéis que vuestros miembros son templo del Espíritu Santo?‖314. También le atribuyen el santificar315 y dar vida316, escudriñar los secretos de Dios317, hablar por los Profetas318, y estar en todas partes319, las cuales cosas son propias de solo Dios.

V. Que el Espíritu Santo es tercera Persona, distinta de las dos primeras, y quién da vida a las almas.130

130. Además de esto, se ha de explicar cuidadosamente a los fieles que el Espíritu Santo de tal suerte es Dios que al mismo tiempo es necesario confesar que es en la naturaleza divina tercera Persona, distinta del Padre y del Hijo, y producida por la voluntad. Porque omitiendo los demás testimonios de las Escrituras, la forma misma del Bautismo que nuestro Salvador enseñó, manifiesta clarísimamente que el Espíritu Santo es tercera Persona, que subsiste por sí misma en la divina naturaleza y es distinta de las otras. Lo mismo declaran también las palabras del Apóstol cuando dice: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo, sea con todos vosotros. Amén”320.
Pero se que mucho más claramente descubre esta verdad, son las palabras que en el primer Concilio de Constantinopla añadieron los Padres a este artículo, a fin de convencer la impiedad de Macedonio, diciendo así: “Y en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, el cual procede del Padre y del Hijo, y es adorado y glorificado juntamente con el Padre y el Hijo, quien habló por los Profetas”321. Cuando confiesan, pues, aquí los Padres que el Espíritu Santo es Señor, declaran lo mucho que sobrepuja a los ángeles, no obstante que Dios hizo también , ellos espíritus muy nobles, porque todos ellos no asegura el Apóstol322 que son unos espíritus dedicados al servicio de Dios, y destinados para ministros de aquellos que alcanzan la heredad de salvación. Se llaman Vivificador, porque más vi el alma unida a Dios, que el cuerpo junto con el alma. Y siendo el Espíritu Santo a quien las santas Escrituras323 atribuyen esta unión del alma con Dios, es manifiesto que con toda propiedad se llama vivificador.

VI. Se prueba que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un principio324.

131. En orden a las palabras que siguen: “El cual procede del Padre y del Hijo” se ha de enseñar a los fieles que el Espíritu Santo procede desde la eternidad del Padre y del Hijo como de un principio; porque esto es lo que nos propone para creer la regla de la Iglesia, de que no es lícito al cristiano desviarse un punto, y lo que también confirma la autoridad de las divinas Escrituras y Concilios325.
Porque Cristo Señor hablando del Espíritu Santo, dijo: “El me glorificará, porque recibirá de lo mío”326. Esto mismo se colige también porque en las santas Escrituras se llama al Espíritu Santo, ya Espíritu de Cristo327, ya Espíritu del Padre, algunas veces enviado por el Padre, otras por el Hijo, con lo cual manifiestamente se declara que procede igualmente del Padre y del Hijo. “El que no tiene el Espíritu de Cristo, dice San Pablo, este no es suyo”328. También le llama el Espíritu de Cristo cuando dice a los de Galacia: “Envió Dios a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: Padre, Padre”329.
Mas en San Mateo se llama Espíritu del Padre: “No sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre”330. Y el Señor dijo en la cena: “El Espíritu, que yo os enviaré, Espíritu de verdad, que procede del Padre, aquel es el que dará testimonio de mí”331. Asimismo en otra parte aseguró que el Padre enviaría al Espíritu Santo, con estas palabras: “A quién el Padre enviará en mi nombre”332. Y como con estos testimonios se nos da a entender la procesión del Espíritu Santo, es claro que El procede del Padre y del Hijo. Estas son las cosas que se habrán de enseñar acerca de la Persona del Espíritu Santo.

VII. Por qué ciertas obras maravillosas, aunque comunes a las tres Personas, se atribuyen al Espíritu Santo.132

132. Además de esto convendrá enseñar que hay algunos efectos maravillosos y magnifícentísimos dones del Espíritu Santo, que nacen y manan de él como de una perenne fuente de bondad. Pues aunque las obras de la Santísima Trinidad que se realizan fuera de ella sean comunes a las tres Personas, con todo muchas de ellas se atribuyen al Espíritu Santo como propias, para que entendamos que nos vienen de la inmensa caridad de Dios.
Porque como el Espíritu Santo procede de la divina voluntad inflamada de amor, bien se deja comprender que los efectos atribuidos al Espíritu Santo, nacen del sumo amor de Dios para con nosotros. Y de aquí proviene llamarse don el Espíritu Santo; porque el vocablo de don significa aquello que benigna y graciosamente se da sin esperanza alguna de recompensa. Por lo tanto debemos reconocer con un corazón piadoso y agradecido, que todos los bienes y beneficios que hemos recibido de Dios (y ¿qué tenemos, como dice el Apóstol333, que no hayamos recibido de él?) nos son concedidos por mera gracia y bondad del Espíritu Santo.

VIII. Cuáles y cuántos son los dones del Espíritu Santo.

133. Estos efectos son muchos; porque omitiendo ahora la creación del mundo334, y la propagación y gobierno de las cosas criadas335 de que hicimos mención en el primer artículo, poco antes se ha declarado que la comunicación de la vida espiritual a nuestras almas conviene propiamente al Espíritu Santo, y se confirma con el testimonio de Ezequiel que dice: “Os daré mi Espíritu y viviréis”336. Pero quien cuenta los principales y más propios efectos del Espíritu Santo, es el Profeta337, diciendo que son: el espíritu de sabiduría y de entendimiento, el espíritu de consejo y fortaleza, el espíritu de ciencia y piedad, y el espíritu del temor de Dios, y estos se llaman dones del Espíritu Santo, bien que algunas veces se les atribuye el nombre mismo del Espíritu Santo. Por lo cual sabiamente advierte San Agustín, que cuando en las santas Escrituras se hace mención de esta voz, Espíritu Santo, se ha de mirar y discernir si significa la tercera Persona de la Trinidad, o sus efectos y operaciones, porque no con menor distancia se distinguen entre sí estas dos cosas, cuanto creemos distar el Criador de las criaturas.
Y tanto más cuidadosamente se han de explicar estos dones del Espíritu Santo, cuanto de ellos sacamos las reglas de la vida cristiana, y por ellos podemos conocer si el Espíritu Santo está en nosotros. Mas el don que sobre todos los demás, aunque magnifientísimos, se ha de encarecer es, aquella gracia que nos hace justos y nos marca338 con el sello del Espíritu Santo, que se nos había prometido, el cual es prenda de nuestra herencia. Porque esta gracia es la que une nuestra alma con Dios en un estrechísimo lazo de amor, el cual hace que encendidos en un ardentísimo deseo de la virtud, comencemos nueva vida, y que hechos participantes339 de la naturaleza divina, nos llamemos y verdaderamente seamos hijos340 de Dios.

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296 Concilio IV de Letrán, Dz. 428; Concilio II de Lyon, Dz. 460; Concilio de Florencia, Dz. 691 y 703; Concilio de Trento, Dz. 782.
297 “Nemo potest uiceie, Domimis Jesus, nisi in Spiritu Sancto. Divisiones vero gratiarum sunt, idem autem Spiritus.” I, Corint., XII, 3, 4.
298 “Spiritus est Deus.” Joan., IV, 24.
299 “Et clamabant alter ad alterum, et dicebant: Sanctus, sanctus, sanctus, Dominus Deus exercituum.” Isai., VI, 3.
300 “Et ad Angelos quidem dicit: Qui facit angelos saos spiritus.” Hebr., I, 7.
301 “Exibit spiritus eius.” Psalm., CXI; V, 4.
302 “Et Spiritum Sanctum num ne auferas a me.” Psalm., L, 13.
303 “Sensum tuum quis sciet, nisi tu dederis sapien tiam, et miseris Spiritum Sanctum tuum de altissimis?” Sab., IX, 17.
304 “Ipse creavit illam in Spiritu Sancto.” Eccles., I, 9
305 “Baptizantes eos in nomine Patris, et Filii, Spiritus sancti.” Matth., XXVIII, 19.
306 “Spiritus sanetus superveniet in te, et virtus Altissimi obumbrabit tibi.” Luc, I, 35. 307 “Qui misit me baptizare in aqua, ille milli dixit Super quem videris Spiritum descendentem, et manentem super eum, hie est, qui baptizat in Spiritu Sancto.” Joan., I, 33. “Ego baptizavi vos aqua, ille vero baptizavit vos Spiritu sancto.” Marc, I, 8. “Ipse vos baptizavit in Spiritu Sancto, et igni.” Matth., III, 11.
308 “Repleti sunt omnes Spiritu Sancto, et cosperum loqui varus unguis, prout Spiritus sanctus dabat elo qui illis.” Actus., II.
309 “Anania, cur tentavit Satanas por tuum, mentiri te Spiritu Sancto? Non es mentitus hominibus, sed Deo.” Act., V, 3, 4.
310 “Divisiones operationum sunt, idem vero Deus, qui operatur omnia in omnibus. Haec autem omnia operata unus, atque idem Spiritus, dividens singulis, prout vult.” I, Corint., XII, 6.
311 “Audivi vocem Domini dicentis: Quem mittam Et dixit milii: Vade: et dices populo huic: Exereea co populi huius, et aures eius aggrava, et oeulos eius clan de, ne forte videat oralis suis, et auribus suis audiat.” Isai., VI, 8.
312 “Bene Spiritus Sanotus locutus est per Isaiatn Prophetam.” Act., XXVIII, 19.
313 “Tres sunt, qui testimonium dant in ecelo, Pater, Verbum et Spiritus Sanctus, et hi tres unum sunt.” I, Joan., V, 7.
314 “An nescitis quoniam membra vestra templum sunt Spiritus Sancti?” I, Corin., VI, 9.
315 ―Nosotros debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, oh hermanos amados de Dios!, por haberos Dios escogido por primicias de salvación, mediante la santificación del espíritu y la verdadera fe que os ha dado.‖ II, Thess., II, 12. ―Elegidos según la previsión de Dios Padre, para ser santificados del Espíritu Santo.‖ I, Petr., I, 2. 316 ―El Espíritu es el que vivifica.‖Joan., VI, 64.‖La letra mata, mas el Espíritu vivifica.‖ II,Corint.,III, 6.
317 ―El Espíritu lo penetra todo, aun lo profundo de Dios.‖ I, Corint., II, 10.
318 ―Porque no traen su origen las profecías de la voluntad de los hombres, sino que los varones santos de Dios hablaron, siendo inspirados del Espíritu Santo.‖ II, Petr., I, 21. 319 ―¡A dónde iré yo lejos de vuestro espíritu? ¿Dónde podré huir lejos de vuestra faz?‖ Psalm., 138, 7. ―Porque el espíritu del Señor llenó toda la tierra.‖ Sap., I, 7.
320 “Gratia Domini nostri Jesucristi, et charitas Dei et communicatio Sancti Spiritus sit cum omnibus vobis.” II, Corint., XIII, 13.
321 “Et in Spiritum Sanctum Dominum, et vivit cantem, qui ex Patre, Filioqne procedit, qui cum Pater et Filio simul adoratur et conglorificatur, qui locutus est per Prophetas.” 322 ―¿Por ventura no son todos ellos unos espíritu que hacen el oficio de servidores, enviados para ejercer su ministerio en favor de aquellos que deben ser los herederos de la salud?‖ Hebr., I, 14.
323 ―Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu: si es que el espíritu de Dios habita en nosotros. Que si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, este tal no es de Jesucristo.‖ Rom., VIII, 9. ―Así como el cuerpo humano es uno, y tiene muchos miembros, y todos los miembros, con ser muchos, constituyen un solo cuerpo, así también el cuerpo místico de Cristo.‖ ―A cuyo fin todos nosotros somos bautizados en un mismo espíritu para componer un solo cuerpo, ya seamos judíos, ya gentiles, ya esclavos, ya libres: y todos hemos bebido un mismo Espíritu.‖ I, Corint., XII, 12, 13. 324 ―No consta de manera cierta quién haya sido el autor de esta palabra Filloque introducida en el símbolo. Con todo, parece cierto que este uso de cantar en la misa el símbolo con la partícula Filioque primeramente comenzó en la iglesia de España, en el tiempo en que los godos abjurada la herejía arriana profesaron la fe católica por el año 589 en el Concilio III de Toledo. De España luego pasó a las Galias, después a la Germania, y finalmente a Italia. Los Romanos Pontífices se condujeron pasivamente hasta los tiempos de Foeio, y parece verosímil que fué añadido al símbolo romano en el intervalo de tiempo que medió entre Focio y Milíuel Cerulario, cuando Benedicto VIII, suplicándolo Enrique emperador, concedió, no de buena gana, que en Roma en la misa se cantase el símbolo Constantinopolitano con aquella partícula.‖ Hurter. Theolog. Dog., T. III, pag. 156.
325 En varios Concilios hallamos explícitamente confesado el dogma de la procesión del Espíritu Santo. En el de Toledo celebrado el año 447 por mandato del Papa León, se dice expresamente: ―Est… unigenitus Paler, genitus Filius, non genitus Paracletus, sed a Patre Dialogue procedens.‖ Este es el documento más antiguo en que vemos usada la palabra Filioque. En el Símbolo Atanasiano leemos: “Spiritus Sanctus a Patre et Filio, non factus, nec ereatus, nec genitus, sed procederes.” En el símbolo de fe del Concilio Toledano XI, celebrado el año 675, se dice: ―Creemos también que el Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es un Dios e igual con el Padre y el Hijo, de una misma substancia y de una misma naturaleza; con todo, no engendrado o creado, sino que procede de entrambos y es Espíritu de ambos.‖ En el Símbolo de fe del Papa León IX está escrito: “Creo también en el Espíritu Santo, perfecto y verdadero Dios, que procede del Padre y del Hijo, coequal, coesencial, coomnipotente, y coeterno en todo al Padre y al Hijo, que habló por los profetas.” “El Padre de ninguno, el Hijo de sólo el Padre, y el Espíritu Santo juntamente de ambos: sin principio, siempre y sin fin: el Padre engendrando, el Hijo naciendo, y el Espíritu Santo procediendo.” Ex cap. I, Conc. Lateran., IV, a. 1215. Finalmente, nada tan claro y terminante como la siguiente definición del segundo Concilio Ecuménico celebrado en Lión: “Con fiel y devota profesión confesamos, que el Espíritu Santo eternamente del Padre y del Hijo, no como de dos principios, sino como de un principio, no con dos aspiraciones, sino que procede con una aspiración: esto ha profesado hasta ahora, predicó y enseñó, esto firmemente tiene y predica, profesa y enseña la sacrosanta Romana Iglesia, madre y maestra de todos los fieles; esto sienten como verdadero e inmutable los Padres ortodoxos y Doctores asi Latinos como Griegos. Mas porque no pocos a causa de la ignorancia de la irrefragable verdad sobredicha, han caído en varios errores: Nosotros deseando cerrar el camino a semejantes errores, aprobándolo este sagrado Concilio, condenamos y reprobamos todos los que presumieren negar que eternamente el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo; o que temerariamente se atrevan a asegurar que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de dos principios y no tan solamente de uno.” Definíción del 2.° Concilio de Lión celebrado en el año 127 En el Decreto de la unión de los Griegos del Concilio Florentino, se lee: “Definimos, además, que la explicación de aquellas palabras, Filioque, para aclaración de la verdad, y por causa de inminente necesidad en aquel tiempo, licita y racionalmente fueron añadidas al símbolo.” En la profesión de fe prescrita por el Concilio Tridentino en la sesión XXIV, se dice: ―Creo… en el Espíritu Santo, Señor y vivificador, que procede del Padre y Hijo, que juntamente con el Padre y el Hijo es Dios glorificado, el cual habló por los Profetas.‖
326 “Ule me clarificabit, quia de meo accipiet.” Jo XVI, 14.
327 “Non permísit eos Spiritus Jesu.” Act. XVI, 1 “Scrutantes in quod vel quale tempus significaret in eis Spiritus Christi.” I, Petr., I, 11.
328 “Qui Spiritum Christi non habet, hie non est eius.” Rom., VIII, 9,
329 “Misit Deus Spiritum Filii sui in corda vestra, clamantem, Abba Pater.” Galat., IV, 6. 330 “Non vos estis qui loquimini, sed Spiritus Patris vestri.” Matth., 10, 20.
331 “Paraclitus, quem ego mittam vobis Spiritum verltatis, qui a Patre procedit, Ille testimonium perhibebit de me.” Joan., XV, 26.
332 “Quern mittet Pater in nomine meo.” Joan., XIV, 26.
333 “Quid autem babes quod non accepisti? Si autem accepisti; quid gloriaris quasi non acceperis.” I, Corint., IV, 7.
334 “Verbo Domini cceli finati sunt: et spiritus oris eius omn¡s virtus eorum.” Psalm., XXXII, 6.
335 “Quoniam spiritus Domini replevit orbem terrarum: et hoe, quod continet omnia, scientiam habet vocis.” Sap., I, 7.
336 “Dabo vobis spiritual, et vivetis.” Ez., XXXVII, 6.
337 “Et requiescet super eum spiritus Domini: spiritus scientiae et pietatis, et replevit eum spiritus timoris Domini.” Isai., XI, 2.
338 ―Credentes signati estis Spiritu promissionis sancto qui est pignus haereditatis nostrae.” Ephes., I, 13.
339 “Per haec efficiamini divinae consortes naturae.” II, Petr., I, 4.
340 ―Charissimi, nunc filii Dei sumus: et nondum apparuit quid erimus.” I, Joan., III, 2.
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