Catecismo Romano: Noveno Articulo del Credo – Concilio de Trento


Noveno artículo del Credo

CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA, LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

INTRODUCCIÓN AL CAPÍTULO

[1] Este artículo es una consecuencia del anterior, pues habiendo confesado allí que el Espíritu Santo es fuente de toda vida y santidad, confesamos aquí que la Iglesia es santificada por El mismo. Y debe ser explicado con suma diligencia a los fieles por dos motivos: • porque los profetas hablaron más clara y expresamente de la Iglesia que de Cristo, por prever que acerca de ésta podían las almas errar más fácilmente que sobre el misterio de la Encarnación; y de hecho, no faltaron nunca impíos que alardean falsamente de ser la única Iglesia católica; • porque, si se graba esta verdad profundamente en el alma, se evitará con sumo cuidado el peligro horrendo de la herejía, esto es, la pertinacia en sostener opiniones impías por despreciar la autoridad de la Iglesia.

Significado de la palabra «Iglesia»

[2] 1o La palabra Iglesia procede etimologicamente de la voz griega evkklhsia, áasamblea general del puebloâ, que nace del verbo ekkaƒÉew, államar afuera, excitarâ; por eso, designaba todo llamamiento y toda asamblea del pueblo, aunque fuese para profesar una falsa religion (Act. 19 39.) o se tratase de impios (Sal. 25 5.).

2o Por el uso constante de las Sagradas Escrituras, esta voz paso a designar exclusivamente la sociedad cristiana, y las congregaciones de los fieles que son llamados por la fe a la luz de la verdad y al conocimiento del verdadero Dios; y asi, San Agustin dice que ála Iglesia es el pueblo fiel esparcido por todo el mundoâ. [10] 3o Tambien suelen designarse con el nombre de Iglesia: . los distritos de la Iglesia universal (I Cor. 1 2; Gal. 1 2; Apoc. 1 20 y ss.); . las familias particulares de los fieles (Rom. 16 4; I Cor. 16 19.); . los prelados y parrocos, esto es, las autoridades de la Iglesia (Mt. 18 17.); . el lugar adonde se reune el pueblo para oir la palabra divina o para algun culto sagrado. En el presente articulo, Iglesia significa principalmente la multitud de los fieles, tanto buenos como malos, y no solo los que mandan, sino tambien los que han de obedecer.

Naturaleza y propiedades de la Iglesia

[3]La Iglesia se distingue de las demás sociedades públicas: • pues éstas son humanas, por fundarse en la razón y en la prudencia humanas, mientras que aquélla es divina, por estar fundada en la sabiduría y el consejo de Dios; • y porque éstas buscan exclusivamente (como también la Sinagoga en el Antiguo Testamento) los bienes terrenos y perecederos, mientras que la Iglesia aspira tan sólo a los bienes celestes y eternos.

[4]La Iglesia es llamada por las Escrituras: • Casa y Edificio de Dios (I Tim. 3 15; Mt. 18 18; Rom. 15 20; I Cor. 3 9.), por ser como una familia gobernada por un padre, en la que hay participación común de todos los bienes espirituales; • Grey de Cristo (Jn. 10 1-2.), por ser Cristo su Puerta y su Pastor; • Esposa de Cristo (II Cor. 11 2; Ef. 5 25 y 32.), por estar unida a Cristo como lo está la mujer a su esposo; • Cuerpo de Cristo (Rom. 12 4-5; Ef. 1 23; Col. 1 24.), por ser Cristo su Cabeza, y los fieles cristianos sus miembros.

[5-6]Dos son las partes principales de la Iglesia: • una, que goza ya de la celeste patria, es la Iglesia triunfante, o congregación lucidísima y felicísima de los espíritus bienaventurados y de aquellos que triunfaron del mundo, del demonio y de la carne; • otra, que se encamina aún a la patria celestial, es la Iglesia militante, o congregación de todos los fieles que aún viven en la tierra combatiendo al mundo, al demonio y a la carne.

[7-8]En la Iglesia Militante hay buenos y malos, como lo afirman claramente las Sagradas Escrituras: • en el Antiguo Testamento, por medio del arca de Noé, en la cual se encerraron no sólo animales limpios, sino también impuros (Gen. 7 2.), y que era figura de la Iglesia; • y en el Nuevo Testamento, muchas parábolas de nuestro Señor: la red que recoge todo tipo de peces (Mt. 13 47.), el campo de trigo sembrado con cizaña (Mt. 13 24ss.), la era en que hay paja mezclada con el trigo (Mt. 3 12.), las cinco vírgenes necias y las cinco prudentes (Mt. 25 1ss.). Con todo, buenos y malos son muy distintos entre sí: • por su vida y costumbres; y así, los buenos no están unidos sólo por la profesión de la fe y la participación de los sacramentos, como los malos, sino también por el espíritu de gracia y el vínculo de la caridad, lo cual es exclusivo de los buenos; • por su condición en el día del juicio, como se ve en las mismas parábolas.

[9] 5º De donde resulta que sólo están fuera de la Iglesia tres clases de hombres: • los infieles, que no han recibido el bautismo ni la verdadera fe; • los herejes y cismáticos, que habiendo pertenecido a la Iglesia por el bautismo y la fe, renegaron de Ella, negando las verdades que Ella enseña o no queriendo someterse a su jurisdicción (aunque siguen estando bajo la potestad de la Iglesia para ser juzgados, castigados y anatematizados); • y los excomulgados, que la Iglesia excluye de su comunión por faltas muy graves, hasta que se corrijan. Todos los demás hombres, por muy malos y criminales que sean, continúan dentro de la Iglesia, y conservan su potestad si la tienen.

[8] 6º Finamente, la Iglesia es visible, y es comparada a una ciudad edificada sobre un monte, que es vista de todas partes; pues debiendo todos obedecerle, era necesario que fuese conocida. Y para ello tiene cuatro notas.

«Una»

[11, 14] La primera propiedad de la Iglesia Católica es ser una (Cant. 6 8.). Y llámase una tan grande multitud de hombres, que se halla tan dispersa por todas partes, por ser uno solo el Señor y uno solo el Espíritu que le da vida, a la manera como el alma da vida a los miembros del cuerpo (Ef. 4 3 y 5.); por ser una sola la fe que profesa, y que nosotros debemos tener y confesar (Ef. 4 5; I Cor. 1 10.) y una sola su esperanza, ya que todos esperamos una misma cosa, la vida eterna y feliz (Ef. 4 4.); por ser uno solo el bautismo, el cual es el sacramento de la fe cristiana (Ef. 4 5.); y finalmente, por ser uno solo su Rector y Gobernador: el invisible es Cristo, y el visible es el legítimo sucesor de Pedro, Príncipe de los Apóstoles.

[12-13] En la Iglesia fue necesaria esta Cabeza visible para establecer y conservar la unidad de la Iglesia, como lo afirman: • todos los Santos Padres, entre los que se pueden citar a San Jerónimo, San Ireneo, San Cipriano, San Optato de Milevi, San Basilio y San Ambrosio; • la misma razón, y la economía actual del plan redentor: como la Iglesia es una sociedad visible, necesita una Cabeza visible. Y así como es Cristo quien interiormente administra todos los sacramentos, pero exteriormente quiere hacerlo por medio de hombres como de instrumentos; del mismo modo es El quien rige invisiblemente a su Iglesia, pero exteriormente quiere hacerlo por medio de un hombre, como vicario y ministro de su potestad.

«Santa»

[15] La segunda propiedad de la Iglesia consiste en ser santa (I Ped. 2 9.), y llámase así: • por estar consagrada y dedicada a Dios, de manera más perfecta que los demás objetos consagrados al culto divino, como los vasos, los ornamentos y los altares de la Ley Antigua (y es santa a pesar de haber en Ella muchos pecadores, como santos son todos y cada uno de sus miembros, por estar consagrados a Dios al recibir la fe por el bautismo (Rom 1 7; I Cor. 1 2.), aunque le ofendan en muchas cosas y no cumplan lo que prometieron); • por ser el Cuerpo Místico de Cristo (Ef. 5 23.) y estar unida a su Cabeza, que es Cristo (Ef. 4 15-16.), fuente de toda santidad (Dan. 9 24.), de donde dimanan los dones del Espíritu Santo y las riquezas de la bondad divina; • por ser la sola en tener el culto legítimo del sacrificio y el uso saludable de los sacramentos, que son los instrumentos por los cuales Cristo comunica la verdadera santidad; de tal modo que no puede haber santos fuera de Ella.

«Católica»

[16] La tercera propiedad de la Iglesia consiste en llamarse católica, esto es universal, porque no está reducida a los límites de un solo reino o a una sola clase de hombres, sino que comprende en su seno de caridad a todos los hombres, sean bárbaros o escitas, esclavos o libres, hombres o mujeres. Y ni siquiera está limitada a un determinado tiempo, ya que comprende a todos los hombres que profesan la verdadera fe, desde Adán hasta el fin del mundo, por estar fundada sobre Cristo, la Piedra Angular, que de los dos pueblos hace uno, y anunció la paz a los judíos, que estaban cerca, y a los gentiles, que estaban lejos de Dios (Ef. 2 14-20.). Finalmente, llámase también universal, porque todos los que desean alcanzar la salvación deben estar dentro de ella, de modo semejante a como era necesario estar dentro del Arca para no perecer en las aguas del diluvio.

«Apostólica»

[17] La Iglesia es apostólica, esto es, trae su origen de los apóstoles, de dos maneras: • porque su doctrina es la verdad anunciada antiguamente por los apóstoles y propagada por todo el mundo; por eso, toda doctrina que se opone a la doctrina predicada desde los apóstoles hasta nuestros días, se separa de la fe de la verdadera Iglesia; • porque el Espíritu Santo, que gobierna a la Iglesia, no la rige por otro género de ministros sino por el apostólico, esto es, por los que han recibido la sucesión apostólica ininterrumpida.

Otras verdades sobre la Iglesia Católica

[18] 1º Infalibilidad de la Iglesia Católica. — La Iglesia no puede errar al enseñar la doctrina de la fe y de las costumbres, precisamente por estar gobernada por el Espíritu Santo, que permanece en la Iglesia desde que se comunicó primeramente a los apóstoles. Y así es forzoso que todas las iglesias que se separan de la Iglesia Católica caigan en errores muy perniciosos de doctrina y de costumbres, ya que están guiadas por el espíritu diabólico.

[19] 2º Figuras de la Iglesia en el Antiguo Testamento. — La Iglesia fue especialmente figurada en el Antiguo Testamento: • por el arca de Noé, construida por mandato de Dios (Gen. 6 14-22.), para significar: – que la Iglesia fue constituida por Dios mismo; – que sólo los que entran en Ella pueden verse libres de todo peligro de muerte eterna; – que los que quedan fuera de Ella perecen sumergidos en sus maldades; • por la gran ciudad de Jerusalén, con cuyo nombre designa muchas veces la Sagrada Escritura a la Iglesia (Sal. 121 3; Is. 33, 60 y 62; Gal. 4 25.), pues así como sólo en esa ciudad se podían ofrecer sacrificios a Dios, así también sólo en la Iglesia de Dios, y nunca fuera de Ella, se halla el verdadero culto y el verdadero sacrificio agradable a Dios.

[20] 3º Por qué la Iglesia queda incluida entre los artículos de la fe. — Aunque podemos conocer por la razón y la experiencia que existe en la tierra la Iglesia, esto es, una congregación de hombres dedicados y consagrados a Cristo nuestro Señor, sin embargo sólo por la fe podemos comprender su origen, sus prerrogativas y su dignidad. [21] Y así, sólo por la fe sabemos que la Iglesia fue fundada directamente por Dios (Mt. 16 18; Sal. 82 5.), por lo que es llamada herencia de Dios (Sal. 32 12; 78 62.) y pueblo de Dios (Sal. 27 9; 28 11.); que tiene el poder divino de perdonar los pecados (Mt. 16 18-19; Jn. 20 23.), de excomulgar (I Cor. 5 3.) y de consagrar el verdadero Cuerpo de Cristo (Lc. 22 19.); que se encamina a un fin sobrenatural, la vida venidera (Heb. 13 14.). [22] Sin embargo, no creemos en la Iglesia del mismo modo que en Dios; pues creemos en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, como el motivo de nuestra fe, mientras que creemos en la Iglesia como una de las verdades que la fe nos propone.

«La Comunión de los Santos»

[23] La Comunión de los Santos es una consecuencia de lo que se enseñó sobre la unidad de la Iglesia; porque la unidad del Espíritu que la gobierna y de la vida divina que la anima hace que sea común a todos los miembros todo cuanto se ha encomendado a Ella. Y así, son comunes a todos los miembros de la Iglesia:

[24] 1º Ante todo, las gracias que hacen a los hombres justos y amados de Dios, entre las cuales contamos especialmente dos: • la comunión de sacramentos, sobre todo el Bautismo, que es el sacramento que nos une con Cristo, y la Eucaristía, a la que conviene por excelencia el nombre de «comunión», por ser la gracia unitiva su gracia sacramental propia; y de los frutos que estos producen, y que se comunica a los fieles de todo el mundo; [25] • la comunión de méritos, esto es, que las obras que cada uno emprende piadosa y santamente, aprovechan a todos los fieles (Sal. 118 63.). Esta verdad la expresan las Escrituras con el símil de los miembros del cuerpo (I Cor. 12 12-30.): así como muchos miembros, variados y de diferente dignidad y oficio, forman un solo cuerpo, y todos buscan, no su bien particular, sino el bien de todo el cuerpo; así también la Iglesia, la cual, siendo un solo Cuerpo Místico de Cristo, cuenta con muchos y variadísimos miembros, a cada uno de los cuales se le ha señalado su dignidad y oficio, por los que debe procurar la utilidad de todo el cuerpo.
[26] Sólo los fieles que viven cristianamente por la caridad y son justos y amados de Dios, participan a los méritos y al fruto de los sacramentos; pero no los miembros muertos, despojados de la gracia de Dios.

Estos, por una parte, al estar privados de la gracia, no perciben el fruto espiritual que se comunica a los hombres justos y piadosos; pero, por otra parte, al estar dentro de la Iglesia, gozan de la ayuda de los justos para recobrar la vida de la gracia que perdieron, y de algunos frutos de que se encuentran privados los que están totalmente separados de la Iglesia. [27] 2º También los carismas o gracias «gratis datas», entre las que se cuentan la ciencia, la profecía, el don de lenguas y de milagros, y otras (I Cor. 12 8-10.), las cuales, al ordenarse al bien público de la Iglesia, y no al bien particular de cada uno, pueden concederse tanto a buenos como a malos. Esta comunión de bienes espirituales debe llevar a todo cristiano a compartir con los demás sus bienes temporales, socorriendo las miserias de los necesitados. Sólo así mostrará tener la caridad y gozará de una verdadera felicidad.

CAPÍTULO X

DEL 9° ARTÍCULO

Creo en la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos

I. Dos motivos por los cuales ha de explicarse ron gran cuidado este artículo.

134. Cuán grande deba ser el cuidado, con que los Pastores han de explicar a los fieles la verdad de este noveno artículo, fácilmente se conocerá considerando principalmente dos cosas.

La primera: es que según San Agustín, más clara y abiertamente hablaron los Profetas de la Iglesia que de Cristo, porque preveían que muchos más eran los que podían errar en este artículo, que en el de la Encarnación. Porque no habían de faltar hombres impíos que a imitación de la mona que se finge hombre, profesarían ser solos ellos católicos, y afirmarían no menos sacrílega que orgullosamente que la Iglesia Católica solamente residía entre ellos.

Y la segunda: que si tiene uno impresa firmemente esta verdad en su alma, se librará fácilmente del peligro horrendo de la herejía. Porque no cualquiera que falta contra la fe debe llamarse luego hereje, sino el que despreciando la autoridad de la Iglesia, defiende con pertinacia impías opiniones. Siendo, pues, imposible que se Inficione con la peste de la herejía quien esté firme en cuanto se propone en este artículo para creer, cuiden los Pastores con la mayor diligencia de que los fieles fortalecidos contra las astucias del enemigo con el conocimiento de este misterio perseveren en la verdad de la fe. Este artículo es consecuencia del precedente, porque después de haber demostrado que el Espíritu Santo es la fuente y dador de toda santidad, ahora confesamos que la Iglesia recibe toda su santidad de ese mismo Espíritu Santo.

II. Qué se entiende por la palabra Iglesia.

135. Como los latinos, habiendo tomado esta voz Iglesia de los griegos, la aplicaron después de la divulgación del Evangelio a significar cosas sagradas, en primer lugar conviene declarar su sentido. Significa, pues, la voz Iglesia convocación o llamamiento; pero después los escritores la tomaron para designar reunión o junta del pueblo. Nada importa que el pueblo que se reúne adore el verdadero Dio» o a los dioses falsos, porque en los hechos de los Apóstoles está escrito que habiendo el notario apaciguado el pueblo de Éfeso, dijo: “Y si tenéis queja sobre otra cosa, podrá decidirse en la legítima Iglesia” 341. En cuyo lugar se llama legítima Iglesia al pueblo de Éfeso dedicado a la adoración de Diana. Y no solamente los gentiles que no conocieron a Dios, mas también las reuniones de hombres malos e impíos se llaman algunas veces Iglesia, pues dice el Profeta: “Aborrezco la Iglesia de los malignos, y no me sentaré en compañía de los impíos”342. Pero después, según costumbre de las santas Escrituras, se aplicó esta voz Iglesia para significar determinadamente la república cristiana y las congregaciones de los fieles, esto es de los que son llamados por la fe a la luz de la verdad y al conocimiento de Dios, para que disipadas las tinieblas de la ignorancia y errores, adoren piadosa y santamente al Dios vivo y verdadero, y le sirvan de todo corazón. Y para declararlo todo en una palabra con San Agustín: “La Iglesia es el pueblo fiel esparcido por todo el orbe”.

III. De los misterios que encierra la vos Iglesia.

136. Este vocablo encierra grandes misterios. Porque en el Llamamiento que significa la palabra Iglesia se nos muestra la benignidad y resplandor de la divina gracia, y entendemos lo mucho que se diferencia ella de las demás sociedades. Porque éstas descansan solamente en la razón y prudencia de los hombres, pero aquella está fundada y apoyada sobre la sabiduría y consejo de Dios, ya que él es quien nos llamó interiormente por inspiración del Espíritu Santo que abre y penetra los corazones humanos, y exteriormente por medio de los pastores y predicadores. Además de esto, el fin que se nos propone por esta vocación, es el conocimiento y posesión de lo eterno, corno claramente lo comprenderá el que advirtiere como el pueblo fiel, sujeto a la ley antigua, era llamado Sinagoga que, quiere decir congregación. Este nombre se le impuso, dice San Agustín, porque a manera de reses de las cuales es propio ser congregadas, esperaba sólo bienes terrenos y caducos. Por lo mismo con gran razón se llama el pueblo cristiano, no Sinagoga, sino Iglesia, porque no contento con las cosas terrenas y temporales, únicamente aspira a las celestiales y eternas.

IV. Se declaran varios nombres con que las santas Escrituras llaman a la Iglesia Católica.

137. Otros muchos nombres llenos de misterios se han empleado también para dar a conocer la Iglesia católica; porque el Apóstol la llama ya casa343, ya edificio de Dios344. “Estas cosas te escribo, dice a Timoteo, por si tardare, para que sepas cómo debes gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y sostén de la verdad”. Se llama casa la Iglesia porque es como una familia regida por un Padre de familia, y son comunes en ella todos los bienes espirituales. Llámese también rebaño de las ovejas de Cristo345, cuya puerta y Pastor es él mismo. Asimismo se le da el nombre de Esposa de Cristo: “Os desposé con un varón, que es Cristo, para presentaros a él como casta virgen”346, dice el Apóstol a los de Corinto. Y el mismo a los de Éfeso: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia”347. Y hablando del matrimonio dice: “Este Sacramento es grande, mas yo digo que entre Cristo y la Iglesia”348.
Finalmente se llama la Iglesia cuerpo de Cristo349, como se puede ver en las cartas escritas a los de Éfeso y a los Colosenses350. Cada uno de estos nombres bien considerado es muy poderoso para excitar a los fieles a que se muestren en su conducta dignos de atraer sobre sí los efectos de la inmensa clemencia y bondad de Dios que los escogió para ser su pueblo.

V. Se explican las dos partes principales en que se divide la Iglesia.

138. Explicadas estas cosas, a fin de que el pueblo entienda mejor la naturaleza, propiedades, dones y gracias de la Iglesia tan amada de Dios, y por ello alabe sin cesar a la divina Majestad, será necesario notar y enseñar distintamente las partes de que consta y sus diferencias. La Iglesia, pues, tiene principalmente dos partes, la una se llama triunfante y la otra militante. La triunfante es aquella resplandeciente y felicísima reunión de espíritus bienaventurados, y de aquellos que habiendo triunfado del mundo, de la carne y del perversísimo demonio, libres ya y seguros de las molestias de esta vida, gozan de la bienaventuranza eterna. Mas la militante es la reunión de todos los fieles que aun viven en la tierra. Se llama militante porque milita en constante guerra contra los más crueles enemigos, que son mundo, demonio y carne.

VI. La Iglesia militante y triunfante son una sola Iglesia.

139. Mas no por eso se ha de creer que existan dos Iglesias, sino que una misma, según dijimos tiene dos partes, de las cuales la una precedió y goza ya de la patria celestial, y la otra va siguiendo cada día hasta que llegando a unirse algún día con nuestro Salvador, descanse en la eterna felicidad.

VII. En la Iglesia militante hay dos clases de hombres, buenos y malos.

140. En la Iglesia militante hay dos clases de hombres, a saber, buenos y malos. Los malos participan también los mismos Sacramentos y profesan la misma fe que los buenos, pero se diferencian de ellos en la vida y costumbres. Los buenos son aquellos que están unidos entre sí, no solamente por la profesión de una misma fe y participación de unos mismos Sacramentos, sino también por el espíritu de la gracia y lazo de la caridad, de los cuales se dice: “Bien conoce el Señor, quiénes son los suyos”351.
Y aun los hombres pueden pensar por algunas conjeturas quiénes son los que pertenecen a este número de buenos, pero de modo ninguno lo pueden saber ciertamente. Y esta es la razón porque debemos pensar que Cristo nuestro Salvador no habló de esta parte de la Iglesia352 que se compone de solos justos, cuando nos remitió a la Iglesia y nos mandó que la obedeciésemos. Porque siéndonos esta parte desconocida y reservada ¿quién podría discernir ciertamente a qué juicio se había de recurrir, y a qué autoridad se debía obedecer? Consta, pues, la Iglesia de buenos y malos, como atestiguan las divinas letras353 y los escritos de los santos varones354, y esto está en lo que se refiere aquello del Apóstol: “Un cuerpo y un espíritu”.

VIII. La Iglesia, es visible y contiene en su seno buenos y malos.

141. Esta Iglesia es visible y se compara a una ciudad puesta sobre un monte, que de todas partes se ve, porque como todos la han de obedecer, es necesario que todos la conozcan. Ni solamente contiene dentro de sí a los buenos, sino también a los malos, según enseña el Evangelio en muchas parábolas. Como al recordarnos que el Reino de los cielos, esto es la Iglesia militante, es semejante a la red echada en el mar; o al campo en que sobre el grano se sembró la cizaña; o a la era en que el grano está mezclado con la paja; o a las diez vírgenes, parte fatuas, parte prudentes. Pero aun mucho antes se deja ver también la figura y semejanza de la Iglesia en el Arca de Noé en la cual no sólo estaban contenidos los animales limpios sino además los inmundos.
Mas, aunque la fe católica enseña verdadera y constantemente que los buenos y los malos pertenecen a la Iglesia, con todo, según las mismas reglas de la fe se ha de explicar a los fieles que es muy diferente la condición de unos y otros, porque los malos están en la Iglesia así como la paja suele estar en la era mezclada con el grano, y a la manera como los miembros vivos suelen algunas veces estar con otros varios muertos, unidos al mismo cuerpo.

IX. Quiénes están fuera de la Iglesia militante.

142. De lo dicho se sigue que solamente tres clases de hombres están fuera de la Iglesia. Primeramente los gentiles, después los herejes y cismáticos, y finalmente los excomulgados. Los gentiles, porque nunca estuvieron dentro de ella, ni la conocieron jamás ni participaron de sacramento alguno en compañía del pueblo cristiano. Mas los herejes y cismáticos porque desertaron de ella, y así no pertenecen a la Iglesia, sino como los desertores al ejército que desampararon. Bien que no por eso se ha de negar que dejen de estar bajo la potestad de la Iglesia, la cual los llama a juicio, castiga y excomulga. Por último los excomulgados están fuera de la Iglesia, porque arrojados por ella de su seno, no pertenecen a su comunión hasta que se enmienden. Pero no se debe dudar que todos los demás hombres por perversos y malvados que sean aun perseveran dentro de la Iglesia. Y esto se ha de enseñar continuamente a los fieles, para que se persuadan ciertamente, que si sucediere haber en la Iglesia prelados de vida desedificante, con todo están dentro de ella, y por eso nada se les quita de su autoridad.

X. Varios significados de la palabra Iglesia.

143. Algunas veces el nombre de Iglesia suele también significar solas sus partes, como al nombrar el. Apóstol la Iglesia de Corinto355, la de Galacia356, la de Laodicea357, y la de Tesalónica358, y aun llama Iglesias a las familias particulares de los fieles; porque manda saludar a la Iglesia doméstica de Frisca y Aquila359, y en otro lugar dice: “Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila con su doméstica Iglesia”. Y en este mismo sentido usa de esta voz escribiendo a Filemón360.
Otras Teces el nombre de Iglesia significa sus Prelados y Pastores: “Si no te oyere el hermano a quien corriges, dice Cristo, denúnciale a la Iglesia”361, por cuyo nombre se designan los prelados eclesiásticos. También se llama Iglesia al lugar donde se reúne el pueblo para oír la palabra de Dios362 y celebrar los oficios divinos. Pero en este artículo lo que se significa principalmente por el nombre de Iglesia, es la muchedumbre de todos los fieles buenos y malos, y no sólo los prelados, sino además los que deben obedecerles.

XI. La primera nota de la Iglesia es ser una.

144. Igualmente, han de manifestarse a los fieles las propiedades de esta Iglesia, pues por ellas se puede conocer cuán grande beneficio hayan recibido de Dios los que han tenido la dicha de nacer y educarse en ella. La primera nota, según el Símbolo de los Padres, es el ser una. “Una es, dice, mi paloma, una es mi perfecta.”363. Se llama una tan gran muchedumbre de hombres y tan extensamente esparcida por el mundo, por aquellas causas que el Apóstol escribe a los de Éfeso: ―Que es uno solo el Señor, una fe, y uno el Bautismo”364. Y también porque es uno solo su director y gobernador, el cual en lo invisible es Cristo, a quien el Padre eterno puso por cabeza sobre toda la Iglesia365, que es su cuerpo; y en lo visible es el que como legítimo sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, gobierna la silla de Roma.

XII. Qué hemos de pensar del Romano Pontífice, cabeza visible de la Iglesia.

145. Acerca de esto fue sentencia común de todos los Padres, que esta cabeza visible fue necesaria para establecer y conservar la unidad de la Iglesia, como lo vio y escribió clarísimamente San Jerónimo contra Joviniano por estas palabras: “Elíjese uno para que constituida la cabeza, se quite la ocasión de cisma”.
Y a Dámaso escribe: “Vaya fuera la envidia, apártese la ambición de la cumbre romana. Hablo con el sucesor del pescador, y el discípulo de la cruz. Yo que a ninguno sigo por primero sino a Cristo, me junto en comunión con vuestra Beatitud, esto es con la Cátedra de Pedro. Sobre esa piedra sé que está, edificada la Iglesia. Cualquiera que comiere el Cordero fuera de esta casa, es profano, y el que no estuviere en el arca de Noé, perecerá reinando el diluvio”. Mucho antes había probado lo mismo San Ireneo y San Cipriano, el cual tratando de la unidad de la Iglesia dice: “Habla el Señor Pedro: Yo, Pedro, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre uno edifica la Iglesia, y aunque después de su Resurrección de a todos los Apóstoles Igual potestad y diga: Así como el Padre me envió, así envío yo a vosotros: recibid el Espíritu Santo; con todo eso para manifestar la unidad, dispuso con su autoridad el origen de la misma unidad, que comenzase desde uno”. Opiato Milevitano dijo: ―No se te puede atribuir a la ignorancia, sabiendo tú que en la ciudad de Roma se dio primeramente la cátedra episcopal a Pedro, y que él la rigió como cabeza de todos los Apóstoles, para que en sólo él venerasen todos la unidad de la cátedra y no se apropiasen los demás Apóstoles cada uno la suya, de suerte que fuese ya cismático y prevaricador, el que contra la única Cátedra colocase otra”. Después San Basilio escribió de este modo: “Pedro fue colocado por cimiento de la Iglesia, porque dijo: Tú eres Cristo, Hijo de Dios vivo”, y oyó, en retorno, que él era piedra. Más aunque era piedra, no lo era como Cristo, porque Cristo es verdaderamente piedra inmoble, pero Pedro lo es por virtud de aquella piedra. Porque Cristo Dios comunica sus dignidades a otros: es Sacerdote y hace Sacerdotes; es piedra, y hace a otros piedras, y así comunica lo que le es propio a sus servidores.” Finalmente, San Ambrosio dice: “Grandes son los dones y beneficios de Dios para con nosotros, pues no solamente nos retornó las cosas que habían, sido nuestras, mas también nos concedió las que son propias suyas.” Y poco después prosigue: “Grande es por cierto la gracia y generosidad de Cristo, que comunicó a sus discípulos casi todos sus títulos. Yo soy, dice, la luz del mundo. Y aun este nombre de que El se gloria, dio a los discípulos diciendo: Vosotros sois la luz del mundo. Yo soy pan vivo. Y todos nosotros somos un pan. Yo soy vid verdadera. Y a ti dice: Te planté cual la más fértil y verdadera vid. Piedra es Cristo, pues bebían de la espiritual piedra que los seguía, y esta piedra era Cristo. Y no negó aún la gracia de este nombre a su discípulo, sino le concedió que también él fuese Pedro por la sólida constancia y firmeza de piedra que mostró en su fe.”

XIII. La Iglesia necesita de cabeza visible366.

146. ¡Si alguno objetara que la Iglesia contenta con una cabeza y esposo, que es Jesucristo, no desea ni necesita otra cabeza, pronta está la respuesta: porque a la manera que Cristo Señor siendo no solamente Autor, sino también íntimo Ministro de todos los sacramentos (porque El es quien bautiza, y el que absuelve )y no obstante esto instituyó a los hombres por ministros externos de todos ellos, del mismo modo aunque él gobierna por íntimo espíritu la Iglesia, puso con todo, al hombre por vicario y ministro de su potestad sobre toda ella. Porque como la Iglesia visible necesita de cabeza visible, de tal modo colocó nuestro Salvador a Pedro por cabeza y Pastor de todo género de fieles, cuando en los términos más absolutos le encargó apacentase sus ovejas, que determinó que quien le sucediera, tuviese perfectamente la misma potestad de regir y gobernar toda la Iglesia.

XIV. Otras razones porque la Iglesia se llama una.

147. Además de esto, según dice el Apóstol a los de Corinto, uno mismo es el espíritu que comunica la gracia a todos los fieles, así como una misma alma da vida a todos los miembros del cuerpo. Y exhortando él mismo a los de Éfeso a guardar esta unidad les dice: “Vivid solícitos en guardar la unidad del espíritu con el lazo de la paz; sed un cuerpo y un espíritu”367. Porque así como el cuerpo humano consta de muchos miembros, y a todos da vida una misma alma, la cual comunica vista a los ojos, oído a las orejas, y otras varias propiedades a otros sentidos, del mismo modo el cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia se compone de muchos fieles. Una es también la esperanza a que todos hemos sido llamados, como en el mismo lugar asegura el Apóstol368, pues todos esperamos una misma cosa que es la vida bienaventurada y eterna. Y finalmente una es la fe que todos hemos de guardar y mostrar: “No haya cisma entre vosotros”369, dice el mismo Apóstol. Y uno el bautismo, que es el sacramento de la fe cristiana.

XV. Segunda nota de la Iglesia que es ser Santa.

148. La segunda propiedad de la Iglesia es ser Santa, lo cual nos enseñó el Príncipe de los Apóstoles, cuando dijo: “Mas vosotros linaje escogido, gente santa”370. Y se llama santa por estar consagrada y dedicada a Dios, porque de este modo también las demás cosas, aunque sean corporales, acostumbran llamarse santas, después que ya se destinaron al culto divino.
De esta suerte eran en la ley antigua los vasos371, vestidos372 y altares, y aun los primogénitos que se dedicaban al altísimo Dios373, fueron llamados santos. Ni debe alguno maravillarse de que la Iglesia se llame Santa aunque contenga en sí muchos pecadores, porque a la manera que cuantos profesan alguna arte retienen el nombre de tales artífices aunque no observen las reglas del arte, así también se llaman santos los fieles374 que componen el pueblo de Dios y que se consagraron a Cristo por la fe y el bautismo, aunque pequen en muchas cosas, y no cumplan lo que prometieron. Por esto San Pablo llamó santificados y santos375 a los de Corinto, no obstante que entre ellos había algunos a quienes reprendió severamente de carnales, y aun con otras más duras expresiones. Igualmente se ha de llamar Santa la Iglesia, porque está unida como cuerpo a su santa cabeza, Cristo Señor, fuente de toda santidad, de quien recibe los dones del Espíritu Santo y las riquezas de la divina bondad.
Maravillosamente San Agustín, interpretando aquellas palabras del Profeta: ―Guarda, mi alma porque soy santo”376, dice: “Atrévase también el cuerpo de Cristo, atrévase también aquel solo hombre que clama desde los confines de la tierra, a decir con su cabeza, y sujeto a ella: santo soy; porque recibió la gracia de la santidad, y la gracia del Bautismo, y el perdón de los pecados”.
Y poco después: ―Si todos los cristianos y fieles bautizados en Cristo se vistieron de Cristo, según el Apóstol que dice: “Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis vestido de Cristo”377 ; si se han hecho miembros del cuerpo de Cristo, y dicen que no son santos hacen injuria a Cristo su Cabeza, cuyos miembros son santos‖. En fin la Iglesia es santa, porque sola ella ofrece a Dios verdadero y legitimo sacrificio, y sola ella tiene el saludable uso de los Sacramentos, por los cuales como por medio de unos eficaces instrumentos de la divina gracia, realiza Dios la verdadera santidad de los fieles, de modo que ninguno que sea verdaderamente santo, pueda estar fuera de la Iglesia. Y así es manifiesto que la Iglesia es santa, y lo es en verdad por ser cuerpo de Cristo que la santifica y cuya sangre la purifica.

XVI. Por qué la Iglesia se llama Católica.149

149. La tercera propiedad de la Iglesia es llamarse Católica, esto es universal. Y se le atribuyó con verdad este título, porque como dice San Agustín: ―Se extiende desde el Oriente hasta el Occidente con el resplandor de una sola fe. Porque no se limitó la Iglesia a los términos de un solo reino, ni concretó a una sola clase de hombres como las repúblicas humanas, y las sectas de los herejes, sino que abraza en el seno de su caridad a todos los hombres, ya sean bárbaros, ya Escitas, ya siervos, ya libres, ya hombres, ya mujeres. Por lo cual está escrito: “Nos redimiste para Dios por medio de tu sangre a nosotros, gente de todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones, y nos hiciste participantes del reino de nuestro Dios”378.
De la Iglesia habla también David, cuando introduce al Padre Eterno hablando con su Hijo de este modo: ―Pídeme, y te daré las naciones por tu herencia, y los términos de la tierra por tu posesión‖379. Y en otro lugar: ―Yo haré memoria de Raab y de Babilonia, que saben de mi”. Y luego: ―El hombre nació en ella”380. Además de esto, todos los fieles que profesan la verdadera fe, que ha habido desde Adán hasta el día presente, y que habrá hasta el fin del mundo, pertenecen a esta misma Iglesia, que está fundada sobre el fundamento de los Apóstoles y Profetas381, los cuales fueron colocados y asentados sobre aquella piedra angular, Cristo, que de ambos pueblos hizo uno382, y anunció la paz, tanto a los que estaban cerca de Dios, como a los que estaban lejos. También se llama Iglesia universal, porque todos cuantos desean conseguir la salud eterna, deben abrazarla y retenerla, del mismo modo que debieron entrar en el arca y permanecer en ella los que no quisieron perecer en el diluvio. Y así esta nota se ha de tener por regla certísima para distinguir la Iglesia verdadera de la falsa.

XVII. De qué modo la Iglesia de Cristo se llama Apostólica.150

150. Conocemos también la verdad de la Iglesia por su origen, que trae desde los Apóstoles, después de manifestada la gracia. Porque su doctrina es una verdad, no nueva, ni recién nacida, sino enseñada desde los Apóstoles, y propagada por todo el mundo. De donde se sigue indudablemente que las impías voces de los herejes están lejos de la fe que profesa la verdadera Iglesia, la cual desde los Apóstoles hasta hoy se ha predicado siempre. Por eso a fin de que todos conociesen cuál es la verdadera Iglesia, los Padres añadieron por divino impulso al Símbolo la palabra Apostólica. Y a la verdad el Espíritu Santo que preside en la Iglesia, no la gobierna por otro género de ministros, que por los Apóstoles. Este Espíritu primeramente se dio a los Apóstoles, y después por la suma benignidad de Dios siempre ha permanecido en la Iglesia.

XVIII. La Iglesia no puede errar en lo relativo al dogma y a la moral383.

151. Así como ésta única Iglesia no puede errar al proponer la doctrina dogmática y moral, ya que la gobierna el Espíritu de Dios, así es necesario que todas las demás que se apropian el nombre de Iglesia incurran en errores muy perniciosos en orden a la fe y costumbres, como gobernadas por el espíritu del diablo.

XIX. Con qué figuras especialmente fue prefigurada la Iglesia en el antiguo Testamento.

152. Por cuanto las figuras del antiguo Testamento son en gran manera poderosas para mover los ánimos de los fieles, y para recordar muy dulces y agradables misterios, que fue la causa principal porque los Apóstoles las usaron, no dejarán los Párrocos de explicar esta parte de doctrina que trae grandes utilidades.

Entre estas figuras384 una de las más significativas fue el Arca de Noé, la cual por ordenación de Dios se fabricó para designar la Iglesia, con tanta propiedad que no puede quedarnos duda alguna sobre esto. Porque de tal modo fundó Dios la Iglesia, que todos los que entraren en ella por el Bautismo, pueden estar libres de todo peligro de muerte eterna, pero los que estuviesen fuera de ella, pereciesen sepultados en sus maldades, como les sucedió a los que no se acogieron al Arca. Otra figura es aquella gran ciudad de Jerusalén, por cuyo nombre las Escrituras denotan frecuentemente la santa Iglesia. Porque así como en sola aquella era licito ofrecer sacrificios a Dios, así en sola la Iglesia y jamás fuera de ella, se halla el verdadero culto y el verdadero sacrificio que pueda agradar a Dios.

XX. Por qué pertenece a los artículos de la fe el creer la Iglesia de Cristo.

153. Últimamente se ha de enseñar acerca de la Iglesia, por qué razón pertenece a los artículos de la fe que creamos nosotros la Iglesia. Pues aunque cualquiera conoce y ve por sus ojos que hay en la tierra una Iglesia o Congregación de hombres que están dedicados y consagrados a Cristo Señor, ni parezca haber necesidad de la fe para creer esto, pues ni los judíos ni los turcos lo dudan; mas aquellos misterios que se encierran en este artículo de la Santa Iglesia de Dios, según parte de ellos se han declarado ya, y parte se explicarán en el Sacramento del Orden, solamente puede creerlos el humano entendimiento ilustrado por la fe, y no por vía alguna de razones humanas. Y así, por cuanto este artículo entendido en este sentido no menos excede la capacidad y alcance de nuestro entendimiento que los demás, por eso confesamos con mucha razón, que no conocemos por fuerzas humanas, sino que sólo miramos con los ojos de la fe el origen, los dones, las prerrogativas, excelencias y dignidad de la Iglesia.

XXI. Cuáles y cuántas cosas se nos manda creer que hay en la Iglesia.

154. No fueron los hombres los fundadores de esta Iglesia, sino el mismo Dios inmortal que la edificó sobre una firmísima piedra385, según el Profeta que dice: ―El mismo Altísimo la fundó‖386. Por esto se llama ya heredad de Dios387, ya pueblo de Dios388. Ni la potestad que recibió es humana, sino dada por gracia divina. Por lo cual así como no se puede alcanzar por fuerzas naturales, así sólo por la fe, y no por luz natural sabemos que la Iglesia tiene las llaves del reino del cielo389, que se le dio potestad de perdonar los pecados, de excomulgar (6)390 y de consagrar el verdadero Cuerpo de Cristo391 ; como también que los ciudadanos que habitan en ella, no tienen aquí ciudad permanente sino que buscan otra venidera392.

XXII. Oreemos en Dios, pero no en la Iglesia, sino la Iglesia.

155. De tal modo creemos en las tres Personas de la Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo que colocamos en ellas nuestra fe. Pero ahora variando la forma de decir, profesamos que creemos la Santa, mas no En la Santa Iglesia, para que aún por este diverso modo de hablar se distinga Dios Creador de todas sus criaturas, y confesemos como recibidos de su bondad divina todos aquellos esclarecidos dones que se ha dignado conceder a su Iglesia.

XXIII. De la última parte de este artículo: La Comunión de los Santos.

156. La Comunión de los Santos. Escribiendo San Juan Evangelista a los fieles sobre los misterios divinos, alegó esta razón del por qué los instruía en ellos: “Para que también vosotros hagáis compañía con nosotros, y nuestra compañía sea con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”393. Esta compañía consiste en la Comunión de los Santos, de que en este artículo se trata. Y ojalá imitasen los prelados en su explicación el desvelo de San Pablo394 y demás Apóstoles: por que además de ser ella una exposición del artículo precedente y una doctrina de copiosos frutos, declara también cuál deba ser el uso de los misterios que se contienen en el Símbolo, pues todos ellos se deben investigar y entender, a fin de que seamos admitidos en esta tan grande y dichosa compañía de los Santos, y una vez admitidos perseveremos en ella constantísimamente, dando gracias a Dios Padre que nos hizo dignos de participar la suerte de los Santos por la luz de la fe.

XXIV. En qué consiste la Comunión de los Santos.

157. Primeramente se ha de enseñar a los fieles que este artículo es como una explicación del precedente en el cual confesamos una Santa Iglesia Católica. Porque como es uno solo el Espíritu Santo que la rige, esta unidad hace que todo cuanto ella ha recibido sea común a todos. Y así a todos los fieles pertenece igualmente el fruto de todos los Sacramentos con los cuales se enlazan y unen con Cristo, como con unos sagrados lazos, y mayormente con el Bautismo que es como puerta por donde entramos en la Iglesia. Y que por esta comunión de los santos se deba entender la comunión de los Sacramentos, lo dan a entender los Padres en el Credo por aquellas palabras: “Confieso un solo Bautismo”. Al bautismo se sigue primeramente la Eucaristía, y después todos los demás sacramentos, pues aunque todos ellos causan esta unión juntándonos con Dios, y nos hacen participantes de su ser por la gracia que recibimos en ellos, con todo, es más propio de la Eucaristía, la cual más particularmente hace esta comunión.

XXV. En la Iglesia hay participación de merecimientos.

158. También se debe considerar otra comunión que hay en la Iglesia. Esta consiste en que todo cuanto uno merece por las obras de virtud y santidad, pertenece a todos, pues la caridad, que no busca sus intereses, hace que a todos interese. Esto se prueba por el testimonio de San Ambrosio, quien exponiendo aquel lugar del Salmo: “Yo soy participante de todos los que te temen”, dice así: “A la manera que decimos que el miembro es participante de todo el cuerpo, así también lo es el que está junto como miembro con todos los que temen a Dios. Por lo cual, cuando Cristo nos ordenó el modo de orar, quiso que dijéramos: el pan nuestro, no mío, y todo lo demás a este modo, mirando no solamente por nosotros, sino por la salvación y utilidad de todos”.
También, las santas Escrituras declaran muchas veces esta comunicación de bienes que hay en la Iglesia con la muy propia semejanza de los miembros del cuerpo humano. Porque en el cuerpo hay muchos miembros, y con todo, constituyen un solo cuerpo, en el cual no todos ejercen un mismo oficio, sino cada uno el suyo propio. Ni todos son igualmente dignos y útiles, ni se ocupan en oficios igualmente honrosos, ni está dedicado cada uno a la propia utilidad, sino todos a la utilidad y beneficio del cuerpo. Además de esto, todos ellos están tan enlazados y unidos entre sí, que si uno solo padece algún dolor, todos por el parentesco y conformidad natural lo experimenten. Y si al contrario está uno muy fuerte y vigoroso todos se alegran. Lo propio sucede en la Iglesia: pues aunque en ella hay diversos miembros, es a saber varias naciones, de Judíos, gentiles, libres y esclavos, pobres y ricos, mas cuando son bautizados, todos se hacen un cuerpo con Cristo, cuya Cabeza es El395.

Además de esto, cada uno está destinado en esta Iglesia a su propio oficio; porque unos están puestos por Apóstoles396, otros por Doctores, y todos para el bien público, por lo tanto a unos toca presidir y enseñar, y a otros obedecer y sujetarse.

XXVI. Los malos no participan de los bienes espirituales de la Iglesia.

159. Mas de tantas y tan grandes mercedes y bienes que Dios concede a toda la Iglesia solamente gozan los que haciendo una vida verdaderamente cristiana, son justos y amigos de Dios. Pero los miembros muertos, esto es, los hombres esclavos de sus culpas y apartados de la gracia de Dios, aunque no estén privados del beneficio de ser aun miembros de este cuerpo, mas como son miembros muertos, no participan del fruto espiritual que llega a los virtuosos y justos. Bien es Verdad, que por estar aún dentro de la Iglesia, son ayudados por los que viven espiritualmente para recobrar la gracia y vida que perdieron, y perciben algunos frutos de que sin duda alguna están privados los que se hallan fuera de la Iglesia.

XXVII. Las gracias gratis dadas, y todos los demás dones son comunes a toda la Iglesia.

160. Ni solamente son comunes en la Iglesia aquellos dones y gracias que hacen a los hombres justos y amigos de Dios, sino también las gracias gratis dadas, entre las cuales se cuentan la ciencia397, la profecía, el don de lenguas y milagros y otros de esta calidad, los cuales se comunican a veces aún a hombres malos, no para su particular provecho, sino para el bien público y edificación de la Iglesia ; porque la gracia de sanar, por ejemplo, no se da para favorecer aquel que está dotado de ella, sino para salud del enfermo. Finalmente nada posee el hombre verdaderamente cristiano, que no deba juzgar serle común con todos los demás, por lo cual cada uno debe estar pronto y dispuesto para socorrer las miserias de los necesitados. Pues el que está dotado de estos bienes, si viendo en necesidad a su hermano no le socorriere398, convencido está enteramente de que no habita en él la caridad de Dios. Siendo, pues, esto así, es bastante manifiesto que gozan de cierta felicidad quienes están en esta comunión, y que de veras pueden decir con David: “Oh cuán amados son tus tabernáculos, Señor, Dios de las virtudes. ¡Codicia y desfallece mi alma, deseando las moradas del Señor! Y ¡bienaventurados, Señor, los que moran en tu casa!”399.

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341 “Si quid autem alterius rei quasritis, in legitima Ecclesia poterit absolvi.” Act., XIX, 39.
342 “Odivi Ecclesiam malignatium et cum impiis non sedebo.” Psalm., XXV, 5.
343 “Si autem tardavero, ut scias quomodo oporteat te in domo Dei conversari, quae est ecclesia Dei vivi, columna et firmamentum veritatis.” I, Tim., III, 15. I
344 “Ego dico tibi quia tu es Petrus, et super hane petram aedificabo ecclesiam meam, et portae inferi non praavalebunt adversum eam.” Matth., XVI, 8.
345 “Amen, amen, dico vobis : qui non intrat per ostium in ovile ovium, sed ascendit aliunde, ille fur est et latro. Qui autem intrat per ostium, pastor est ovium.” Joan., X, 1, 2.
346 “Despondi vos uni viro virginem castam exhibere Christo.” II, Corint., II, 2.
347 “Viri, diligite uxores vestras, sicut et Christus dilexit Ecclesiam.” Ephes., V, 25.
348 ―Sacramentum hoc magnum est; ego autem dico I in Christo et in Ecclesia.‖ Ephes., V, 32. I.
349 “Dedit caput supra omnem eeclesiam, quae est corpus Ipslus, et plenitudo eius, qui omnia in omnibus adimpletur.” Ephes., I, 22.
350 “Qui nunc gaudeo in passionibus pro vobis, et adimpleo ea qua? desunt passionum Christi, in carne mea, pro corpore eius, quod est ecclesia.” Coloss., I, 24.
351 gCognovit Dominus qui sunt eius.h II. Tim. II, 19.
352 gSi non audierit eos: die ecclesiae.h Matth., XVIII, 17.
353 gCuius ventilabrum in manu sua: et permundabit aream suam: et congregabit triticum suum in horreum, paleas autem comburet igni inextingulbili.h Matth., III, 12. gIn nomine Domini nostri Jesu Cristi, congregatis vobis et meo spiritu, cum virtute Domini nostri Jesu tradere huiusmodi satanae in interitum carnis, ut spiritus salvus sit in die Domini nostri Jesu Christi.h I, Corint, V, 4, 5. gIn magna autem domo non solum sunt vasa aurea, et argentea, sed et lignea, et fietilia: et quaedam quidem in honorem, quaedam autem in contumeliam.h II, Tim., II, 20. 354 gNos fatemur in Ecclesia et bonos et malos esse, sed tamquam grana et paleam. Aliquando qui baptizatur a grano, palea est: et qui baptizatur a palea, granum est.h
San Agustin. In Joannem.
San Agustin, en el Tratado 6, ‹ sobre el Evangelio de San Juan, se expresa del siguiente modo: \Atended, hermanos mios muy amados, considerad, tened muy entendido que toda la Iglesia universal extendida por todo el orbe, es una era asi de buenos como de malos, de justos y pecadores, como de cizana y trigo, como llena de paja y grano..
San Pedro Damiano en el Sermon 3T, nos dice terminantemente: \Este rebano de la santa Iglesia recibe a los cabritos con los corderos; mas, como dice el Evangelio, cuando viniere el juez separara a los buenos de los malos, como el pastor separa las ovejas de los cabritos..
San Gregorio en la Homilia XIX, ensena que: \Aquella pesca en la cual especialmente se manda echar la red, designa a la presente Iglesia, la cual reune a los buenos juntamente con los malos..
El mismo Santo afirma en la Homilia XXIV: \He aqui que la misma calidad de los convidados claramente demuestra, que por estas bodas del rey, se senala la presente Iglesia, en la que los malos se reunen con los buenos..
En la sesion VI del Concilio Tridentino, canon 28, fue condenada la herejia siguiente:
Si alguno dijere que aquel que tiene fe sin caridad no es cristiano, sea excomulgado.. Finalmente el Papa Pio VI condeno como heretica la siguiente proposicion del Sinodo de Pistoya: Aquella doctrina que propone a la Iglesia como si hubiese de ser considerada como un cuerpo mistico formado con Cristo cabeza y los fieles que son sus miembros, mediante una union inefable con la cual maravillosamente constituimos con el un solo sacerdote, una sola victima, un solo adorador perfecto de Dios Padre en espiritu y verdad; entendida en este sentido, que al cuerpo de la Iglesia no pertenezcan sino los fieles que son perfectos adoradores en espiritu y verdad: es heretica.. Error condenado por el Papa Pio VI en la Constitucion gAuctorem fideih, del dia 28 de agosto de 1794.
355 “Ecclesiae Dei, quae est Corinthi.” I, Corint, I, 2.
356 “Qui mecum sunt omnes fratres, ecclesiis Galatias.” I, Galat, I, 2.
357 “Facite ut et in Laodieensium ecclesiae legatur.” Coloss., IV, 16.
358 “Paulus, et Siiranus, et Timotheus, ecclesiae Thessalonicensium.” I, Thess., I, 1. 359 “Salutate Priscam et Aquilam adiutores meos in Christo Jesu, et domesticam ecclesiam eorum.” Horn., XVI, 3, 4.
360 “Philemoni dilecto, et ecclesiae, quae in domo tua est.” Philem., I, 2.
361 “Si te non audierit, die Ecclesiae.” Matth., XVIII, 17.
362 “Primum quidem convenientibus vobis in ecclesiam.” I, Corint, XI, 18.
363 “Una est columba mea, perfecta mea.” Cant., VI, 8.
364 “Unus Dominus, una fides, unum baptisma.” Ephe., IV, 5.
365 “Et omnia subjecit pedibus elus: et ipsum de dit caput supra omnem ecclesiam, quae est corpus ip sius.” Ephes., I, 22.12.
366 \No queremos dejar ocasion tan propia como la presente para trasladar aqui algunas de las definiciones de la Iglesia en las que se confiesa y ensena la Infalibilidad del Romano Pontifice, cuando habla como supremo Maestro de la Iglesia catolica en lo relativo al dogma y a la moral. “La primera condicion de salud, es guardar la regla de la recta fe. Y por cuanto no puede menos de verificarse la sentencia de Jesucristo Senor nuestro, que dice: Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia. Estas palabras han sido comprobadas por los efectos, puesto que en la Sede Apostolica la religion catolica se ha conservado siempre pura, y ha sido celebrada su santa doctrina. No queriendo, por tanto, nosotros apartarnos en manera alguna de su fe y doctrina, esperamos ser dignos de permanecer en la unica comunion, predicada por la Santa Sede Apostolica, en la que se halla la perfecta y verdadera solidez de la Religion cristiana.. Estas son las palabras de la formula prescrita por el Papa S. Hormisdas el dia 2 de Abril de 517 a los Obispos de Oriente.
367 gSolleciti servare unitatem spiritus in vinculo pacis: unum corpus et unus spiritus.h Ephes., IV, 34.
368 “Sicut vocati estis in una spe vocationis vestrse.” Ephes., IV, 4.
369 “Idipsum dicatis omnes, et non sint in vobis schismata.” I, Corint., I, 10. En el Concilio II de Lión los griegos confesaron: ―La Santa Iglesia Romana tiene sobre toda la Iglesia católica el sumo y pleno primado y principado, que junto con la plenitud de potestad, sincera y humildemente reconoce haber recibido del mismo Señor el Bienaventurado Pedro, príncipe o jefe de los apóstoles, del cual es sucesor el Romano Pontífice; y así como éste tiene mayor obligación que los demás de defender la fe, así también deben ser definidas por su juicio cualesquiera cuestiones que acerca de la fe se suscitaren.‖
370 “Vos autem genus electum, gens sancta.” I, Petr., II, 9.
371 “Vasa quoque sancta.” Num., XXXI, 6.
372 “Faciesque vestem sanctam Aaraoni fratri tuo in gloriam et decorem.” Exod., XXVIII, 2.
373 “Primogenitum filiorum tuorum redimes.” Exod., XXXIV, 19.
374 “Omnibus qui sunt Romae, dilectis Dei, vocatis Sanctis”. Rom., I, 7.
375 “Ecclesiae Dei qua; est Corinthi, santificatis in Chisto Jesu, vocatis Sanctis”. I, Corint, I, 2. El Concilio Florentino se expresa así: ―Asimismo definimos que la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice es verdadero Vicario de Jesucristo, cabeza de toda la Iglesia, y Padre y Doctor de los cristianos, y que a él fué dada en el Bienaventurado Pedro por nuestro Señor Jesucristo plena potestad de apacentar, regir y gobernar la Iglesia universal.‖ Finalmente, he aquí cómo se expresa el Concilio Ecuménico del Vaticano en la sesión IV, celebrada el día 18 de julio de 1870: ―Por tanto, Nos, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida desde el comienzo de la fe cristiana, y para gloria de Dios Salvador nuestro, exaltación de la Religión católica, y salud de los pueblos cristianos, con aprobación del sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma revelado por Dios: Que cuando el Romano Pontífice habla ex cátedra, es decir, cuando ejerciendo el cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, define en virtud de su Apostólica suprema autoridad que una doctrina sobre fe y costumbres debe ser profesada por toda la Iglesia, mediante la divina asistencia que le fué prometida en el Bienaventurado Pedro, está dotado de aquella infalibilidad que el divino Redentor quiso que poseyera su Iglesia en el definir la doctrina sobre fe o costumbres, y por consiguiente, que estas definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas, no por el consentimiento de la Iglesia.‖ ―Si alguno osase, lo que Dios no quiera, contradecir a esta nuestra definición; sea excomulgado.‖
376 “Custodi unimam meam, quoniam sanctus sum.” Psalm., LXXXV, 2.
377 “Quotquot in Christo baptizati estis, Christum induistis.” Rom., VI, 3.
378 “Redemisti nos Deo in sanguine tuo ex omni tribu, et lingua, et populo, et natione, et fecisti nos Deo nostro regnum.” Apoc, V, 9.
379 “Postula a me, et dabo tibi gentes, haereditatem tuam, et possesionem tuam, terminos terrse.” Psalm., II, 8.
380 “Memor ero Rahab, et Babylonis scientium me. Homo natus est in ea.” Pslm., LXXXVI, 4.
381 “Superaedificati super fundamentum apostolorum et prophetarum.” Ephes., II, 20. 382 “Ipse est pax nostra, qui fecit utraque unum.” Ephe., II, 14.
383 En el esquema sobre la constitución dogmática de Eccl. Christi del Concilio Vaticano se lee lo siguiente: ―Aprobándolo el sagrado y universal concilio, enseñamos y declaramos que el don de infalibilidad, el cual como perpetua prerrogativa de la Iglesia de Cristo ha sido revelado, ni debe confundirse con el carisma de inspiración, ni tiende a que la Iglesia se enriquezca con nuevas revelaciones; le ha sido concedido para conservar y afirmar la palabra de Dios, ya sea escrita o recibida por tradición, íntegra y libre de la corrupción de novedad y mutación en la universal Iglesia de Cristo.‖
384 Además de las figuras que aquí recuerda el Catecismo, los santos Padres nos hablan de otras muchas. San Agustín dice: ―Duerme Adán, para que sea formada Eva; muere Cristo, para formar la Iglesia. Mientras duerme Adán, se forma Eva de su costado; muerto Cristo, su costado es herido con la lanza para que manasen los sacramentos con los que se forme la Iglesia. ¿quién no ve en aquellos hechos realizados la figura de lo que se había de hacer?‖ Trac. 9 in Joann., 41-67. San Martín de Lión nos habla de otros tipos de la Iglesia: ―La Santa Iglesia desde el principio del mundo fué mostrada de antemano con figuras y enigmas, a saber: en la costilla de Adán, en la justicia de Abel, en la esterilidad de Sara, en la construcción del tabernáculo, en la edificación del templo, en la confesión de la reina del Austro, y prefigurada en muchas otras cosas.‖ Serm. 4 in nat. Domini, n. 22.
385 “Tu es Petras, et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam.” Matth., XVI, 18. 386 “Ipse fundabit earn Altissimus.” Psalm., LXXXVI, 5.
387 “Postula a me, et dabo tibi gentes haereditateni tuam.” Pealm., II, 2.
388 “Salvum fac populum tuum Domine.” Psalm., XXVII, 9.
389 “El tibi dabo claves regni coelorum.” Matth., XVI, 19.
390 “Tradere huiusmodi satanae in interitum carnis.” I, Corin., V, 5.
391 “Hoc facite in meam commemoratiotiem.” Luc, XXII, 19.
392 “Non enim habernus hic manentem civitatem, sed futuram inquirimus.” Hebr., XIII, 14.
393 gUt et vos societatem habeatis nobiscum, et societas nostra sit cum Pater, et cum Filio eius Jesu Christo.h I, Joan, I, 3.
394 gSicut enim in uno corpore multa membra habemus, omnia autem membra non eumdem actum habent: ita multi unum corpus sumus in Christo, singuli autem alter alterius membra.h Rom., XII, 4, 5. gSicut enim corpus unum est, et membra habet multa, omnia autem membra corporis cum sint multa, unum tamen corpus sunt: ita et Christus.h I, Corint., XII, 12. gVeritatem autem facientes in charitate, crescamus in illo per omnia, qui est caput Christus: ex quo totum corpus compactum, et connexum per omnem iuncturam subministrationis, secundum operationem in mensuram unius cuiusque membri, augmentum corporis facit in aedificationem sui in charitate.h Ephes., IV, 15, 16. San Juan Crisostomo dice sobre la comunion de los santos: \Nosotros somos los pies, mas los martires son la cabeza. Pero no puede la cabeza decir a los pies: no necesito de vosotros. Hay miembros mas gloriosos, cuya excelencia no les hace extranos a la union que tienen con las demas partes. Ya que entonces se hacen mas gloriosos cuando no se oponen a la union que tienen con nosotros. Y asi el ojo, que es la parte mas resplandeciente del cuerpo, entonces conserva su gloria cuando no se separa del cuerpo. .Y que digo de los martires? Si el mismo Senor no se avergonzo de hacerse nuestra cabeza, con mucha mas razon ellos no se averguenzan de ser miembros nuestros, pues tienen muy arraigada la caridad. Ahora bien; la caridad suele unir lo separado, ni se preocupa mucho de la dignidad.. Mom. in s. Romanum M, n. 1. Ex S. Joann. Chrisos.
395 gEt ipsum dedit caput supra omnem ecclesiam.h Ephes., I, 22. gEt ipse est caput corporis ecclesiae.h Coloss., I, 18.
396 “Et ipse dedit quosdam quidem apostolos, alios autem pastores et doctores.” Ephes., IV, 11.
397 ―Así el uno recibe del Espíritu Santo el don de hablar con profunda sabiduría: otro recibe del mismo Espíritu el don de hablar con mucha ciencia. A este le da el mismo Espíritu una fe o confianza extraordinaria, al otro la gracia de curar enfermedades por el mismo Espíritu. A quien el don de hacer milagros, a quien el don de profecía, a quien discreción de espíritu, a quien don de hablar varios idiomas, a quien el de interpretar las palabras.‖ I, Corint., XII, 8, 9, 10.
398 ―Quien tiene bienes de este mundo, y viendo a su hermano en necesidad, cierra las entrañas para no compadecerse de él: ¿cómo es posible que resida en él la caridad de Dios?‖ I, Joan., III, 17. ―Caso que un hermano o una hermana estén desnudos y necesitados del alimento diario, de qué les servirá que alguno de vosotros les diga: Id en paz, defendeos del frío y comed a satisfacción, si no les dais lo necesario para reparo del cuerpo?‖ Jacob., II, 15, 16.
399 ―¡Cuan dignas de amor son vuestras moradas, Señor de los ejércitos!, mi alma suspira y desfallece por los atrios del Señor.‖ Psalm., LXXX, 2. ―Bienaventurados, Señor, los que moran en vuestra casa.‖ Psalm., LXXXIII, 5.
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