SAN JERÓNIMO DE ESTRIDÓN


gero

Hoy es fiesta de una de las mayores figuras de la historia de la Iglesia: San Jerónimo de Estridón, Doctor de la Iglesia.

Por eso, me ha parecido oportuno traer aquí en enlace la obra inmortal de uno de nuestros mejores escritores en español, injustamente olvidado en nuestros días, aunque no es inferior a un Cervantes, o a una santa Teresa de Jesús.

Estoy hablando de Fr. José de Sigüenza, monje de la misma Orden de san Jerónimo, y que escribió la vida de su santo fundador, como modelo y espejo en que pudieran mirar y aprender los religiosos de su Orden cual era el verdadero espíritu de su Instituto y el de la Iglesia, por lo que conviene sea leída por todos los cristianos, especialmente en estos tiempos de general y diabólica desorientación.

Vida de San Jerónimo

No voy a relatar aquí la vida del santo, que sería cosa de nunca acabar, sólo indicaré, torpe y desmañadamente, algunos temas en que la palabra y la acción de este santo ha venido a ser de pasmosa actualidad para nosotros.

Por ejemplo:

– En estos tiempos en que casi todos los que se dicen católicos pertenecen de hecho a una falsa iglesia que ya no es la Iglesia Católica, es bueno recordar que no es la primera vez que una situación como esta se da en la historia de la Iglesia Militante. En tiempos del santo dálmata, él mismo refiere cómo casi toda la jerarquía eclesiástica, y con ellos buena parte de los correspondientes fieles (los que no rompieron la comunión con unos herejes) estaban fuera de la Iglesia, “y el orbe se asombró de encontrarse arriano de la noche a la mañana”.

Y sin embargo, no fueron ellos los que triunfaron, sino los católicos.

– En estos tiempos en que vemos al Papado despreciado y envilecido a manos tanto de los herejes palmarios como Bergoglio, o por las subversivas, falsas y en muchos casos heréticas doctrinas de algunos que se proclaman en público grandes defensores de esa Santa Sede, aquí tenemos a san Jerónimo, acérrimo propugnador de la Primacía e infalibilidad de Pedro viviente en sus sucesores, como ya han podido comprobar, por ejemplo, en el post Los Padres papólatras, aunque por otra parte, no le dolieran prendas en elevar la voz cada vez que era necesario para la corrección de los abusos.

– En estos tiempos en que el cardenalato se ve igualmente humillado y envilecido, con las lenguas de los herejes pidiendo nada menos que suabolición, (como si no fuera de institución mediatamente divina), e incluso imaginan conferirlo a personas que por ley divina natural y positiva no pueden ejercer jurisdicción eclesiástica alguna, vemos cómo, a despecho de los perversos sucesores de Erasmo, san Jerónimo realmente fue cardenal de la Santa Iglesia Romana, conferido por su gran amigo el Papa español san Dámaso, madrileño, que creó especialmente para él una Iglesia titular conocida bajo la advocación de San Lorenzo “In Dámaso”, que todavía existe.

– En estos tiempos en que el clero ha perdido hasta tal punto la brújula, que ya no es capaz de saber cuales son los caracteres esenciales de la clericatura, sus deberes primero que sus derechos, ahí tienen a san Jerónimo, renuente a recibir la ordenación, sabedor de la enorme responsabilidad que pesa sobre los hombros del clero, pues como decían nuestros antepasados “Omni bono a clero, et omni malo a clero”. En las manos de los clérigos está todo lo que pueda ocurrir a las personas y las sociedades. Si son fieles a sus deberes, en primer lugar, la celebración digna y fervorosa de la Misa y del Oficio Divino, llamarán sobre los pueblos a su cargo infinidad de bendiciones, y alejarán de ellos otra infinidad de males, aun los aparentemente inevitables, como los desastres naturales. Pero si hacen lo contrario, se abandonan a la molicie, la desidia, cuando no al vicio y a la herejía, se harán entonces responsables de los pecados de los pueblos, e incluso de las desgracias temporales que los aflijan.

– En estos tiempos, en que esa primera y más esencial obligación de los clérigos, la celebración diaria, diurna y nocturna, de la integridad del Oficio Divino, solemne y despaciosamente cantado en el Coro, con toda la extensión, belleza, cuidado y propiedad posibles, de la que pende todo el resto de la vida del mundo,que ha desaparecido casi del todo, vemos a san Jerónimo distraerse de sus eruditos trabajosescriturísticos, sobre los que tanto habría que hablar, y por especial encargo del Papa san Dámaso, y por ende, muy cualificadamente asistido por el Espíritu Santo, va a componer el Liber Commicus, es decir, la sucesión de las Lecciones, Epístolas y Evangelios que se van a cantar en las Misas de la mayor parte del año. Y no contento con ello, va a establecer la estructura esencial, el esqueleto de ese mismo Oficio Divino que desde entonces reza la Iglesia Romana, y junto con ella, la mayor parte de las Iglesias del Orbe. Ese orden de los salmos, en parte ya revelado por Dios a través de los ángeles, será como canonizado y codificado muchos siglos más tarde por otro santo Papa, san Pío V, quien declaró solemnemente que el Breviario Romano que él establecía, con la ordenación esencial que le dio san Jerónimo, debía ser considerada como el verdadero y normativo Oficio de la Iglesia Romana, siendo las posibles alteraciones posteriores írritas y no conformes con la voluntad de los fundadores de la Iglesia Romana, san Pedro y san Pablo.

– En estos tiempos en que la virtud es causa de vergüenza, mientras el vicio reina supremo, y organiza cabalgatas del orgullo nefando, ahí tienen a san Jerónimo,

ayunador y penitente durante toda su vida, como en tantas obras de arte lo ha representado la Iglesia, en el desierto de Siria, hiriéndose el pecho con una piedra, en reparación y expiación de sus pecados y el de tantos otros.y fustigador de los excesos de refinamiento de los cristianos de su tiempo, e incluso de clérigos y monjes.

– Hablando de Siria, es un santo sanamente ecuménico, que une en sí a Oriente y Occidente, el Patriarcado de Antioquía, primera sede de Pedro, con el Patriarcado de Roma, definitiva Sede de Pedro.

– En estos tiempos en que ese país y los cristianos que todavía viven en él se ven tan grave como injustamente amenazados, no sobra el recurrir a los méritos de ese gran santo para que ayude y proteja e esa región que él llegó a conocer y amar tan profundamente.

– En estos tiempos en que la vida religiosa, esencial para la Iglesia, se halla en agonía, porque ya no se recuerda el proverbio antiguo: “Los ángeles son los maestros de los monjes, y éstos, de los demás hombres”, ahí tenemos a san Jerónimo, fundador de monasterios de uno y otro sexo, cerca de la cueva de Belén, que brillaron con enorme luz de perfección evangélica, y luego, merecieron la palma del martirio, bajo la cimitarra muslímica que hoy, por nuestros pecados, vuelve a amenazarnos.

– En estos tiempos en que hombres y mujeres ya no saben lo que son, y en que pretenden ser lo que por naturaleza les está vedado, ahí tenemos a san Jerónimo, para nada feminista (como alguno/a lo calificó), pero sí sana y católicamente amante del “devoto femíneo sexu”, capaz de arrastrar a mujeres tan impresionantemente valiosas como una santa Paula y su hija santa Eustoquium, entre muchas otras, y hacer que se convirtieran en discípulas aventajadas de tal maestro, sin que jamás se les ocurriera pedir para ellas la clericatura.

– En estos tiempos de general afeminamiento del sexo masculino, y en que parece que lo evangélico es callar ante las mayores atrocidades y atentados contra Dios y sus leyes, ahí tenemos a san Jerónimo, epitómico ejemplo de que lo cortés no quita lo valiente, y de que las polémicas y controversias, incluso muy enérgicas y vehementes, si son llevadas con verdadero Amor de la Verdad, con no fingida caridad hacia los oponentes, y humildad para reconocer los propios límites y posibles equivocaciones, siempre ha sido algo muy provechoso en la Iglesia, como lo vemos en las que sostuvo con el gran san Agustín, en que no se sabe qué admirar más, si el despliegue de erudición y sabiduría, o el de verdadera caridad y humildad entre esos dos atlantes de la Iglesia.

– En estos tiempos en que vemos cómo un bufón como Bergoglio pretende hacerse simpático a la indigna plebe con fingida humildad, sencillez y caridad, san Jerónimo se convirtió, precisamente en la España que se adelantó un siglo a la reforma que el Concilio de Trento operaría en toda la Iglesia, en modelo de cristiano, de clérigo, de monje, de prelado y de erudito verdaderamente católico, como así lo representa, todo ello junto, El Greco, en un impresionante retrato que pone en escena el ideal exactamente contrario al Francisco de las JMJ brasileñas.

– Mucho más debería extenderme, pero por no cansar al lector, sólo recordaré aquí que esa Orden de san Jerónimo que nació en Belén, fue resucitada en España, de modo realmente admirable y como milagroso, por la profecía de un santo religioso terciario franciscano, llamado Tomasuccio de Siena, o de Foligno, que adelantó que el Espíritu Santo bajaba sobre España, para despertar al león de san Jerónimo, que llevaba muchos siglos durmiendo.

Y así como salió certísima esa profecía, también sabemos que saldrá igual de cierta esta otra:

Profecía del digno pastor

VISTO EN: AMOR DE VERDAD

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